No he visto mariposas por aquí: dibujos y poemas de los niños de Terezín.


"Próxima y no perdida quedaba, en medio de todo lo perdido, una sola cosa: la lengua. Ella no estaba perdida, no, a pesar de todo. Pero debía atravesar aún su propia falta de respuestas, atravesar un terrible enmudecimiento.”
--
Paul Celan “Discurso de Bremen”


La Historia, trapos,
sumergidas banderas, barras
rotas, anegadas estrellas bajo
la deyección.

Alguien tenía que morir sin término.
¿Qué víctima?

¿y por qué
fue ésta y quién los eligió
no queriendo saber que el acto de elegirlos
era aún más
obsceno que la muerte?
¿Por qué nosotros?, dicen
simplemente los muertos.

Aún.
¿Quién llora
que no puede llorar
desde los cuencos secos?

Fragmento del poema Hibakusha de José Ángel Valente

--

Terezín: foto de algunos niños

Durante la ocupación nazi, la antigua fortaleza de Terezin a 60 kilómetros de Praga, fue convertida en ghetto judío y en instrumento propagandístico nazi que trató de exhibirla al mundo como balneario para personas ancianas y luego como asentamiento judío modelo. En realidad, era la antesala a campos de exterminio como Auschwitz.
La tasa de mortalidad del ghetto era muy alta y decenas de miles no lograban siquiera llegar vivos al “traslado”. A pesar de ser un lugar de paso, se organizaron talleres y se hicieron grandes esfuerzos para mantener vivo el ánimo. De mano de la artista y maestra Frield Diker Brandejsovà y de otros grandes artistas que pasaron por allí, los niños dejaron fluir su mirada y su expresión.

En dos valijas sobrevivieron cientos de poemas y dibujos que fueron rescatados al final de la guerra y donados al museo de Praga. Los niños también intuían el final que les esperaba y trataron de plasmar -con un candor que hiere- la atmósfera que impregnaba todo. Algunos dibujos y poemas me han conmovido especialmente. Por la Dra E. Kubler-Ross, algo sabía acerca de las mariposas que los más pequeños dibujaban en las paredes de los barracones de los campos de exterminio con cualquier objeto que tuviesen a mano: un trozo de carbón, la hebilla de un cinturón. Como carecían de conceptos para expresar esos sentimientos, aquellos niños plasmaron la proximidad de la muerte en dibujos de orugas que se transformaban en mariposas.

Los dibujos y poemas de Terezín con sus trazas truncas y su caligrafía temblorosa parecen casi una respuesta anticipada a ese “escribir después de Auschwitz” que planteara Adorno.

Esta entrada como homenaje a esos artistas que pintaron, escribieron y cantaron ajenos a cualquier pretensión, como un gesto de resistencia y belleza en medio del horror. Acompaña la nana Wiegala compuesta por Ilse Weber quien permaneció en Terezín hasta su deportación a Auschwitz, donde junto a su pequeño Tommy y su marido fueron asesinados el 6 de octubre de 1944. Ilse trabajó como enfermera. En Terezin, aparte de artistas e intelectuales, malvivían gran número de ancianos y muchos niños. Ilse componía poemas y nanas que cantaba, acompañándose por una guitarra, a los niños y ancianos enfermos y agonizantes. Dar consuelo con la voz. Interpreta esta nana de Terezín la mezzosoprano sueca Anne Sofie Von Otter.



No he visto mariposas por aquí

La última, precisamente, la última.
De un amarillo tan brillante.
Quizás si las lágrimas del sol
tocarán la piedra blanca...
tan, tan amarilla
volaba, se movía ligeramente hacia lo alto
se fue, seguramente quería dar al mundo
un beso de despedida.
Hace siete semanas que vivo aquí
encerrado en este ghetto
pero he encontrado a mi gente aquí
me llaman las florecillas
y la blanca rama del castaño del patio.
No he visto más mariposas.
Aquella fue la última.
Las mariposas no viven aquí,
En el ghetto.

Pavel Friedmann
Deportado al Ghetto de Terezín el 28/4/1942
Deportado de Terezín a Auschwitz el 29/9/1944



Pequeño jardín.
Lleno de rosas y perfumes.
La senda es estrecha
y un niño camina por ella.

El niño es pequeño, hermoso,
como un botón.
Cuando el botón florezca
el niño no existirá.
--
Franta Bass- 04/09/1930- 28/10/1944





Terezin


Esta mugre en las sucias paredes,
alambradas a todo alrededor,
Y 30.000 almas que duermen
Que alguna vez despertarán
Y verán su propia sangre derramada.

Una vez fui un niño,
Hace tres años.
Un niño que ansiaba otros mundos.
Ya no soy un niño,
Porque he visto el dolor.
Ahora soy un adulto,
He conocido el miedo.
Palabras sangrientas y un día muerto,
Es algo diferente de un espantajo.

De cualquier forma, yo creo que hoy sólo duermo,
Que volveré a ser niño otra vez.
Volveré a mi niñez suave como una rosa silvestre,
Como una campana que nos despierta de un sueño.
Como una madre que al niño enfermo
Lo ama con todo su corazón;
Qué horrible juventud que espía
al enemigo, a las cuerdas de la horca,
qué horrible niñez que en su seno dirá:
este para los buenos, ese para los malos.

Allá en la lejanía, donde la niñez duerme dulcemente,
A lo largo del sendero entre los árboles,
Allá en la casa que un día fuera mi orgullo y mi alegría,
En el jardín, entre las flores, donde mi madre me trajo al mundo.

Si pudiera llorar...

A la luz de las bujías al lado de mi cama
yo duermo y quizás alguna vez comprenda
que era una criatura sumamente pequeña
tan pequeña como esta canción.

Estas 30.000 almas que duermen allá
entre los árboles despertarán
abrirán sus ojos, y como verán muchas cosas
se dormirán de nuevo...


Escrito por Hanus Hachenburg nacido el 12.7.1929. Deportado al ghetto de Terezín el 24.10.1942. Deportado a Auschwitz el 18.12.1943. Después de medio año en el campo, murió en julio de 1944 (a los 15 años) en la cámara de gas.



http://www.youtube.com/watch?v=ktKQmOPP1lo

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Wiegala, wiegala, weier,
der Wind spielt auf der Leier.
Er spielt so süss im grünen Ried,
die Nachtigall, die singht ihr Lied.
Wiegala, wiegala, weier,
der Wind spielt auf del Leier.

Wiegala, wiegala, werne,
der Mond ist die Laterne,
er steht am dunklen Himmelszelt
und Schaut hernieder auf die Welt.
Wiegala, wiegala, werne,
der Mond is die Laterne.

Wiegala, weigala, wille,
wie ist die Welt so stille !
Es stört kein Laut die süsse Ruh,
schlaf, mein Kindchen, schlaf auch du.
Wiegala, wiegala, wille,
wie ist die Welt so stille !

--

[Wiegala, wiegala, weier,/ el viento toca la lira. / Toca dulcemente entre los juncos verdes./ El ruiseñor canta su canción./ Wiegala, wiegala, weier,/ el viento toca la lira.// Wiegala, wiegala, werne,/ la luna es una linterna/ en el fondo negro del firmamento,/ desde allí mira el mundo./ Wiegala, wiegala, werne, / la luna es una linterna.// Wiegala, wiegala, wille,/ ¡qué silencioso está el mundo!/ Ni un solo ruido turba la paz,/ tú también, mi pequeño, duerme./ Wiegala, wiegala, wille,/ ¡qué silencioso está el mundo!]

..

..

Yaiza Martínez: dos poemas de El hogar de los animales Ada

Niños en el tiempo, 1933. Nicolás de Leukona


Antes de la religión
dentro era afuera

hilandera del azar
misericordiosa
fina trenza de concatenaciones
misericordiosa
inmensidad que nos alberga
entre sus brazos oscuros

a manos llenas
disposición

Luego el abrigo ajado de la mujer que baja la calle al final
de una guerra
trastabillando
ante la inminencia del semen
sus labios estremecidos y amoratados

Me mira con grietas desde el ruido de sus tacones
en la calle sólo existen ella
y su gusto
por el hambre

Sin separar los labios
mastico la verdadera unión

escupo luz
bajo la tapa

ante los ojos de todos




La fortaleza del jardín
columnas leñosas

me hace prometer un albergue en el poema
al que mira

digo

no tengo más que la luz del hueso

Es cierto que hay un enjambre de cadáveres
alrededor del río
estampados en la voz
hablan los muertos

no sabemos si seguirlos
o vivir

satisfaciendo a la forma

Sólo la luz
entrelaza
los dedos de ambas manos

El poema es la expiación
de la carne que aparece

Los escucho asentir en el rumor
del viento entre las hojas


Del libro El hogar de los animales Ada, Editorial Devenir 2006.


"Es así como el poema se convierte en expiación, según reza el título de esta última parte. La palabra, esa búsqueda de una geometría de la vivencia de la madre-araña, ha de redimirnos de nuestro ser caído, tenemos lenguaje porque nada es perfecto, pero lo tenemos también para saber y para curarnos de las heridas.
Si todo el libro habla de la palabra como el lugar donde realmente tiene lugar la vivencia, la última parte es fundamentalmente metapoética, es una toma de conciencia pero también un bálsamo para aceptar la caída: "¿Quién cantará // dolor atragantado?" (p. 67). La ciudad es ahora el símbolo de la palabra truncada, de la palabra que chirría: "cataratas de chatarra" (p. 57), pero que revela una verdad en su chirriar; allí la palabra sirve sólo para gritar al otrEl poema debe expiar todas estas actitudes violentas y de exclusión.
El poema es entonces, se nos dice, albergue, el lugar de la luz, pero también una petición de perdón por el mal del mundo, por cierta mala conciencia de engendrar: el poema es la expiación de la carne que aparece, es génesis, caída, pero también cumplimiento, porque en el espacio donde no hay poema, donde sólo hay el caos y urdimbre de líquenes cegadores allí sólo somos niños perdidos (pp. 69-70).o (p. 59), y no para susurrarle, ni mucho menos para dormirle"

Fragmentos sobre el libro El hogar de los animales Ada.



Yaiza Martínez

Poeta y narradora, Yaiza Martínez es Licenciada en Filología Hispánica (UCM).
Libros de poesía: Rumia Lilith (2001), El hogar de los animales Ada (Editorial Devenir, 2007) y Agua (Ediciones Idea, 2008).
Es también autora de la novela Las mujeres solubles (Lulu.com, 2008). Poemas suyos han aparecido en diversas publicaciones como El signo del gorrión, Vera, Los noveles o ABC Cultural. Ha traducido El Señor de Ballantrae de R. L. Stevenson (2005) para la editorial Marenostrum. Ha ejercido la crítica literaria en la revista Reseña.
En la actualidad es traductora y redactora-jefe de la revista de Ciencia y Humanidades Tendencias21.

http://www.tendencias21.net/literaria

El cuerpo y la muerte en Alejandra Pizarnik- Javier Gil Martín




Como bien señaló su amiga Marta Isabel Moia en una entrevista, en la poesía de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) hay una serie de palabras recurrentes, ella las llama signos y emblemas, sobre las que la poeta volvía obsesivamente como noche, errancia o jardín, pero dentro de éstas hay dos que no señaló y que la propia Pizarnik le recuerda en la entrevista. Ambas son claves para acercarse a la forma de entender el hecho poético de la autora argentina; cuerpo y muerte: “Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos”.

Y es que esa búsqueda del cuerpo del poema, esa escritura del cuerpo como la de su amigo Severo Sarduy, recorre toda su obra: “Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir”, escribió Alejandra Pizarnik en “El deseo de la palabra”, un poema perteneciente a su último libro, El infierno musical. Y su obra y su vida son un ejemplo de esa voluntad de romper la distancia entre la vida y la poesía que la acerca a otros grandes poetas muy admirados por ella: “...el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el precoz silencio de Rimbaud, o la vida y obra de Artaud... Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado —o querido anular—, la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida”, dice en un artículo dedicado a su admirado Antonin Artaud. Y en una anotación de su diario de 1962 escribe: “Deseos de escriturarme, de hacer letra impresa de mi vida. Instantes en que tengo tantas ganas de escribir que me vuelvo impotente. Digo escribir por no decir cantar o bailar, si se pudieran hacer estas dos cosas por escrito. El lenguaje me desespera en lo que tiene de abstracto.”.

La tentativa de hacer el cuerpo del poema con mi cuerpo llega a verse reflejada incluso a la hora de componer el poema: “...lo hago de una manera que recuerda, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo; cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo es como un llamado ritual”. En este texto también se trasluce otra de sus grandes pasiones; la pintura.



La chanca de Carlos Pérez Siquier

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Dada la obsesión de la argentina con la mortalidad, y entendiendo así la poesía, la muerte, necesariamente ha de ser una presencia casi corpórea. Dice la muerte hablando con la niña sobre la reina loca en el cuento A tiempo y no, donde la muerte es un personaje más: “No le hagas caso —dijo la muerte—, está loca. ¿Y cómo no va a estarlo si es la reina loca? —dijo la niña. Siempre divaga sobre lo que no tuvo. Lo que no tuvo la atragantaba como un hueso —dijo la muerte.”. Podríamos pensar además que la reina loca es un trasunto de la propia Alejandra (como la pequeña muerta, la enamorada del viento, la pequeña viajera, la ausente, la silenciosa en el desierto...).

Una obsesión con la muerte vinculada a un anhelo de infinitud insaciable que reaparece obsesivamente en sus diarios: “No hay duda. Estamos heridos. El signo de la carencia. Soy —somos— carencia.”, y que se manifiesta también en una búsqueda continua (o espera) de un amor imposible que ella misma sabe irrealizable: “Pero lo principal, el núcleo de mi proyecto, es así: esperar con esperanza algunos años en los que nada importará salvo ese encuentro desde ya declarado imposible”.

Si bien es verdad que es fácil caer en la tentación de asociar las muchas muertes de los libros de la poeta con su muerte real (Alejandra Pizarnik murió en Buenos Aires en 1972 a causa de una sobredosis de barbitúricos), no debemos olvidar que, como dice Frank Graziano, sólo nombra la muerte que sufrió Pizarnik como autora, como personaje de su propia ficción, cualesquiera que fuesen las intenciones específicas de Pizarnik como persona. El problema son quizá sus diarios, donde la muerte es nombrada infinidad de veces y el componente biográfico es incuestionablemente mayor.


Artículo y selección de poemas de Javier Gil Martín para la revista Adiós

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La petite fille aux feuilles mortes, Edouard Boubat, 1947

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SILENCIOS

La muerte siempre al lado.
Escucho su decir.
Sólo me oigo.

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Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Los trabajos y las noches (Sudamericana, Buenos Aires, 1965)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)

VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA

Esta lila se deshoja.
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.

Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Extracción de la piedra de la locura (Sudamericana, Buenos Aires, 1968)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)
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INFANCIA

Hora en que la yerba crece
en la memoria del caballo.
El viento pronuncia discursos ingenuos
en honor de las lilas,
y alguien entra en la muerte
con los ojos abiertos
como Alicia en el país de lo ya visto.


Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Los trabajos y las noches (Sudamericana, Buenos Aires, 1965)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)


la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

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Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De El árbol de Diana (Sur, Buenos Aires, 1962)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)


Tres poemas de Alejandra Pizarnik

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La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.



Cold in hand blues

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo



Dibujo de Alejandra


COMO YO LA QUERÍA
Morir como muere un animal pequeño
en los cuentos para niños.

Eso tan terrible.
Lleno de hermosura.

-
Alejandra Pizarnik

--

Dos poemas de Rubén Martín

Parkeharrison



POR todas partes máquinas;
ninguna luz proviene
de sí misma. Más allá de los días
y las noches construyen otro tiempo,
oculto, inaccesible; en todas partes
máquinas que laten
sus compases distintos. Aquí, también mis ojos
escriben en los tuyos algo
que no puedo leer, y que nos sustituye:
nos convierte en caminos,
raíles donde avanza la perfección del círculo.

Pero donde hay asombro, hay esperanza.



--
De Radiografía del temblor, Renacimiento, 2006





LA ANTÁRTIDA comienza aquí. En su piel,
en sus pupilas. La caricia
desmembrada en fibra óptica, polímero,
filamento en estratos. La curva de sus labios
congelados en una hermosa ausencia
de expresión: de una espera infinita
todo puede surgir, nos dicen.

---------------------------------Todo.

----------------------------------------La blancura
------silente del glaciar, la perfección desnuda
del intercambio en códigos binarios. Iris artificiales:
en ellos no hay preguntas
ni respuestas, tan sólo una marea detenida
en el instante puro del naufragio,
en el umbral herido que separa la célula del plasma, la frontera
entre el silicio y el carbono, crisálida de mares por
---------nacer.

-----------Pandora empieza aquí.

---------------------------Un centenar de hombres
miden cada nanómetro del cuerpo,
diseñan conexiones neuronales, trenzan vasos sanguíneos
a prueba de descargas microeléctricas,
reviven la obsesión de Hans Bellmer como una sola mente colectiva,
----exploran sus confusos corredores,
la atraviesan en sueños solitarios de dominio y sumisión
en los que si te acercas a un espejo
– si te acercas demasiado – llegarás a una buhardilla
en 1934, olor a yeso y pegamento,
pasos amortiguados por densas capas de papel
y estopa, restos de anatomías mutiladas:
piernas, torsos, ombligos, anos, bocas,
fallidos cuerpos que te llevan hacia el rincón oscuro
donde Ella te espera.

----------------------La coges de la cintura,
y bailas.

-----------------Soy sólo una muñeca,
-----------------puedes hacer de mí lo que te plazca.
-----------------Puedo ser una niña o puedo
-----------------ser una madre, o no ser
-----------------nada para ti. Mis ojos son espejos
-----------------mi carne es el silencio
-----------------entre dos golpes. Y en lo que no te digo
-----------------está lo que te digo,
-----------------y en lo que no te hago está lo que hago

-------------------------------------------Un susurro
-------de colmenas celulares
te devuelve a la blancura, la asepsia
del laboratorio. Extirpas una hilera de cartílago,
la insertas en la incubadora, conectas el biorreactor.
Luz roja intermitente,
señal de anomalía: el recinto de Faraday
falló a las 6:40. Información intrusa.
--
--
(De Metamorfosis uno, en preparación)





Rubén Martín (Granada, 1980) fue miembro del consejo editorial de Contra Tiempo y ha publicado poemas y artículos en revistas como Salamandria, Re:Viste, Oniria, Parnaso o Mester de Vandalía. Ha sido seleccionado en las antologías Andalucía Poesía Joven (Plurabelle, 2004) y Poesía por venir (Renacimiento, 2004). Sus poemas han aparecido asimismo en publicaciones colectivas como Agua (en colaboración con la fotógrafa Llanos Gómez) y Palabras sobre palabras (Asociación Cultural La Tertulia, 2003) y en la plaquette monográfica Interferencias (la misma editorial, 2003).
Ganador del certamen Andalucía Joven de 2006, Radiografía del temblor (Renacimiento, 2007) es su primer libro de poemas.

Prólogo y traducción del libro Poemas a la muerte, Emily Dickinson de Bartleby Editores.

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El poeta que no cesa-Homenaje a Miguel Hernández en León 7 y 8 de Mayo



El poeta que no cesa
Homenaje a Miguel Hernández (1910-1942)
León - 7 y 8 de Mayo - 2010
~ ~ ~

1ª Jornada

Viernes 7 de mayo
20.00 horas:
Inauguración:
Antonio Gamoneda, Lupe Gómez y Laura Giordani (poetas), Josep Pérez i Tomàs (Universidad Miguel Hernández de Elche) y Evelia Fernández (Concejala de Cultura).
Presenta: Eloísa Otero.
Lugar: Ayuntamiento de León. Salón de los Reyes. Plaza de San Marcelo.


2ª Jornada

Sábado 8 de mayo
10:00-12.00 horas:
Taller de Poesía Visual
En el marco de la Exposición de Miguel Hernández,
a cargo de Tomás Salvador González.
Lugar: Ayuntamiento de León. Plaza de San Marcelo. Sala de Exposiciones.

12:15 horas:
Ponentes:
Tomás Sánchez Santiago, José Luis Puerto,
Víctor Gómez Ferrer y Antonio Méndez Rubio.
Modera: Eloísa Otero.

Lugar: Ayuntamiento de León. Salón de los Reyes. Plaza de San Marcelo.

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21:00 horas:
Espectáculo Poético Musical
‘El poeta que no cesa’

Cova Villegas (voz)
Chefa Alonso (percusión menuda, saxo soprano)
Ildefonso Rodríguez (saxos y clarinetes)
Javier Iriso (electrónica)
Fernando Urdiales (poemas)
Víctor M. Díez (poemas)
Rosario Granell (danza)
[Con la colaboración del poeta Marcos Ana]
Lugar: IES Juan Del Enzina. Avda. Ramón y Cajal 2. Salón de Actos.

Más información:

http://elpoetaquenocesa.wordpress.com/



El tiempo poético de Gastón Bachelard y tres poemas de Poesía vertical de Juarroz



Lección de vuelo- Parkeharrison


Bachelard distingue dos tipos de temporalidades. Por un lado, existe un tiempo vertical, un tiempo detenido, donde se muestra lo que permanece. Éste se descubre en el poema. Es el tiempo propio de la poesía cuyo fin último es la verticalidad: profundidad o altura. Es donde
el instante poético adquiere un nivel metafísico.

Por otro lado, está el tiempo común y corriente. Un tiempo que fluye horizontalmente como “el agua del río” y como “el viento que pasa”. Tal es el tiempo de la prosodia. Un tiempo que pertenece a un espacio técnico, gramatical, que organiza sonoridades de forma sucesiva.
Se refiere a un razonamiento de tipo explicativo, a lo que hace la prosa amor, la historia de una sociedad o una cultura. Es el tiempo de “la vida que corre, lineal y continua”.

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Laura Giordani- Tinta y Collage

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Por el contrario, el instante poético es complejo en tanto que reúne a los contrarios. Es sorprendente y familiar a la vez, porque se constituye a partir de una relación armónica de los opuestos.

Bachelard precisa aún más algunas características de lo que para él es el tiempo poético como tiempo vertical.

Introduce un nuevo concepto: la idea de que existe un “orden interno” dentro de las simultaneidades. Estas se dan de una manera “ordenada”. Afirma que “el tiempo es un orden y no otra cosa. Y todo orden es un tiempo”
El tiempo vertical, a diferencia del tiempo horizontal que como vimos pertenece al devenir de la vida y del mundo, para que pueda caracterizarse como tal, debe responder a tres órdenes de experiencias sucesivas:
Primero, hay que acostumbrarse a no referir el tiempo propio, individual, al tiempo de los otros, de los demás. Es un tiempo personal independiente de “los marcos sociales”.

Concluye Bachelard: “Toda la horizontalidad llana se borra de pronto. El tiempo no corre. Brota”.

Segundo, hay que acostumbrarse a no referir el tiempo propio, personal, al tiempo del mundo exterior, al tiempo de las cosas, de los objetos o de los acontecimientos. Es un tiempo alejado de “los marcos fenoménicos”.

Tercero, y quizás lo más difícil, hay que acostumbrarse a no referir el tiempo propio, interno, al tiempo de la vida. Es un tiempo que no se rige por “los marcos vitales de la duración”.
Entonces, y sólo entonces, podremos hablar de un tiempo puro, libre de toda referencia. Un tiempo centrado en sí mismo e independiente

Extractado de: "Bachelard:la poesía como intuición del instante"
por Adriana Yáñez Vilalta


Parkeharrison



Tres poemas de Poesía Vertical de Roberto Juarroz

23 – IX

No hay tiempo.
Ya no hay tiempo.
Pero, ¿alguna vez hubo tiempo?

La ilusión de la vida por delante,
se conjuga con el verbo
de la vida por detrás.

Y todo transcurrir no es más que un punto,
quizá un punto extensible
o el revés de ese punto,
porque el tiempo es puntual.
Un punto que a veces se desliza levemente,
como una gota de asombro de la luz
o un inesperado corpúsculo de sombra,
tan sólo para justificar algo parecido a un nivel
en el barómetro casi fijo
que mide la presión imposible de la vida.

O tal vez simplemente
la presión diagonal de lo imposible.



17 - III


Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que pueda prescindir de todo nido.

El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.



Poesía vertical VI - 3


Hay mensajes cuyo destino es la pérdida,
palabras anteriores o posteriores a su destinatario,
imágenes que saltan del otro lado de la visión,
signos que apuntan más arriba o más abajo de su blanco,
señales sin código,
mensajes envueltos por otros mensajes,
gestos que chocan contra la pared,
un perfume que retrocede sin volver a encontrar su origen,
una música que se vuelca sobre sí misma
como un caracol definitivamente abandonado.

Pero toda pérdida es el pretexto de un hallazgo.
Los mensajes perdidos
inventan siempre a quien debe encontrarlos.

Para escuchar este poema:

Poema en audio: Hay mensajes cuyo destino es... (Poesía vertical VI - 3) de Roberto Juarroz por Héctor Rosales




Roberto Juarroz



Gastón Bachelard

La compasiva naturaleza de lo inútil: Quique Falcón y Víktor Gómez para el programa de radio A golpe de luna

Comparto un audio con el diálogo que mantuvieron Quique Falcón y Víktor Gómez para el programa de radio A golpe de luna, emitido en radio Luz y Klara. También van los tres poemas que se pueden escuchar en esta entrevista de dos de los tres poemarios (Huérfanos aún, Los Barrios invisibles y Perfeccione lo inútil a lo inútil) que forman la trilogía En un tiempo de gran orfandad

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A Eva Fernández

Por la precisión
Supe que el tiro
Vino de dentro


Del poemario "Huérfanos aún", libro primero, "El enemigo (Historia dél)"

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No será por vocación de distancia
si la inquietud cava subterráneos
y las vallas no detienen el pulso
“Genealogía de las vallas, 1999” de Arturo Borra

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A Arturo Borra

Horadando, con las uñas.
Orando, con las uñas.
Ando, con las uñas.
O con las uñas
o sigo encerrado en la miseria.

Tarde supe por qué
los poetas no tienen
manos
sino uñas,
no tienen ojos,
sino uñas,
no tienen palabras
sino uñas
que escarban bajo las vallas
para que otros pasen
al otro lado de la miseria.


Del poemario "Huérfanos aún"



Divagación en agosto


Hemos negado la simpleza pero ¿qué es, al fin, la ceniza?.

Y si la ceniza pide su ahora, ¿para qué tanta espada y tanto
miedo, para qué tanta fuerza y tanto robo?.

Vuelva el corazón a la compasiva naturaleza de lo inútil.
Y resista el puño hasta abrirse,
hasta ser la palma donde coman los pájaros extraviados
de agosto.


Del poemario "Perfecione lo inútil a lo inútil"

En este enlace:

http://www.goear.com/listen/62cc828/diã¡logo-quique-falcã³n-y-viktor-gã³mez-

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El corazón

Instalación de Joseph Beuys

En cada pecho hay un sol sepultado
con su pulsación clandestina
su madriguera de temblores
y una confesión de sobrevida
en los labios

En cada pecho una rotura
un hueco
para alojar la verdad
que no soportarían los ojos:
el aleteo de un pájaro lacerado sostiene el mundo

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Laura Giordani

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Para Mariel, que envía trineos de emergencia para transitar veloz el dolor y almendros florecidos como talismanes en el transito.

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Segundo encuentro de Poéticas en Fuga en Valencia con Olvido García Valdés, Chantal Maillard y Juan Carlos Mestre.



Los días 5 y 12 de Febrero, tendrá lugar en el edificio del Vicerrectorado de Cultura de la Universitat de Valencia La Nau, el segundo encuentro de Poéticas en Fuga con la presencia de Olvido García Valdés, Chantal Maillard y Juan Carlos Mestre que se acercarán al público a través de la lectura de otros poetas y el diálogo con los asistentes.

Se intentarán hacer visibles algunas de las tendencias poéticas de América Latina y España en la actualidad.

A finales de 2010, aparecerá una publicación que recogerá los aportes de todos los participantes.


Programa

El encuentro se realizará en dos jornadas con entrada libre y gratuita. Habrá además, a disposición del público, libros de los distintos intervinientes.

La Nau
Vicerectorat de Cultura
Calle de la Universidad, 2
46003 Valencia


Primera Jornada


Viernes 5 de febrero, de 19:30 a 21:30 hs

Tendencias de la Poesía Hispanoamericana actual con nombres propios:
Marcos Canteli, Pedro Montealegre, Enrique Falcón, Ildefonso Rodriguez y Rafael Saravia.

Moderador: Enrique Falcón


Olvido García Valdés acompañada de Antonio Méndez Rubio, Laura Giordani y Eloísa Otero. ---
Moderador: Antonio Méndez Rubio


Olvido García Valdés


Las flores de algunos árboles
recién brotadas
son como caracoles
verdes, árboles invadidos
de infinitos gusanos,
levedad de materia.
Me da miedo la luz,
lo quieto de la luz,
el hueso de tu sien
contra la mía.

¡Olvido García Valdés. De ella, los pájaros.


*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado, los poetas Ildefonso Rodríguez y Eloísa Otero ofrecerán una lectura de sus poemas.



Segunda Jornada: viernes 12 de febrero, de 19:30 h a 21:30 hs
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Chantal Maillard acompañada de Oscar Solsona, Julieta Valero y Esther Ramón.


Chantal Maillard

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Intermedio

Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.

Chantal Maillard, Lógica borrosa




Juan Carlos Mestre, acompañado de Cecilia Quílez, Arturo Borra y Guadalupe Grande.

Moderadora: Esther Ramón.


Juan Carlos Mestre



Los poetas, las putas, los mendigos, los que conocen el mester del alba y saben cosas inútiles que salvan, la línea del abismo, el gesto, las rayas de la mano. Caridad y sabiduría, una misma limosna, un mismo dedal lleno de arañas.
Juan Carlos Mestre de La poesía ha caído en desgracia.


*Con carácter informal, a partir de las 23 hs. En el café El Dorado, las poetas Julieta Valero y Guadalupe Grande ofrecerán una lectura de sus poemas.

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Con el auspicio del Ministerio de Cultura de España


Organiza:

Librería Primado (Miguel Morata)
Asociación Poética Caudal (Víktor Gómez)
Café Cultural El Dorado Espacio MAE (Isaac Alonso y Alicia Martínez)

Himno del desolado de Aníbal Nunez

La ilustre decisión de naufragar




Qué hacer para mostrarse solidario
de la ruina. Arruinarse. No es astuta
la hiedra que derrumba; el viento menos
que echa tejas abajo. El atributo
de la desolación florece, crece:
vida sin colorín que sustituya
donde vida no habrá. Se poda el canto
no para su esplendor, para el embuste
mandado a suplantar. Nazca el asombro
donde no -es invisible la mano, la sonrisa
es norma- quedan brotes de otra especie.





Como la hiedra crezca terco el asombro
y, si abatido, más; hasta un abismo
-de qué hablar a los cómplices- de fértiles,
inútiles lianas: que así la ruina, al menos,
se aniquile dejando a la victoria
el campo libre para sus batallas,
pues nosotros -se suman otras voces-
llegados a este punto hemos tomado
la ilustre decisión de naufragar.


Aníbal Núñez



Aníbal Núñez

Poeta español nacido en Salamanca en 1944.
Estudió Filología Francesa en la Universidad de Salamanca. A pesar de su muerte temprana a la edad de 43 años, dejó una importante obra poética y un gran archivo de traducciones de poetas como Rimbaud, Mallarmé, Nerval, Eugenio de Andrade, Catulo y Propercio, entre otros.
Publicó en vida algunos libros de poemas como «Fábulas domésticas», «Alzado de la ruina», «Taller del hechicero», «Estampas de ultramar» y «Clave de los tres reinos», y dejó inéditos o parcialmente publicados otros como «Cristal de Lorena», «Naturaleza no recuperable», «Cuarzo», «Definición de savia», «Primavera soluble» y «Figuras en un paisaje», que han ido apareciendo después de su muerte.
Su escritos sobre poética, de gran lucidez e inteligencia, son fundamentales para comprender su concepción de la poesía que él mismo definió así: "No creo en una poesía que valga por su mera intención de ser confesión, y sí, en cualquier intervención que se atenga al lenguaje, que renueve la fantasía o la crónica con un previo compromiso con la palabra instrumental".
Falleció prematuramente en 1987.


Ocean rain de Echo and the bunnymen

Caminos del espejo- Alejandra Pizarnik



Alejandra Pizarnik



I


Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.


II

Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.


III

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.


IV

Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.


V

Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.


VI

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.


VII

La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.






VIII

Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.


IX

Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.


X

Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.


XI

Al negro sol del silencio las palabras se doraban.


XII

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.


XIII

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.





XIV

La noche tiene la forma de un grito de lobo.


XV

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.


XVI

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.


XVII

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.


XVIII

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.


XIX

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.


El sobretodo azul


A mi papá

el sobretodo azul que pusiste
sobre los hombros de la muchacha aquella
volvía empapada del interrogatorio
temblando
la mojaban la picaneaban
cada noche
la dejaban junto a tu colchón
con un llanto parecido al de un cachorro
ese gesto a pesar del miedo
a pesar del miedo te sacaste el sobretodo azul
para abrigarla
no poder dejar de darle ese casi todo
en medio del sobretodo espanto
la dignidad puede resistir azul
en apenas dos metros de tela
y en esos centímetros que tu mano
sorteó en la oscuridad hasta sus hombros

sobre todo


Laura Giordani
de Sudestada

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Juego vil- un poema de Luis Pimentel



De este poema del gallego Luis Pimentel, (xogo vil) siempre me intrigó la última palabra: aquéllos, la elipsis que gravita en torno a ese pronombre. Como si el enigma y el peso del poema recayesen ahí justamente. El poeta está evocando los años de la guerra civil española pero siento que podría haber sido escrito en cualquier momento y lugar.
¿Quiénes son aquéllos?



Juego vil

Aquel niño
le pinchaba los ojos
a los pájaros;
y le gustaba ver salir
esa gotita
de aire y de luz,
ese rocío limpio
de mañanitas frescas.

Luego los echaba a volar
y se reía al verlos
chocar contra el muro
de su casa,
con un ruido muy triste.

Creció y fue de aquéllos.

-
-

Anna Ajmátova: el canto y la ceniza




Anna Ajmatova


Poeta rusa nacida en Odessa el 23 de junio de 1889.
Hija de una noble familia de origen tártaro, estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo.
Se casó con Nikolái Gumiliov en 1910, el más sobresaliente escritor del grupo acmeista, con quien viajó por Italia y Francia. Lectora incansable, leía en sus lenguas originales a Baudelaire, Dante, Horacio y Shakespeare.
Durante muchos años fue silenciada por el régimen soviético. Sus poemas se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. A su regreso a Leningrado, en 1944produjo su obra más importante, "Requiem", publicada apenas en 1963. Falleció en Moscú en 1966-

fuente:
A media voz.



Anna Ajmátova, dibujada por su amigo y amante el pintor italiano Modigliani en 1911.



En Diciembre de 1938, su poeta amigo Ossip Mandelstam muere en un campo de prisioneros de Siberia un día en que la temperatura de aquel desierto blanco no subía de los 25 grados bajo cero. Había permanecido varios años en el gulag de Vladivostok, durmiendo en una barraca de madera a través de cuyas rendijas entraba el frío y se congelaban hasta las lágrimas.

En ese mismo año 1938, en Leningrado, Anna Ajmátova se dirigía a la prisión de Las Cruces con sus ropas raídas, su dignidad y su dolor. Desde los veinte años, el hijo de la poeta, a menudo estigmatizada por la Unión de Escritores, y de tanto en tanto rehabilitada, había estado en la diana del terror estalinista. El primer arresto de Lev tuvo lugar en 1933, acusado de terrorismo


“Nos levantábamos como para la misa del alba,/cruzábamos la ciudad embrutecida/ y, más muertas que vivas, nos encontrábamos allí”.
En la dedicatoria de su desgarrador poema “Réquiem”, Ajmátova rinde homenaje a todas aquellas madres y esposas con quienes coincidía a las puertas de la cárcel de Leningrado. En un breve prólogo al poema, Ajmátova recuerda que una de aquellas mujeres le preguntó entre susurros: “¿Y usted puede dar cuenta de esto?” La respuesta fue rotunda: “Puedo”. Durante casi dos años, Ajmátova salía de su lúgubre cuarto en la casa de Nikolái Punin y acudía a la prisión para saber si su hijo seguía vivo.

La poeta que escribió que tendría que “matar la memoria” y “volver de piedra el corazón”



Algunos fragmentos de Réquiem (1935-1940)

No, no estaba bajo un cielo extraño,
ni bajo la protección de extrañas alas,
estaba entonces con mi pueblo
allí donde mi pueblo, por desgracia, estaba.

1961


Prólogo

Eso sucedió cuando sólo sonreía
el muerto, contento de su paz
y como un apéndice inútil, Leningrado
pendía de sus cárceles.
Cuando, locos de dolor,
caminaban en tropel los condenados,
y los silbidos de las locomotoras
cantaban cortas canciones de despedida.
Las estrellas de la muerte se erguían sobre nosotros
y la inocente Rusia se retorcía
bajo unas botas manchadas de sangre
y bajo las ruedas de los negros furgones .



1

Te llevaron al alba,
y fui tras ti como en un entierro.
En el ático oscuro lloraban los niños,
y ante la imagen sagrada se derretía la vela.
En tus labios estaba el frío del icono
y un sudor mortal en tus cejas...¡No lo olvidaré!
Como las viudas de los Streltsy
aullaré bajo las torres del Kremlin.

1935


3

No, no soy yo, sino otra quien sufre.
NO podría soportarlo. Que un velo
negro cubra lo sucedido,
y que se lleven las linternas...
Noche.


5

Diecisiete meses hace que grito.
te llamo a casa,
me arrojé a los pies del verdugo,
hijo mío, horror mío.
todo se ha enturbiado para siempre
y no puedo distinguir
ahora quién es el animal, quién la persona,
cuánto tiempo queda para la ejecución.
Y sólo hay flores cubiertas de polvo
y el tintineo del incienso, y huellas
desde algún lugar a ninguna parte.
Y me mira fijamente a los ojos
y me amenaza con una muerte cercana
una inmensa estrella .

1939



6

Pasan pronto las semanas.
Lo que sucedió, no lo comprendo.
Cómo a ti, hijo, te contemplaron
las noches blancas en la cárcel.
Y cómo de nuevo te contemplan
con su ardiente ojo de gavilán.
Y de tu alta cruz,
y de tu muerte, hablan.

1939


La sentencia

Y cayó la palabra de piedra
sobre mi pecho todavía vivo.
No importa. Estaba preparada.
De alguna manera me las apañaré.

Hoy tengo que hacer muchas cosas:
hay que matar la memoria,
hay que petrificar el alma,
hay que aprender de nuevo a vivir.





El Canto y la Ceniza- Anna Ajmàtova y Marina Tsvietáieva
A través de este enlace del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se puede escuchar la conferencia dada por Olvido García Valdés a propósito de la traducción de ambas poetas rusas al castellano para el libro El Canto y la ceniza de Galaxia Gutemberg. Los primeros minutos de la conferencia están dedicados a la exposición de los pormenores, inquietudes y retos, en torno al trabajo de traducción y luego, lectura de poemas de Marina Tsvietáieva y del Réquiem de Anna Ajmátova. Vale la pena.


http://www.circulobellasartes.com/mt_visor.php?id=257&keyword=olvido+garcia+valdes




La voz de la poeta recitando La Musa.

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La blanca elección de Emily Dickinson



A finales de 1861, con treinta y un años, Emily comienza a vestir de riguroso blanco y a confinarse en la habitación de su casa de Amherst, Massachusetts. La poeta lo llama “la blanca elección” (the white election) que cumplió a rajatabla hasta su muerte, casi veinticinco años después. Además de la negativa tajante a publicar sus poemas.
En los últimos quince años de su vida, nadie en Amherst volvió a verla, excepto algún caminante que pudiera ver su figura vestida de blanco paseando por el jardín de los Dickinson.

"He tenido un extraño invierno: no me sentía bien, y ya sabes que marzo me aturde" (carta a Louise Norcross).

En otra nota de disculpa por no haber concurrido a una cena a la que estaba invitada, dice: "Las noches se hicieron calientes y tuve que cerrar las ventanas para que no entrara el cuco. Tuve también que cerrar la puerta de calle para que no se abriera sola en la madrugada y tuve que dejar prendida la luz de gas para ver el peligro y poderlo distinguir. Tenía el cerebro confundido —aún no he podido ordenarlo— y la vieja espina aún me lastima el corazón; fue por eso por lo que no pude ir a visitarte".

Durante los tres últimos años de su vida no salió siquiera de su habitación, ni siquiera para recibir a su querido Samuel Bowles. El anciano se paraba en la entrada y la llamaba a gritos por la escalera, diciéndole alguna palabra cariñosa. Nunca tuvo éxito en su intento de verla o de cambiar una palabra con ella.

Cuando la primera esposa del escritor Thomas Higginson murió, la poeta le envió esta frase: "La soledad es nueva para usted, Maestro: permítame conducirlo".





para Emily Dickinson

Del otro lado de la noche
la espera su nombre,
su subrepticio anhelo de vivir,
¡del otro lado de la noche!
Algo llora en el aire,
los sonidos diseñan el alba.
Ella piensa en la eternidad.

Alejandra Pizarnik
De ”La última inocencia”, 1956.

Poema 657

Vivo en posibilidades-
morada más hermosa que la palabra-
en ventanas más numerosa-
óptima- en puertas-
en reductos como los cedros-
inexpugnables al ojo-
para un techo imperecedero-
los tejados del cielo-

visitas-las más preciosas-
ocupación- ésta-
extender bien abiertas mis angostas manos
para juntar el paraíso-
--
c. 1862
--
vestido de Emily
Poema 1434

No te acerques demasiado a una casa de Rosa-
la depredación de la brisa
o inundación de rocío
alarman sus muros afuera-

ni trates de atar una mariposa,
ni trepes las barras del éxtasis.
en la inseguridad de la mentira
asegura el júbilo su calidad.

c. 1878



Poema 1451

Cualquiera que desencante
a un solo ser humano
por traición o por irreverencia
es culpable de todo.
Inocente como un pájaro
gráfico como una estrella
hasta una sugestión siniestra
que las cosas no son lo que son-

c. 1878
--

habitación de Emily Dickinson

Poema 280

Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente -
--
y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -
--
y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,
--
como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -
--
y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -
c. 1861

Traducción de la poeta argentina Silvina Ocampo.

A caballo -una monografía de José Viñals

José Viñals
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En Noviembre del 2007 la revista literaria Lunas Rojas dedicaba su número 15 al poeta José Viñals. Un monográfico excelente coordinado por Benito del Pliego y Andrés Fisher que cuenta con apuntes interesantes sobre la poética de Viñals y una antología final. Para leer el monográfico completo:

http://lunrojas.googlepages.com/L_Rn15dist.pdf

Comparto aquí algunos poemas de ese poemario increíble así como olvidado: Entrevista con el pájaro y otros poemas de El tunel de las metáforas. Además la reseña que para el monográfico escribe Antonio Méndez Rubio: Todos los pájaros caídos.






Él degüella…

Él degüella los ojos del potrillito nuevo de la tarde. Su gran cuchillo
de matarife vendimia la uva rubia, temprana y agria en los
racimos estelares.

Con mano oscura pliega el heliotropo de su turbia sombrilla y, con
un peso de tropel de elefantes, la quilla ahumada embiste el
cadáver flotante de la gaviota más blanda que un pañuelo.

Cae el ave fosfórica atravesada por la espadaña de los astros y
muge como un toro recién castrado en los vapores de la orina
y el lodazal amarillento de las voces bestiales acorraladas por
el sueño.

Mi cabeza, pervertida por los deseos, se humilla sin escándalo y
mi lengua, prolija como una alfombra de palacio, viene a servir
de estercolero celebratorio, de crónica asquerosa para el pájaro-
rey defenestrado de su imperial, futuro y dulce sino sobre las
frentes de diamante, cuando el día en penumbras, lleno de edades
y de ruinas, se coma lentamente su mano de langosta.
--

(de Entrevista con el pájaro)



Hay ramas de durazno en la neblina. Aunque resulta extraño, sólo el poeta
es invisible como poeta.
A. Méndez Rubio


Duraznero en flor
--


Melocotón,
también llamado
durazno.
Albaricoque,
también llamado
damasco.
También llamada
agonía.

-
Lentas las piedras
y más lentos los pájaros.
Comienza el mundo
a detenerse.
-
-
-
El sencillo
argumento
de la vida:
libando
ha muerto
el colibrí.
-
-
Son estorbo
las vísceras.
Es estorbo
la orina.
Y la sangre.
Y el alma.
-
-
-
Yo también vi
los cuervos.
No en el trigal,
en el absurdo.
-
-
-
Voy a partir.
Hazme sitio,
caballo,
en tu grupa excelente.
-
-
-
Para cruzar la noche,
el gallo inventa magias.
No puede con su insomnio:
ha visto ya la luz.

(de El túnel de las metáforas)
Todos los pájaros caídos
Antonio Méndez Rubio

Una pregunta pendiente, para José Viñals, que podría ser la primera y también ser la última, pero que en todo caso habría que hacer, sería: ¿Eran canciones, eran canciones lo que rezabas en esa sombra? Por nuestra parte, hay también que decirlo cuanto antes, no sabíamos nada de nada —salvo, quizás, que estábamos cautivos en la rabia por los otros, oprimidos por las miserias de una belleza infranqueable. Pero en esa ignorancia ya estábamos contigo, como ahora. Por eso si seguimos es haciendo preguntas: nos ayudan a reunirnos contigo. Nos puede una sensación de vergüenza.

¿Cómo empezó la costumbre de velar? No es seguro, pero la vimos en tus harapos: la salud de las grietas, el centro más vacío de todos, los letreros de entrada y salida a cada lado de las puertas, nada menos que un cuerpo con hambre entre víveres y con sed en el agua… y aunque hoy fuera tarde volveríamos contigo adonde tú prefieras, no tras de ti, contigo. A fin de cuentas, tú eres quien se aprendió de memoria el desenlace de los asesinos hasta besar los labios que no existen, y llevas ya sin fiebre, en los pliegues del cuello, la señal del amor por todo lo que perdimos.

Pero eso sí, y aunque sea en la garganta, la herencia que nos dejas por escrito, ¿quién la quiere? ¿la hemos oído en verdad casi cumplirse? Apenas si hay registro del gozo de esa noche. Se la podría pensar bajo la forma de una apertura a la vez en el suelo y en el cielo, no lejos del modo insomne con que soñaron Carroll, Lautréamont o Kafka… "Un agujero, eso." Alguien escucharía entonces a José Viñals en el paso de una estación a otra, de una ciudad a otra, ¿verdad? Y ahí colocaríamos sin quererlo el túnel del tiempo que está suspendido de un hilo que arde. Por otra parte, no habría otro sitio libre para poder ponerlo.

Con todo, en esa nocturnidad extendida y común, ¿verdad que es la escritura una forma de insolación? ¿Estás de acuerdo? Ojos afuera, pues, tenías razón: "Nada es visible, ni los exactos límites carnales, ni el sol blanco de invierno, ni
la flor del almendro y su melancolía amortiguada". Y hay además una forma de razón en que esa ceguera sea para ti una versión de la dicha, como quedaba claro en el final de las "Indicaciones": "Después reír, si queda vida". Levantar una choza con los desechos de todas las destrucciones. O una casa de tablas, como elige decir Gonzalo Rojas.

En todo caso, dalo por hecho: se nos sorprendería descalzos, en un alba entregada, a medio camino entre la oscuridad y la conciencia. En la conciencia de la oscuridad, podría también decirse, ¿no es así? Porque la oscuridad tiene conciencia, guarda memoria, pero parece claro a estas alturas que no todos han visto clara la necesidad de asumir ese reto con la certeza del aire que falta. Y menos aún lo ven ni quieren verlo los habitantes de las almenas, los Guardianes Más Propios de la Izquierda —aquellos que cumplen cerca de casi un siglo reproduciendo una noción de compromiso exclusivamente realista, voluntarista, inercial, por no decir autoritaria… Aún tienen corazón de comisario. Se enamoraron de las convenciones, del brillo de esos espejos, y aún se dedican a sepultar con su arrogancia el abandono de Vallejo, la soledad de Holan, la convicción de Larrea: que un poema entra en escena cuando un espejo se rompe. Aún se dedican a echar balones fuera.

Esa ignorancia sí que es atrevida. Tener suerte en la luz es otra cosa. Es la condena a la vulnerabilidad, como así lo atestigua el tapiz de la Madre Póstuma y el Hijo Oscuro. El joven S. Kosovel, que un día los vio caminar solos por la ciudad dormida sobre el frío, lo apuntó en su cuaderno: "he sido expulsado de entre la gente, de las casas, pero sin embargo beso mi cruz".
Desde José Viñals, en fin, la fragilidad es lo que nos convoca a campo abierto, a través de lo que Ashbery llamara la vanguardia invisible: ¿No es cierto, en esos poemas sin culpa, que más que una voz los pronuncia un aliento? ¿No es demasiado poco, para sostener una voz, ese apostar por los desplazamientos mínimos, por el elogio de las miniaturas, por el temblar de la carne aterida, consciente sin límite del efecto-mariposa? Sin voz, de hecho, todos los Obreros de la Canción Alegre, turbios, bajan esta vez de las montañas del mundo para juntarse en torno al apagarse de las luces. Su forja alumbra más allá del hierro. Madrugan. "¿Hay, acaso, maneras más sutiles de morir sin ser visto?" ¿No es irreal la mano que no tiembla? ¿No se confirma entonces el desafío poético y político que sigue oculto en su desaparición?

Es demasiado preguntar, es cierto. Sólo una cosa aún se esperaría: que se nos sorprendiera desbrozando el camino del bosque, preparándolo para un invierno nuevo. Ni con palabras nos bastaría para olvidarnos de eso. Ni mucho menos con la voz. Con aliento en cambio nos compraría cualquier capataz loco, cualquier mercenario venido a menos: es lo que se te adeuda, el final que todavía te debemos. Aliento, de una parte, como en el alentar, la confianza que mueve despacio, que ayudará a respirar, a pasar juntos la jornada de trabajo para llegar con fuerzas a las horas del baile. De otra parte, sin duda, el aliento, revuelto como un soplo, un capricho tan súbito del aire, tan imprevisto y tan sin duración que de él sólo se acuerdan, libres, los pájaros caídos.

Hay ramas de durazno en la neblina. Aunque resulta extraño, sólo el poeta es invisible como poeta.




José Viñals nació en Corralito, Córdoba, Argentina, en 1930. De padres españoles, posee la doble nacionalidad hispano-argentina. Reside en España desde 1979.
Vive en Torredonjimeno, Jaén.
Ha recibido los premios Nacional de Poesía de Villafranca del Bierzo (León, 2000) e Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma (Segovia, 2000).
Ha publicado las siguientes obras de poesía:
Entrevista con el Pájaro (Losada, Buenos Aires, 1968); Cortada para Dios (Losada, Buenos Aires, 1970); Poesías reunidas (Tres tomos. Contiene en versión íntegra, los poemarios Entrevista con el Pájaro, Coartada para Dios, Jaula para Juan, 72 Lecciones de ignorancia, Telón de boca, Doble concierto de laúd y fémur, Alcoholes y otras substancias; (Ayuntamiento de Jaén, 1986); Animales, amores, parajes y blasfemias (7 i mig, Valencia, 1998); El cielo (Ediciones imperdonables, Málaga, 1999); Milagro a milagro (Hiperión, Madrid 2000); Fondo de ojo (Calle del Agua, León, 2000); Transmutaciones (Visor, Madrid, 2000); Animales, amores, parajes y blasfemias seguido de El cielo (Germanía, Valencia, 2000)
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