Cinco fragmentos de "Lantana" (Ejemplar Único) de Daniela Camacho




Lantana de la poeta mexicana Daniela Camacho,
título número 50 de la colección Poética y Peatonal.
25 ejemplares únicos acompañados del trabajo plástico de Gabriel Viñals







Seis


Escúchame, Lantana, al mundo de los vivos aún le aguardan despertares blancos. En él, 
los pájaros se asustan cuando ven a una mujer mecida por el viento, colgada por el cuello 
de algún árbol. Su terror despide olores especiales. Inundan el estómago y las glándulas. 
No te acerques nunca a esas espinas. Cuídate del cuerpo, ya sin inocencia, que mira hacia 
el futuro con rencor, de su ferocidad gregaria y de las cosas sin explicación.

Hay otra igual a ti que se protege de la noche con asombro, que se ampara del olvido con demandas turbias.






Escena II
(En algún lugar del monte, años después)



Lantana ha cavado un hoyo profundo en la tierra y, aunque se le ve tumbada, todas sus
venas están encendidas: es un relámpago que estalla contra el cielo. Abre las manos. 
Usa los ojos como animales perdidos. Le da la sombra un árbol seco, queriéndose caer.

Escribo para imaginar que ella está a salvo.





Otro comienzo para la voz intranquila 


Te has separado de la sombra 
y has sido destinada a caer de un segundo parto. 

Pero el deseo de vivir no es un deseo. 

De todas las mujeres del mundo, ella te ha elegido a ti para que seas su madre. 

Figura frágil
que acatas el peligro







Lantana,
escucha: 
usa el corazón 
como un abismo





Última carta para la mujer espléndida 
que vuela y aúlla y es mi animal 


Abuela, 

Ya ves que desvarío con tus pulseras vivas. ¿A dónde irán tus manos cuando acaben de morir? Voy a lavarlas con vino, voy a frotarte la piel con romero. Eres un milagro sucediendo delicadamente, un astro nervioso en el amor en mí colmándose. Tu vena generosa aún palpita en los metales pobres. Niña de instintos desconocidos, niña del azul del venado y alacranes vivos, niñita por mí y para todas las niñas. Fruto cifrado. Hembra zumbante. 

Aquí no dejan de girar tus pájaros, abriéndote el camino al cielo.








Daniela Camacho (Sinaloa, 1980) es poeta y traductora. Autora de En la punta de la lengua (2007), Plegarias para insomnes (2008), [imperia] (2013); el libro-objeto Pasaporte (2012) y los libros de artista para la Colección Artes de México: Carcinoma y Híkuri (2014). Compiló la muestra Hijas de diablo hijas de santo. Poetas hispanas actuales, para La Raíz Invertida en Colombia y forma parte de distintas antologías en México y el extranjero. Ha traducido a poetas como Mutsuo Takahashi, Alice Notley, Hiromi Ito, Alda Merini, Ito Naga, entre otros. Vivió en Tokio, Lausana y El Cairo. daniella_cj@hotmail.com



Las 25 pinturas de Gabriel Viñals pueden verse en el enlace de Ejemplar único



Fragmentos de Hölderlin y Rilke: un vivo eslabón en el vasto ciclo de la vida





«Un vivo eslabón en el vasto ciclo de la vida»Hugo von Hofmannsthal (El necio y la muerte)


Mas las favoritas del éter, ellas, las dichosas aves,
moran y juegan con deleite en el eterno recinto del padre!
Suficiente espacio hay para todas. Para ninguna está
el sendero señalado,
y libres se mueven en la casa las grandes y pequeñas.

[Al éter, Fiedrich Hölderlin]




Dónde hay para este adentro
un afuera? Sobre qué dolor
se tiende un lienzo así?

Qué cielos se reflejan allí
dentro, en el lago interior
de estas rosas abiertas?

[..]


Vida silenciosa, abrirse sin fin,
precisar espacio sin tomar de aquel
espacio, que las cosas en derredor
empequeñecen, no ser casi dintornado,
como el claro en blanco y un puro interior,
mucho de extrañamente tierno
e iluminándose a sí – hasta la linde:
nos es algo conocido como esto?
Y luego como esto: que surja un sentimiento,
por qué pétalos tocan pétalos?

[La piel de las rosas, Rainer Maria Rilke]


"Ambos poemas provienen del año 1907. En sus versos, el «objeto inagotable» está ya lo suficientemente dintornado, como para permitirnos reconocer la profundidad de la conciencia poética y hacernos abismar en la pura potencia de su visión. La claridad, no obstante, a veces deslumbra: con referencia a la obra de Rilke, más de un crítico habla aún de `cifras'. Es que nada nos es –nos ha llegado a ser– más extraño que esto: el sabernos uno con las demás criaturas, el entrelazamiento de todo lo vivo, la inclusión de la muerte (de esa –como la de la luna– siempre oculta cara) en nuestra experiencia vital.


Justamente en este sentido –sobre todo en lo que concierne a los dos aspectos mencionados en primer término–, nos parece que la exégesis heideggeriana no ha hecho justicia a la obra poética de Rilke. Lejos de omitir un «esencialmente más original despeje del ser», despliega esta poesía una más diferenciada saga del ser, una saga que trasciende lo meramente humano, para abarcar la totalidad de la creación. La compenetración, la íntima unión con el mundo, se transforma en la reconocida unidad de la criatura:

    A través de todos los seres se extiende un espacio:
    el espacio interior del mundo. Las aves vuelan silenciosas
    a través de nosotros. Oh, yo, que quiero crecer


Fragmento de "Friedrich Hölderlin y Rainer Maria Rilke: Metafórica de lo íntimo y canto de la totalidad en 3 siglos de poesía alemana"- por Guillermo C. Colussi y Héctor A. Piccoli

Para leer el artículo completo, pinchar Aquí.




Un nido donde los árboles rechazaban la muerte


J'ai revé d'un nid oü les arbres repoussaient la mort.
[Soñé con un nido donde los árboles rechazaban la muerte.]

M Adolphc Shedrow, Berceau sansprumesses


Recogí un nido en el esqueleto de la hiedra.
Un nido suave de musgo campestre y hierba de ensueño.

Yvan Goll, "Tombeau du pere",




Gastón Bachelard

Si pudiéramos encontrar de nuevo nuestro deslumbramiento candoroso cuando antaño descubríamos un nido. Este deslumbramiento no se desgasta, el descubrimiento de un nido nos lleva otra vez a nuestra infancia, a una infancia. A las infancias que deberíamos haber tenido.

Cuántas veces he conocido en mi jardín la decepción de descubrir un nido demasiado tarde. Ha llegado el otoño, el follaje se desnuda ya. En el ángulo formado por dos ramas, he aquí un nido abandonado.
Descubierto tardíamente en el bosque invernal, el nido vacío reta al buscador.
El nido es un escondite de la vida alada ¿Cómo ha podido ser invisible?
¿Invisible frente al cielo, lejos de los sólidos escondites de la tierra?


Pero los sueños de nuestro tiempo no van tan lejos y el nido abandonado ya no contiene la hierba de la invisibilidad. Recogido en el seto como una flor marchita, el nido no es más que una "cosa". Tengo derecho de cogerlo en la mano, de deshojarlo. Me vuelvo melancólicamente hombre de los campos y de los matorrales, presumiendo un poco del saber que transmito a un niño diciendo: "es un nido de paro".





Así el viejo nido entra en una categoría de objetos. Cuanto más diversos sean los objetos más sencillo se hará el concepto. A fuerza de coleccionar nidos se deja a la imaginación en paz. Se pierde contacto con el nido vivo.



Sin embargo, es el nido vivo el que podría introducir una fenomenología del nido real, del nido encontrado en la naturaleza y que se convierte por un instante —la palabra no es demasiado grande— en el centro de un universo.


Levanto suavemente una rama, el pájaro está allí incubando los huevos. Es pájaro que no echa a volar. Se estremece solamente un poco.Tiemblo ante la idea de hacerlo temblar. Temo que el pájaro que incuba sepa que soy un hombre, el ser que ha perdido la confianza de los pájaros.


La casa-nido no es nunca joven. Podría decirse que es el lugar natural de la función de habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver a ella. Este signo del retorno señala infinitos ensueños, porque los retornos humanos se realizan sobre el gran ritmo de la vida humana, ritmo que franquea años, que lucha por el sueño contra todas las ausencias.

El nido - lo comprendemos- es precario y, sin embargo, pone en libertad dentro de nosotros un ensueño de la seguridad. ¿Cómo es posible que su fragilidad evidente no detenga semejante, ensueño? Revivimos, en una especie de ingenuidad, el instinto del pájaro. Nos complacemos en acentuar el mimetismo del nido todo verde entre el verde follaje. Lo hemos visto decididamente, pero decimos que estaba bien escondido. Ese centro de vida animal está disimulado en el inmenso volumen de la vida vegetal. El nido es un ramillete de hojas que canta. Participa de la paz vegetal. Es un punto en el ambiente de dicha de los grandes árboles.




Fragmentos del libro" La poética del espacio" de Gastón Bachelard, dedicados al nido como imagen y lugar de ensueño poético.


Arvo Pärt Silentium




Tabula Rasa es una pieza escrita en 1977 por el compositor estonio Arvo Pärt. Abarca dos movimientosLudus y Silentium, y es un concierto doble para dos violinespiano preparado, y orquesta de cámara.

Soñar con un árbol sin corteza. Fragmentos de "Por nada del mundo" de Antonio Méndez Rubio





Oyes a alguien 
que no grita.

Las únicas hojas
que caen caen
en vano.




Días de bondad
antes de desmentir
el plazo. Es eso: un suelo
de hojas,
.   .    .   . caídas
bajo el rocío, moviéndose
así de por sí.
Se abre en palabras.
Su imagen se concibe
sola. Lo justo es
defenderlas.






Stefan George revisited

No hables siempre
de una hojarasca
prisionera de la ventisca,
de cómo se revientan
los membrillos maduros,
de los pasos de quienes
se van cuando se termina
todo. De cómo
una luciérnaga
se agita contra ti
sin darse tiempo, dándote
todo su centelleo
más insistente, menos
seguro.




Antonio Méndez Rubio, 
"Por nada del mundo" (2017, Vaso Roto Ediciones)





Méndez Rubio, Antonio

Nacido en Fuente del Arco (Badajoz, España) en 1967, Antonio Méndez Rubio es uno de los autores más destacados de la actual poesía española. Poeta, ensayista y activista, participa en grupos libertarios de acción cultural y sociopolítica en Valencia, en cuya universidad enseña Teoría de la Comunicación.
Destacan sus libros El fin del mundo (1995, Premio Hiperión), Un lugar que no existe (1998), Trasluz (2002), Por más señas (2005, Premio Ojo Crítico de RNE), ¿Ni en el cielo? (2008), Extra (2010), Cuerpo a cuerpo (2010) y Siempre y cuando (2011). En el cruce de poética y sociedad, ha publicado Poesía y utopía (1999), Poesía sin mundo (2004) y La destrucción de la forma (2008). En materia de crítica cultural, su obra incluye Encrucijadas (1997), La apuesta invisible (2003) y La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (2012).



Trece maneras de mirar un mirlo de Wallace Stevens






1

Entre veinte cerros nevados
lo único que se movía
era el ojo de un mirlo.

2

Yo era de tres pareceres,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

3

En el viento de otoño giraba el mirlo.
Tenía un papel muy breve en la pantomima.

4

Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.

5

Yo no sé si prefiero
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
si el nido silbando
o después.

6

El hielo cubría el ventanal
de cristales bárbaros.
La sombra del mirlo
lo cruzaba de un lado a otro.
La fantasía
trazaba en la sombra
una causa indescifrable.

7

Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué imagináis pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda entre los pies
de las mujeres que os rodean?

8

Conozco nobles acentos
e inevitables ritmos lúcidos;
pero también conozco
que el mirlo anda complicado
en lo que conozco.

9

Cuando el mirlo se perdió de vista
señaló el límite
de un círculo entre otros muchos.

10

Al ver mirlos
volar en la luz verde,
hasta los charlatanes de la eufonía
gritarían agudamente.

11

Viajaba por Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez le entró el miedo,
por haber confundido
la sombra de su equipaje
con mirlos.

12

El río se mueve.
Estará volando el mirlo.

13
Toda la tarde fue de noche.
Nevaba,
iba a seguir nevando.
El mirlo se detuvo
en la rama del cedro.








Thirteen Ways of Looking at a Blackbird


I

Among twenty snowy mountains,
The only moving thing
Was the eye of the blackbird.


II

I was of three minds,
Like a tree
In which there are three blackbirds.



III

The blackbird whirled in the autumn winds.
It was a small part of the pantomime.


IV

A man and a woman
Are one.
A man and a woman and a blackbird
Are one.


V

I do not know which to prefer,
The beauty of inflections
Or the beauty of innuendoes,
The blackbird whistling
Or just after.


VI

Icicles filled the long window
With barbaric glass.
The shadow of the blackbird
Crossed it, to and fro.
The mood
Traced in the shadow
An indecipherable cause.


VII

O thin men of Haddam,
Why do you imagine golden birds?
Do you not see how the blackbird
Walks around the feet
Of the women about you?


VIII

I know noble accents
And lucid, inescapable rhythms;
But I know
, too,
That the blackbird is involved
In what I know.


IX

When the blackbird flew out of sight,
It marked the edge
Of one of many circles.



X

At the sight of blackbirds
Flying in a green light,
Even the bawds of euphony
Would cry out sharply.


XI

He rode over Connecticut
In a glass coach.
Once, a fear pierced him,
In that he mistook
The shadow of his equipage
For blackbirds.

XII

The river is moving.
The blackbird must be flying.


XIII

It was evening all afternoon.
It was snowing
And it was going to snow.
The blackbird sat
In the cedar-limbs.



“El movimiento Poesía Buenos Aires, 1950/1960”
Traducción: Raúl Gustavo Aguirre.
Buenos Aires, 1979

Una lengua impropia: fragmentos




Palabra-grito ante la realidad doliente y también palabra-gasa: karuna (compasión en sánscrito); no como consuelo fácil sino compromiso de no dejar abandonado al lector: un posicionamiento espiritual y político.

Ser no sólo la que toma distancia para decir el barro, sino la niña que se embarra.

Escribir guardando las rodillas lastimadas de la propia infancia.

.


Dame esa palabra que haga brotar calostro de las
piedras
mientras tanto no decir nada
seguir en penumbra
hasta que alguien me llore dentro y tenga que
escribir
para darle consuelo


Laura Giordani,
Una lengua impropia (2014, Ediciones del 4 de Agosto)




Dos poemas de Olvido García Valdés






Cuando el lenguaje rebasa su carácter instrumental y su utilidad en la inmediatez, comienza a generarse esa materia otra que es la poesía.



Las flores de algunos árboles
recién brotadas
son como caracoles
verdes, árboles invadidos
de infinitos gusanos,
levedad de materia.
Me da miedo la luz,
lo quieto de la luz,
el hueso de tu sien
contra la mía.




Tras el cristal, se desconoce
el cuerpo, como un hijo
que crece, como si jugara
y de pronto fuera desconocido.
Coloca entonces
tu mano en el estómago,
la palma abierta, y respira
profundo. Al fin somos culpables
de quien muere, y también
de vivir. Barrios
se hacen poblados peligrosos
por la noche, hay humaredas,
rostros cetrinos junto a fuegos.


Olvido García Valdés. "Ella, los pájaros".


Presentación de "Por nada del mundo" de Antonio Méndez Rubio






El jueves 22 de Junio, presentación del libro "Por nada del mundo" de Antonio Méndez Rubio. Será en la Biblioteca Pública de Valencia a las 19 hs.
Lectura poética y diálogo con los asistentes.
Acompañará al autor, Laura Giordani.


De noche así.
Ni tú entiendes tu
propia letra.

.
Sueñas antes
con un árbol
sin corteza

.
Por una foto de A. M
¿Y ya está? Más bien
se entiende: sigue
nevando por la noche
como si nada. Clama un duelo
vencido
sin ninguna presencia. No
quedan destellos en las yemas
de los abedules. Ya no. ¿Me
ves preguntar, de repente,
por qué entonces no brota
fuera de las palabras
aquella lejanía todavía
más definitiva
que nada en el mundo?
.

Antonio Méndez Rubio,
"Por nada del mundo" (2017, Vaso Roto Ediciones)







Méndez Rubio, Antonio


Nacido en Fuente del Arco (Badajoz, España) en 1967, Antonio Méndez Rubio es uno de los autores más destacados de la actual poesía española. Poeta, ensayista y activista, participa en grupos libertarios de acción cultural y sociopolítica en Valencia, en cuya universidad enseña Teoría de la Comunicación.

Destacan sus libros El fin del mundo (1995, Premio Hiperión), Un lugar que no existe (1998), Trasluz (2002), Por más señas (2005, Premio Ojo Crítico de RNE), ¿Ni en el cielo? (2008), Extra (2010), Cuerpo a cuerpo (2010) y Siempre y cuando (2011). En el cruce de poética y sociedad, ha publicado Poesía y utopía (1999), Poesía sin mundo (2004) y La destrucción de la forma (2008). En materia de crítica cultural, su obra incluye Encrucijadas (1997), La apuesta invisible (2003) y La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (2012).


Poemas como relámpagos - "Duermevela" de Carlos Vitale






EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

Has parado la noche, pero me has negado el día.





OTRA VUELTA DE TUERCA


Y nada más que sed
y vasos rotos.


                    



IL MIGLIOR FABBRO 

De tallos de metal
florecen alas.



PEPE BARROETA DICE QUE NO DICE

El don
de la palabra
no es
un don,
es apenas
arder
en el propio
fuego,
abrasarse
hasta que la mano
dibuje
el vasto
signo
de la desolación.



CONSIGNA


La palabra es miedo,
metal, adiós,
cuerpo sin cuerpo,
y derrota.



OCURRE

Ocurre, lo dices, lo vives, revives.
Ocurre, no lo dices, lo olvidas.
Ocurre, no lo dices.



                   



APARICIONES

El mar, pintado,
y la isla
que desaparece,
no del recuerdo
sino del instante.


LETANÍA

Una vida
nueva.
Otra,
distinta.
Una vida.



COMO SI

Como si te fuera la vida.
Como si nacieras.



Poemas de Duermevela
(Editorial Candaya, 2017)





Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. 

Ha publicado Unidad de lugar (Candaya, Barcelona, 2004), Descortesía del suicida (Candaya, Barcelona, 2008), Cuaderno de l'Escala / Quadern de l'Escala (fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y prólogo de Carles Duarte, Vitel·la, Bellcaire d'Empordà, 2013), Fuera de casa (La Garúa, Barcelona, 2014), El poeta más crítico y otros poetas italianos (Emboscall Editorial, Barcelona, 2014) y Duermevela (Candaya, Barcelona, 2017). 

Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Libero De Libero, Joan Vinyoli, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Joan Vinyoli, Mario Luzi, Sandro Penna, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. 

Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia, Bulgaria y Francia. En 2015 obtuvo el VI Premio José Luis Giménez-Frontín por su contribución al acercamiento entre culturas diversas. 

Reside en Barcelona desde 1981.

http://carlosvitale.blogspot.com.es/

http://viasole.blogspot.com.es/

http://emboscall.com/carrerbarcelona.html



En el oído del viento: tres poemas de Amparo Arróspide





Oigo llover en mí
envuelta en rostros entrevistos
cuando azules filosos rasguñaban los ocres
ayer es la palabra enmudecida.

Ha llegado de entonces
ha llegado de antaño de un hogar muy remoto
reverberan las notas de la lluvia
.   .    . en otra sala
.   .    . en el lugar inmóvil
de lo desaparecido

ese minuto en sangre suicidándose ahora.

*

la partición del fuego
.   .   . líneas trizadas por la mano del aire

en la verticalidad del instante
.     .   . correr por juego

desbocarse en imágenes especulares .   .   . tic tac tic tac
.   .    .  en el extravío se hallan
.   .    .  bajo el tacto de las medias

*

he venido de paseo con una sola palabra
varios días sin llover varias noches
bajo el tacto de las ropas o escarcha el almidón

.                  .                sin noticias del universo suyo

*

la solidez de lo ingrávido
el soliloquio de las piedras
un modo de saberse perdidos.

*

ensarta hélitros la luz
.    .   .  .se oculta

era hermoso esperarse en la respuesta inaudible
sin llover los días con sus noches

correr por juego
volverse bruma en el vitral o sangre de amapola

la solidez de lo ingrávido  .    .    .      . . tic tac tic tac

salta la luz de estrella a estrella

*

desplegándose en dunas hallarse
por un sistema de signos
laberinto sin trazas de retorno posible

.                .                   . .era un dejarse cautivar la espera
si en el hechizo de una voz permanece lo amado
buscarla hallándose en las huellas
de un sistema de signos
comprensibles al tacto

bajo las medias cálidas o cálices
.               .           .        .   Oh Segismunda rata introspectiva
saltar al mundo en fuga






¿Todos los poetas no pueden...

obtener un doctorado en sinestesia
por la universidad de Columba en Nueva York?

¿Trabajar de catedráticos de ciencias púnicas
trabajar de maestras jardineras, trabajar?

¿Cosechar medallones bajo la luna
costearse la tercera autoedición?

¿No pueden hurgar deconstruir fisgonear
construirse una casa sumergida
habitar un palacio de cristal, vivir del aire?

¿Reiterar una y otra vez lo no dicho
incitar preguntas de peso ético y estético
desarticular y fragmentar la realidad?

¿Traducir empáticos a prostitutas chinas del siglo XIV
recibir la escritura desde un vacío originario
anhelante y veloz?

¿Hipotecar palacio y casa sumergida
traficar estrellitas rebelarse?

¿Robar libros por pobres?¿Leer robados
a Samuel a Ezra a John
a Juana Inés a Alejandra a Gabriela
y a Joyce a Anne a Margaret
a Wallace a Edgard a Charles
a Arthur a Paul, Vladimir
a Marina a Dulce a Marosa?

¿Y a etcétera y etcétera y etcétera y etcétera?

¿No pueden
agregar más belleza a la belleza
y al horror, más horror?

¿Trazar mapas y rutas
de la ciudad invisible, futurista
que sus sueños predicen?

¿Acosar lo inapresable moverse
en seguimiento de lo fijo, el poema
como vehículo cerrado y concluso
para atesorar un presente sin detrás ni más allá?

¿No pueden desdoblarse transmutarse
no pueden extrañarse balbucearse
y enmudecer al fin?





El poema del río -cuerpo-tiempo
una limitación impuesta por las circunstancias
unas pocas monedas o visiones arrancadas a la oscuridad
mientras desfilan los geranios
locos y cuerdos de atar escarapelas
no hará falta desabotonarse los oídos
en la cima del álamo tal vez ruge la ardilla
y era solo en invierno la aparente crueldad
del piñón armándose un capullo entreabierto

De quién es el disfraz o en un reconocerse
de piel a aliento era hermoso era oscuro
besarse  en los rincones y ocultar el perfume
frente a la piedra locuaz en primavera
restañarse  los cálices heridos
nutrirse  en los estambres recomponer sombreros
resucitando  carne después del carnaval

Y esa canción sola se tenía en pie
y era el poema del río-cuerpo-tiempo
desavanzando desde la música funeral
el viaje a la semilla que plantamos
en alguna época olvidada por los espejos
de aviesas cenicientas parlanchinas

O fuese el elixir de eterna juventud
tras  siglos de intrahistoria y milenios de ausencia
hasta  encarnar al padre diríase argonautas
internaban  figuras o roles exquisitos
por un paralelepípedo de cuevas
por un nuevo astrolabio entre paréntesis
El espacio encadenado, el tiempo disminuido,
soltando el lastre si al final subíamos
soltando el lastre del discurso al cielo.






Amparo Arróspide
Filóloga y traductora nacida en Buenos Aires.

Ha publicado dos plaquettes (Alucinación en dos actos y algunos poemas; Pañuelos de usar y tirar) y los poemarios Presencia en el misterio (1966); Mosaicos bajo la hiedra (1991) y En el oído del viento (Baile del Sol, 2016). Colaboradora en antologías y revistas internacionales, como The Guardian Poster Poems, Linden Lane Magazine, Concrete, Cuadernos Hispanoamericanos, Voces Nuevas viii, Vasos Comunicantes, The Barcelona Review, Espéculo, Narrativas, Cuadernos del Matemático, Piedra del Molino, Nayagua, Alhucema, La Galla Ciencia, Sol Negro, Zurgai, Insólitos, Cuadernos de Bitácora Rascamán, Caja de Resistencia.

Coeditora de la revista digital Poetry Life and Times y del volumen en castellano de Phoenix Rising from the Ashes (2013).

Ha traducido a Margaret Atwood, James Stephens, Stevie Smith y al inglés con Robin Ouzman Hislop a Francisca Aguirre, Guadalupe Grande (La llave de niebla/Key of Mist), Luis Fores, Jose Antonio Pamies y Javier Díaz Gil, entre otros autores.

Participa en festivales poéticos, los últimos en “Transforming with Poetry” en Leeds y en el Centro de Poesía José Hierro de Madrid.

Pedro Montealegre (1975-2015) - in memoriam






La muerte no es un fénix, su pico atragantado con cenizas de pluma. No es un barquero por el río cenagoso a cambio de un denario. La muerte no significa morirse de amor, porque Pako Latorre no me nombra ni desmiente. La muerte no es un catálogo de húmeros y tibias, cráneos amontonados en la capilla medieval. La muerte no es una sextina romántica sobre dos enamorados que mojan el amanecer. Yo paso frente a la muerte de puntillas por su altar. La muerte es blanca pero con uñas negras. La muerte, el ying y el yang entre estrellas de cartón y flores de plastilina. La muerte no es una crucifixión. Nadie resucita de la muerte. La muerte hace nido en las cicatrices de los santos. La muerte desespera ante el gemir de un becerro. La muerte es otra santa de este convento, donde el mago que soy pasa con sigilo entre un mundo y otro. La muerte no tiene dientes, y mastica eternamente un bolo sin origen, como si fuera su lengua, pero que no es su lengua. Yo no puedo verla. Ella viene de vista. “Tengo la gracia”, le dije a la muerte, “de leerte por completo”. Ella nada dijo. Siguió masticando, su mirada a los lados, inspeccionando a los fantasmas para darles sitio. Yo le regalé un ramo de peonías, de las que crecen debajo del balcón donde moro. Lo agradece esquiva, diciéndome luego que “no somos nada, no somos nada”. Al decirlo, surgen cochinillos de tierra, nenúfares blancos con el centro amarillo, mariposas de parafina y cédulas de identidad hechas de goma arábiga. La muerte es buena pero yo soy malo, santo de carbón con medias de redecilla. “A ver ardes”, dice la muerte austera, y al decirlo la vida la mira desde el espacio, y cada estrella encierra un feto y una nueva canción.

Pedro Montealegre Latorre (1975-2015)
de «Retrocometa»

Czeslaw Milosz: sobre la poesía





La utilidad de la poesía está en recordarnos
que es difícil seguir siendo la misma persona,
porque nuestra casa está abierta, su puerta, sin llave,
y los huéspedes invisibles salen y entran.

Czeslaw Milosz





Encuentro

Estuvimos paseando a través de los campos 
en un vagón al amanecer.
Una herida rosa roja en la oscuridad.

Y de pronto una liebre atravesó la carretera.
Uno de nosotros la señaló con la mano.
Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.

Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?
El destello de una mano, la línea de un movimiento, 
el susurro de los guijarros.
Pregunto no con tristeza, sino con asombro.

Versión de Rafael Díaz Borbón



Río Wilia

El río, que viene de los bosques, gira aquí.
Es domingo, las campanas de las iglesias del pueblo repican.
Las nubes se acumulan, se dispersan, y de nuevo el cielo es azul.

A lo lejos, ellos, diminutos, corren a lo largo de la orilla.
Prueban el agua, se sumergen, el río los lleva.
En medio de la corriente sus cabezas, tres, cuatro, siete,
echan una carrera, sus voces se llaman, y retornan como eco.

Mi mano lo describe en tierra ajena.
Quién sabe por qué lo hace.
Quizá porque ocurrió tal y como lo recuerda.

Versión de Sergio Trigán






Czeslaw Milosz

Poeta polaco nacido en Szetejnie, Lituania, en 1911.
Al terminar estudios universitarios en Wino, fundó el grupo literario "Zagary" y publicó en 1930 los primeros volúmenes de poesía mientras trabajaba en la radio polaca. 
Desde 1932 lideró el movimiento vanguardista y durante la II guerra Mundial participó activamente en la resistencia a la ocupación nazi. Posteriormente viajó a Washington como diplomático, y al romper con su gobierno se exilió en Francia durante la década de los años cincuenta, produciendo varias obras en prosa que le merecieron el "Premio Literario Europeo".
Desde 1961 hasta su muerte, vivió en California donde ocupó la cátedra de Lenguas y Literatura Eslava de la Universidad de Berkeley.
En 1977 recibió el título de Doctor Honoris Causa en Letras por la Universidad de Michigan y en 1980 el Premio Nobel de Literatura.
Tradujo al polaco obras de Baudelaire, T. S. Eliot, John Milton, Shakespeare, Simone Weil, y Walt Whitman.
Falleció en agosto de 2004.

Dama de blanco: un poema de Blanca Varela a Emily Dickinson





el poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada el sueño
el sol atravesando desiertos

los extremos del alma se tocan
y te recuerdo dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia

en la boca del otro habitas
caes al aire
eres el aire que golpea
con invisible sal mi frente

los extremos del alma se tocan
se cierran
se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega
golpeándonos

así será
ojos que fueron boca que decía
manos que se abren y se cierran
vacías

distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro hecha nieve
en la fuente en la tierra
en el olvido

y vuelves
con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de invierno
enlutado


Blanca Varela
[de El falso teclado, 2000]




Una noche que no conoce el alba: Osip Mandelstam por Javier Gil






“Stalin: ¿Pero es o no un maestro?; Pasternak: ¡No se trata de eso!; Stalin: ¿De qué entonces?; Pasternak: Me gustaría encontrarme con usted... Que habláramos.; Stalin: ¿Sobre qué?; Pasternak: Sobre la vida y la muerte...”. Así acabó una extraña conversación entre Stalin y Borís Pasternak sobre Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938), uno de los grandes poetas rusos del siglo XX, que corrió la misma suerte que otros muchos, perecer en uno de los tantos campos de trabajo repartidos por la URSS (en su caso, en un campo de tránsito en el extremo oriental del país, cerca de Vladivostok, cuando se encaminaba a la región de Kolymá). 

Esto fue en diciembre de 1938, pero su calvario comenzó años antes, en mayo de 1934. Entonces, Osip Mandelstam fue arrestado por primera vez en relación a un poema que había compuesto y recitado a diferentes personas. El factor que hacía “tan peligroso” el poema que aterraba a todo aquel que lo oía era su tema, Stalin, y el tono satírico y crítico con el que lo retrataba. Todos sabían que algo así solo podía traer desgracia, especialmente teniendo en cuenta que los soplones del estado podían estar en cualquier parte y cualquiera podía ser uno de ellos.

La condena inicial fue de unos años fuera de las “ciudades prohibidas”, como Moscú o San Petersburgo, una fórmula por la cual la entrada a determinadas ciudades estaba prohibida para los condenados por motivos políticos. Para la época, esta condena a priori resultaba benévola (su amiga la poeta Anna Ajmátova la consideró “vegetariana”). Su vida a partir de ese momento se convirtió en un continuo periplo o vagabundeo y durante gran parte de él sin posibilidad de encontrar un medio para ganarse la vida. 

Todo esto, desde ese fatídico día de 1934 hasta la muerte del poeta, fue relatado con una lucidez sin concesiones por su viuda, Nadiezhda Mandelstam, en uno de los testimonios más exhaustivos de este periodo, unas memorias que tituló Contra toda esperanza. “Nadiezhda” significa “esperanza” en ruso y sobre esta paradoja escribió en el libro: “¿Por qué me habrán dado el nombre de Nadiezhda en los umbrales del nuevo siglo, al comienzo mismo del fratricida siglo XX? (...) No se puede vivir sin esperanza, pero pasábamos de una esperanza fallida a otra”. 

A lo largo de estas memorias dejó plasmados el terror y desasosiego en el que vivieron estos años, fue el testigo de una época y unos acontecimientos a los que pocos sobrevivieron y pudieron dar cuenta cabalmente: “Y llena de horror me decía a mí misma que entraríamos en el futuro sin testigos capaces de atestiguar lo que fue el pasado. Tanto fuera como dentro de las alambradas todos habíamos perdido la memoria. Sin embargo, había personas que desde el principio se plantearon como misión la de no conservar simplemente la vida, sino la de ser testigos”. Y uno de esas personas, como decíamos antes, fue ella misma. 





Su memoria, además de dar testimonio de esa época, también sirvió para conservar la poesía que su marido escribió durante todo el periplo desde esa fatídica madrugada de mayo de 1934, cuando comenzó su calvario acusado de “actividades contrarrevolucionarias”; su memoria y las copias que de esta fue repartiendo sirvieron para que la policía no pudiera hacerse con todo en los registros a los que eran sometidos tanto ellos como sus contactos. Como cuenta en el capítulo “El archivo y la voz”: “Algunos poemas y textos en prosa de Mandelstam desaparecieron, pero se ha conservado la mayor parte y esta es la historia de mi lucha contra las ciegas fuerzas de la naturaleza que intentaron arrasarme a mí y a los pobres trozos de papel que conservaba”.

La vida literaria de Mandelstam comenzó de la mano de los acmeístas, movimiento artístico que surgió como reacción a las posiciones de los simbolistas (equivalente a nuestros modernistas) y que pretendía abrir la cultura rusa al resto del mundo. Según la definición que del mismo dio Mandelstam, el acmeísmo es "la nostalgia de la cultura universal". Entre sus fundadores se encontraba Nikolái Gumiliov, primer marido de Anna Ajmátova. De los formantes del grupo, la propia Ajmátova y Mandelstam han quedado como sus representantes más importantes. Antes de su detención había publicado algunos libros, como Trisita (1922), pero, paradójicamente, de esa época de tormentos y miedo surgió lo más importante de su obra, como Cuadernos de Voronezh, del que traemos aquí un fragmento (en traducción de Jesús García Gabaldón). 

Voronezh fue una de las ciudades en las que pasó junto a su esposa ese exilio interior que supuso un paréntesis entre su primera detención y su muerte (de “milagro” lo califica Nadiezhda: “El milagro nos salvó y nos concedió el don de tres años de vida en Voronezh”). Parece ser que la condena quedó minimizada en un primer momento por la intercesión directa de Nikolái Bujarin (que ya había intercedido en favor de Mandelstam con anterioridad) y la de Borís Pasternak. Como contábamos al inicio de este artículo, el mismísimo Stalin llamó a Pasternak para saber de la “maestría” de Mandelstam. A Pasternak, por el contrario, lo que le importaba era la superviviencia de su amigo, de ahí su “no se trata de eso”, sino “sobre la vida y la muerte”. 

Parece que Stalin se preocupaba por conservar a aquellos poetas que pudieran dar cuenta del gran líder con su arte. De hecho, al final de su vida, el poeta acometió la composición de una oda a Stalin con la esperanza de que gracias a ella pudieran sobrevivir tanto él como Nadiezhda. No cumplió su cometido en su caso, pero sí en el de su viuda. Su composición fue paralela a la de otros poemas de signo opuesto que formaron parte de Cuadernos de Voronezh: “El poema concebido artificialmente, en el cual Mandelstam decidió aprovechar todo el material que en él bullía, se convirtió en la matriz de todo un ciclo de poemas opuestos, contrarios a su primera intención”, cuenta Nadiezhda en el capítulo dedicado a la oda y su composición. Según nos dice J. M. Coetzee en su libro Contra la censura hablando del caso Mandelstam, Stalin no solo pretendía que le “loaran”, también buscaba otra cosa: “Hacer que los grandes artistas de su época le rindieran pleitesía era el modo que tenía Stalin de destrozarlos, de hacerles imposible ir con la cabeza bien alta”.

“Al elegir su forma de morir, Mandelstam utilizó una sorprendente peculiaridad de nuestros dirigentes: su excesivo, casi supersticioso, respeto por la poesía: ‘De qué te quejas –me decía-, este es el único país que respeta la poesía: matan por ella. En ningún otro lugar ocurre eso’”, le dijo una vez Osip Mandelstam a su esposa, y el propio poeta sufrió con intensidad este “respeto casi supersticioso” pagando con la errancia y al fin con su vida su independencia. Aunque, según cuenta Nadiezhda Mandelstam, la acusación era lo de menos, en muchísimos casos no la había a priori: “Dadnos al hombre, que la acusación ya la encontraremos”, nos cuenta que decían con frecuencia aquellos encargados de ajusticiar y perseguir en nombre del estado. Gracias a ella, el legado de Osip Mandelstam, tanto espiritual como literario, ha llegado a nosotros a pesar de todos los pesares. 

Para terminar este acercamiento al gran poeta ruso y su trágico final, traemos a esta sección los últimos versos de un poema de su amiga Ajmátova escrito a partir de una visita a Osip y Nadiezhda Mandelstam a Voronezh: “Pero en el cuarto del poeta caído en desgracia / Miedo y musa se turnan en la guardia. / Y viene una noche / que no conoce el alba”.







Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Y cuando osamos hablar a medias,
al montañés del Kremlin siempre evocamos.
Sus gordos dedos son sebosos gusanos
y sus seguras palabras, pesadas pesas.
De su mostacho se burlan las cucarachas,
y relucen las cañas de sus botas.

Una taifa de pescozudos jefes le rodea,
con los hombrecillos juega a los favores:
uno silba, otro maúlla, un tercero gime. 
Y sólo él parlotea y a toros, a golpes,
un decreto tras otros, como herraduras, clava:
en la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo.
Y cada ejecución es una dicha
para el recio pecho del oseta.

            Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938)
            Traducción de Jesús García Gabaldón



Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
Gozas de la grandeza de las llanuras,
De la niebla, del frío y de la nevada.

Vive tranquilo y consolado
En la pobreza opulenta, en la miseria poderosa. 
Son benditos los días y las noches
Y es inocente la fatiga dulce y sonora.

Infeliz aquel que, como su sombra,
Teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
Pide limosna a su propia sombra.

                        15-16 de enero de 1937
            
            Osip Mandelstam (Varsovia, 1891-Vladivostok, 1938)
            De Cuadernos de Voronezh (Igitur, Tarragona, 2002)

Traducción de Jesús García Gabaldón