lunes, 14 de abril de 2014

"Escribir" de Chantal Maillard




Fragmentos del poema-río "Escribir" de Chantal Maillard, del libro Matar a Platón (2004, Tusquets) Puede escucharse íntegramente en la voz de Chantal Maillard en el video.


escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra




escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo


escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir

para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta
decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada






muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre


escribir

todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
--------apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

[ ]

escribir

[ ]

¿y no hacer literatura?


¡y qué mas da!:

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.

------------Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.




viernes, 14 de marzo de 2014

Juan Carlos Bustriazo Ortiz: el quetral que hace cantar a las piedras

La civilización es una conquista frágil, protegida sólo por un delgado espesor de vidrio.
R. Caillois





La voz de Juan Carlos Bustriazo Ortiz es una de las más excéntricas de la poesía argentina y, muy probablemente, de toda Hispanoamérica. Adentrarse en su obra equivale a ingresar a un espacio encantado, espectral como la niebla que pasa por la pampa y a veces se suelta el pelo o se ensimisma ante los ojos alucinados del poeta. 

Los poemas seleccionados y traídos aquí son parte del libro “Herejía Bermeja” (Ediciones en Danza y Ediciones Espacio Hudson, 2008); concretamente, pertenecen a “Elegías de la piedra que canta” (1969), “Las Yescas. Canciones del Enterrado”, obra inédita compuesta por treinta y ocho poemas titulados alternativamente “Canción” y “Bordona” y a “Caja amarilla” (1973-1974). El libro es fruto de un intensivo esfuerzo de edición, investigación y compilación de Cristian Aliaga, Andrés Cursaro, Sergio De Matteo y Javier Cófreces.

A partir de “Elegías de la piedra que canta” (1969) se produce en la escritura de Bustriazo un quiebre con la tradición clásica y folklorista, una incursión por un lenguaje cada vez más complejo y renovado. Un lenguaje del que los resortes vitales parecen ser canto y encanto, palabras propiciatorias, la repetición. Tal como apunta Octavio Paz, “Aunque el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de ensalmos y sortilegios el poeta despierta las fuerzas secretas del idioma. El poeta encanta al lenguaje por medio del ritmo. Una imagen suscita a otra” (1). Y Bustriazo es maestro en este oficio de convocar imágenes vertiginosas, ancestrales, materia que pasa ante las sienes afiebradas del poeta que apenas puede dar cuenta de todo lo que ve y escucha, y para lo que necesita palabras nuevas o hacer copular palabras distantes para así dar a luz una criatura nueva, elocuente en su mestizaje.  Los neologismos no son meros recursos estilísticos tal como nos lo cuenta el propio Bustriazo:

“He inventado muchas palabras, sí. Lo hice porque yo quería decir alguna cosa y no podía con las otras palabras existentes y tenía que inventar una palabra para poder decir correctamente lo que quería decir. Se me ocurrió hacerlo sin haber visto esto en otros poetas.” (2)

Tampoco las abundantes rupturas y subversiones gramaticales responden a una vocación pirotécnica, ni siquiera estrictamente vanguardista, aunque gran parte de su obra lo es, entendiendo por vanguardia en este caso, no tanto una experimentación con el lenguaje como finalidad, sino más bien una exploración radical en los límites del lenguaje, la rotura del mismo producida por una rotura existencial previa: el poeta se rompe por dentro y ya no puede volver a hablar de la misma manera. Su lengua se quema en ese fuego producido por las luces malas, la memoria indesterrable como yerra y los espíritus que como ghenpín (3) invoca y trae a la manifestación con su verbo encantatorio.

Con este imperativo, inaugura El libro del Ghenpín (1977): “Soy el ghenpín: ordénosle hacer la magia!”

En  su ensayo “Quiromancia de la pampa”, Victoria Ocampo traduce a  Henri Michaux para quien la pampa sería el espacio de lo que se repite de manera infinita por lo que se trata de un espacio que probablemente dejará indiferente al viajero, sobre todo si éste viene de espacios en los que impera la diversidad de colores y texturas de la superficie.




“La Pampa, tierra de vacas, dice todo cuanto tiene que decir en un metro cuadrado, pero lo repite en los millares y millares de kilómetros que constituyen la mayor parte de la Argentina… La América es una tierra de la dimensión de la multiplicación, y como tal hay que conocerla; no ofrece lo pintoresco a cada vuelta de camino, pero si una vastedad infatigable” (4)

El ojo de Michaux es para Ocampo, el ojo europeo que no puede dejar de identificar el vacío de las inmensas llanuras con la ausencia y el tedio. 

Lejos de esta mirada engolosinada con la variedad y lo pintoresco, como el llano en llamas en Rulfo, la pampa deviene en Bustriazo la orografía propicia para el desfile de fantasmas, la proyección de tiempos que coexisten y con-versan.  No podemos dejar de hacer mención a su trabajo de telegrafista, visitante de postas en las afueras, siempre en los márgenes. La inmensidad de una mesa ofrecida o como dice el poeta “esta enorme, terrible mesa mía”.  La pampa y su pulso de moribundo, limbo en que tierra y cielo se confunden. 

La tierra es la yesca, el material inflamable y el cielo el quetral (5) que incendia los piquillines del monte a la siesta, haciéndolos arder.

“vengan, cielos, la yesca de la mesa tañe de oro sagrado, repartida, una llama que cae en las cabezas, un quetral de los cielos, una niña que se sale de la niebla, que se hornea…”

En la poesía de Bustriazo se despliega una espectralidad vibrante y como sostenía Ortega y Gasset en “La pampa… promesas”,  la desmesura del paisaje no puede más que convocar formas fantasmagóricas de llenado, convirtiéndose así en el espacio en el que se produce la emergencia de un orden fantasmagórico, vaporoso, imaginario: 

“La pampa es una borrachera, “flota, ondula, como los bordes de una bandera al viento” (6).

La pampa es así un lienzo generoso para proyectar fantasmas y alucinaciones, mesa en la que dialogan vivos y muertos, habitantes de un mundo ancestral que fue aniquilado e invisibilizado,.



La posada del diablo



Selección de poemas

Te regalé unas cuentas indias
y había un color de aroma hereje tan sobre mí caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ellas se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles

De Elegías de la piedra que canta (1969)





Pasa niebla con el pelo suelto

(“por la cruz yo te digo, juan, la copa, y en su nombre me espejo
lo enyescado, lo sentido del vaso, Juan, qué pasa, quién vihuela sol-
tada de humo santo, esta casa de sal, la noche mía, esta noche aca-
bada sin regazo, niebla pasa de costa enfueguecida, de palacio que-
mado son sus pájaros, de alma suelta se viene, dobla el viento o la
esquina del viento enoverado, pasa suelta de sienes, pensamientos,
hoguerones del éxtasis llorando, se le vuelan las niñas de los ojos,
el plumaje azafrán, lo perfumado, se le vuelan los ayes de la boca,
abejones sonrojos son sus brazos, se le vuela la noche amarillada
“de la niebla de dios, dobla el quebranto de la calle de mí, juan, va
“soltada, ni sin carne ni huesos, va volando, suelta suelta, cortada
“de la niebla, con su pelo de niebla bor-
“doneado, juan, la noche, la copa, el entre-
“vero redondito del trago en desamparo,
“niebla pasa, la suelta de humaredas, des-
“humada del tiempo, de lo amargo, suelta
“de humo, de antigua cabellera de la nie-
“bla pintada en los piedrajos, juan, la
“niebla que pasa desatada, suelta de agua
“y de sangre, mi costado siente su aire
“latiendo la sal negra de su flauta, ya,
“juan, campana, canto, cencerrura del cielo
“tan soltada de mujer de la niebla, juan,
“el vaso, pasa suelta de diosa, puma suel-
“ta, cachorrita del monte, ojo rasgado, juan,
“la niebla sueltísima de nuncas, niebla jo-
“ven, nieblor ensusurrando, doledor quedo,
“juan, de eternidades, yo le adoro la vida,
“siento pasos… “)


Juan Carlos Bustriazo junto a su inseparable portafolios



“…ay …, esta enorme, terrible mesa mía…”

(“vengan, noches, que el pan es una boca en la boca que huye de la espina,
“vengan, cielos, la yesca de la mesa tañe de oro sagrado, repartida, una
´”llama que cae en las cabezas, un quetral de los cielos, una niña que se
“sale de la niebla, que se hornea, que se arrulla de pan de olor, cobriza, nie
“bla niebla de olor, ala en la yesca, juan, la luna es un ascua conmovida, ven-
“gan árboles vivos, rosas, pájaros, heriduras no me oigan, muertes finas, muer-
“tes bárbaras, juan, la niebla tarda, apenitas un agua enlejosida, pasan aguas
“redondas por la calle, aguas dulces de a dos como mellizas, juan, la noche,
“la yesca tañedora, juan, la calle, la sal de aquella esquina, otra vez estos
“símbolos quemados en la mesa se agolpan, se persignan, vengan, fuegos de le-
“jos, vengan, cantos, alerón de las bardas, las bardinas, los paisanos del vien-
“to, vengan, ruidos, luces malas, juan, vengan, costeritas, las bandadas de dios,
“las jagüaleras, cicatrices del vino, juan,
“esquilas, las comparsas paisanas, pobres in-
“dios esquilando entre piedras que caminan,
“juan, la niebla es un beso por la frente, por
“los ojos la niebla es una chilca, un olor de
“la chilca, juan, la yesca, vengan piedras salto-
“nas, primitivas, muertes ciegas y tristes no me
“escuchen, juan, la copa de niebla, la escudilla,
“vengan, flores de piedra, boleaderos, vengan, ca-
“rros quemados, torrecitas, juan, la mesa es el
“mundo, no hay distancias, tajamares del loco,
“travesías, vengan, flores de niebla, venga, nie-
“bla, juan, la copa, los cerros de la vida!... “)





“…ay, juan, la piedra infiel, la siesta, ay,
el poniente…”

(“…moradito el poniente, juan, la sangre de la vida, la tarde machucada,
“niebla vuela en la siesta, misteriosa, en la siesta que se va, juan, de mi ala,
“allá lejos la piedra que se mueve en un cerro que brilla como la plata, el
“abuelo que afila su cuchillo en la piedra que vive, que se habla, en los
“cerros salados, juan, la piedra que se gasta la sombra milenaria, en la sies-
“ta se va, piedra del hambre y se vuelve con ojos de torcaza, juan, la tarde
“de piedra que se mece, que se arrulla en la siesta espinamala, en el pecho
“me esplende este salitre, esta plata del diablo ensortijada, esta joya sin
“dios, trapelacuche, pectoral de la muerte con sonajas, en la siesta se vue-
“la, juan, y vuelve de perfume majado en las miradas, moradito el poniente,
“y el cuchillo del abuelo en la pie-
“dra que se hamaca, juan, la siesta me
“miente, yo la dejo que me taña su mú-
“sica delgada, que me abeje su abeja
“infiel, la piedra del abuelo afilando
“su hoja mansa, juan, la siesta, dónde an-
“da niebla, dónde, en qué esquina del co-
“bre está su casa, mata oscura me soy
“sobre la piedra, juan, matojo de sienes
“torturadas, moradito el poniente, mora-
“dito, pectoral, parirura de la plata,
“plata hereje, sal, sal, trapelacuche,
“plataespinayelurapuñalada, juan, la
“siesta terrible, y ella vuelve, berme-
“jita me arrulla, me alabanza, y el cu-
“chillo en la piedra del abuelo, inocen-
“te terror de la chivada, moradito el
“poniente, juan, la siesta, ella vuelve,
“la plata canta, canta…”)




agonial dos

esperas que baje el ángel de los alerones sarmentosos el santo de
cáscaras de los montes overos el ángel de maderas voladoras el santo
pájaro de lomos endoloridos punzados por el sol de cogote azafrano
esperas que se te acurruque en el oído y te envihuele y te envihuele
con tréboles amarillos esperas que baje el ser de rodillas imantadas
el roedor de las bayas desmoronadas esperas que venga entre zumbidos
verdes el rumoroso comedor de la leña-de-vaca la ganosa hembra del
pecho colorado el ángel de pies comidos las muchachas que ríen en las
tripas a esperas al santo de los ponientes el achicharrado pájaro del
corazón esperas al ser que mengua el que cordoneará tristes viudos
vidalitas partidas al ángel violeta para hechizarte la guacha boca
al santo pájaro de bullonas chauchas el ser que va sembrando como un
oculto matrero ceremonioso solitario los hijos de los caldenes mori-
bundos ajenados la delación del cuerudo el pistoletazo fragoroso el
aullador ensartamiento la despedida de la vicenta a dónde irás con es-
te sol más allá de las bendiciones más acá de los juramentos más afuera
del veladito más adentro de las lloronas el ángel con el color de otro aire?


(t., para negrita turnes.)

De “Caja amarilla” (1973-74).







Juan Carlos Bustriazo Ortiz nació en 1929 en Santa Rosa, capital de La Pampa. Su obra, iniciada con Los poemas puelches (1954-1959), incluye más de sesenta títulos que se conservan inéditos. De ese conjunto extraordinario, hasta hoy apenas se publicaron Elegías de la piedra que canta (1969), Aura del estilo (1970), Unca bermeja (1984, 2004, 2006), Los poemas puelches y Quetrales (1991) y El libro del Ghenpín (2004), todos ellos en pequeñas tiradas. En 2007 fue editado el disco compacto Hereje bebedor de la noche, que recoge grabaciones realizadas por el poeta. A pesar de ser considerado como una de las mayores voces poéticas de su provincia, el silencio y la falta de atención a que fue sometida hasta el momento su obra resultan incomprensibles.


Notas

(1)  Octavio Paz, El arco y la lira (1956), pg.20.
(2)  Herejía Bermeja  (Ediciones en Danza y Ediciones Espacio Hudson, 2008), pg. 175.
(3)   Autoridad mapuche, el dueño de las palabras, el orador, el que sabe decir.
(4)  Victoria Ocampo, Quiromancia de la pampa, en Fryda Schultz de Mantovani (ed.), Victoria Ocampo, Bs. As., Ediciones Culturales Argentinas, 1963, p. 63.
(5)   Voz de los indios pampas que significa "fuego"
(6)  José Ortega y Gasset,“La pampa… promesas, en El espectador, ed. cit., pp. 257.
(7)  Joseph Ernest Renán, ¿Qué es una Nación?, discurso de 1882 en el que sostenía que tanto el olvido como el error histórico, son factores esenciales para la creación de una nación.


Glosario

Bordona
Sexta cuerda de la guitarra, y p. extensión, las tres más bajas
Piquillín
Planta arbórea de América Meridional, de cuyo fruto se hace arrope y aguardiente.
Chilca
(Del quechua chillca, arbusto de hojas pegajosas.
Mitraria coccinea) Planta trepadora leñosa de la familia Gesneriaceae, nativa de la pluviselva de Chile, y de los Andes del sur argentino. Tiene flores tubulares de color rojo. Se cultiva como planta ornamental en áreas libres de heladas.
Trapelacuche
Adorno pectoral tradicionalmente utilizado por las mujeres mapuches, fabricado generalmente de plata. Se compone de un cuerpo principal del cual baja una serie de eslabones, los cuales sostienen un cuerpo inferior.
Tehuelches
Nombre genérico dado a un conjunto de etnias amerindias de la Patagonia Argentina y la región Pampeana en América del Sur.


Artículo publicado en Revista Transtierros




domingo, 2 de marzo de 2014

Presentación audiovisual del libro "Antes de desaparecer" (Tigres de Papel, 2014)



Antes de desaparecer (Ediciones Tigres de Papel, 2014) de Laura Giordani cava en esa cantera poética de la que nace lo minúsculo, la apertura hacia un mundo desapercibido, más allá de los pequeños derrumbes de la vida cotidiana: los escombros esparcidos en la llanura interminable en la que nos desvanecemos.

144 pags.
ISBN 978-84-942202-0-3

lunes, 17 de febrero de 2014

Tuvimos de Rosa Lentini: dos poemas y algunas hebras


Tuvimos. Habríamos tenido,
Dos tiempos verbales en la historia dividida
de las familias, la espiral de los hijos
que baila, baila su triste vals sobre ellas,
escucha esa música, muro, escúchala….






AMAPOLAS

... Te he de esperar allá,
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño.
Trilce. César Vallejo



Las amapolas no cubren por completo
el borde del trigal que abraza
un pálido cielo sin pulso
lleno de nubes.
Esta ruda superficie
de gravilla desgajada
un don
que lustramos como caracoles.

Escucha, escúchame
no hay forma de arder bajo este manto anodino
observa cómo todo se ciñe, se pega contra el suelo
pesos caídos y torpes.

Ruedas
cantos mellados
las memorias del tacto.

Empieza de nuevo, di
soy un trozo de esta tierra,
y antes del polvo
fui agua,
y antes otros dejaron
su ciega atención y se abandonaron.

Invisible este suelo
que bruñimos.
Afilada grava movida
solo pasos en la noche, solo perfiles de cuerpos
la oscuridad   la incertidumbre.

Ahora no oímos aquellos signos sumergidos
en la arena, dedos de amantes
---------desenterrando el misterio
cuyas ropas los topos arrancan.
Sólo deseos --- mudas - - serpientes
dejadas atrás. Una forma de decir adiós
los húmedos collares escamados
sobre el pavimento rugoso.
Y en las noches más calurosas del verano
alguien espera que la leche se agrie
sobre el mármol antes de tomarla.

Ahora sí te cuento lo que expían esas amapolas
-  -  -  apenas perceptibles en los bordes del trigal.
Porque tumbados a la sombra
convertimos como ellas en promesa la impaciencia,
en campo que siembra el yermo,
y las palabras ciegas
de repente
- - - - - - impulsan su color.






MAPAS

III

De madrugada el óvalo de la noche al derramarse
devuelve el frescor como una bendición
y el mundo pasa vacío y sin palabra.

Reacios a ver perdidos esos fulgores
los muertos esperan a que alguien
copie sus nombres en la gran yema lunar.

El amor es lo que todavía está por trazarse
en un extremo anónimo del cielo
que los aleros de algunos tejados ocultan.
En el extremo opuesto se descubren zonas vírgenes
dispuestas a brillar.

Por un instante mi voz recitando
acorta las distancias.
Un encuentro detrás de una memoria
una parcela invertida que nunca se desplaza
aunque ya nada sea reparable
aunque nada se asiente
definitivamente tras haber llegado,
aunque el tiempo en que tememos ser desalojados
sea el que sostiene la vida
y el centro esté aquí,
lleno de deseo y ausencia.


(De Tuvimos, Bartleby, 2013.)






Rosa Lentini (Barcelona, 1957) es poeta, traductora, crítica y co-editora de Ediciones Igitur. 
Ha publicado La noche es una voz soñada (1994), Cuaderno de Egipto (2000), El sur hacia mí (2001), Leggendo Alejandra Pizarnik (2002), Las cuatro rosas (2002), El veneno y la piedra (2005) Transparencias (2006), y Tsunami (2013). 
Ha sido incluida en numerosas antologías, entre las que cabe destacar Ellas tienen la palabra (1997) Norte y sur de la poesía iberoamericana (1997), Las poetas de la búsqueda (2002), Ilimitada voz (2003), 11-M poemas contra el olvido (2004), The other poetry of Barcelona (2004), Di yo. Di tiempo (2005), Con voz propia (2006), Poetas en blanco y negro (2006) y Poeti spagnoli contemporane (2008). 
Parte de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, francés, catalán, rumano y portugués.



Un tiempo que está aquí, lleno de deseo y ausencia


aunque el tiempo en que tememos ser desalojados
sea el que sostiene la vida
y el centro esté aquí,
lleno de deseo y ausencia

Embarcarse en la lectura de "Tuvimos" (Bartleby, 2013) supone un viaje en el tiempo pero no en sentido lineal, como nos tienen acostumbrados tantos periplos literarios; este trayecto parece producirse por aquellas regiones de la memoria -esa ficción más real para el yo que cualquier realidad- donde el tiempo colapsa y se miran de frente presente y pasado:

como el rostro de esa niña de pocos años
y el halo satánico que se disuelve
en las venerables canas de la anciana
cuando las dos se miran en mí
al final de su vida.

y las conjugaciones de tiempo: “tuvimos, habríamos tenido” quedan arrasadas ante la constatación de que el centro de esa temporalidad, su boca, es la que todavía habla llena de deseo y ausencia.

El pasado pervive en el presente del poema y los dardos lanzados por la mano de la madre siguen su vuelo aunque la mano pequeña que los lanzó sea ya una larva ajena a su futuro de vuelo. Es la memoria, sí: pero también es el presente: palabras que se enlazan como finas hebras de cordel unidas a los dedos.

"Tuvimos" es un poemario autobiográfico, en el que a pesar de esa labor de reconstrucción ficcional que resulta la memoria, hay una carga de verdad, con un resultado profundamente honesto. Un viaje a las raíces, que ya se han propagado levantando el suelo de las casas aledañas. Pero no hay una sola traza de mitificación en relación al relato familiar, esa memoria siempre incompleta y precaria que nos constituye, ninguna vocación de fábula. En cada poema se proyecta una luz fría, extrañada y a pesar de esa perspectiva que da la distancia con su lucidez que revela pensamientos, miedos e incluso los sentimientos más perturbadores de los seres amados, no es luz despiadada; más bien, en esos flashbacks encontramos cierta compasión por los que se acusan tristemente de infelicidad y quizás sólo fueron lo que pudieron ser. 

Al leer este libro han acudido viajes poéticos afines: el del poeta escocés John Burnside en su maravilloso y descarnado poemario de 1995, Swimming in the flood (Nadando en la inundación) en poemas como Esposa bruja o Quemar a una mujer:

“Y así, por muchas veces 
que intentes retirar el hilo de fulgor

de la piel de agua y suero de su hijo
la lengua de la madre se escurre por su lengua

Y él se queda en el patio como una niña
mientras recoges el ganado”

O ese recorrido por la memoria familiar  de “Tiento” de la poeta mexicana Rocío Cerón para la que como Rosa Lentini, la vida es una sucesión de lazos que tensan gradualmente su nudo y que en un poema llamado La gramática del nudo nos dice:

Algo nos precede. Letal. Como el primer día que aprendimos a hacer nudos.
Y a cada ritmo un fardo un bloque una ceguera un escondite.
—animal cautivo, apenas intuición o atentado de luz.
Algo clama un patio de hileras verdes y fresnos crecidos hasta el instante de la boca.

¿Quién habla en mi cabeza y aturde al bulbo con su llanto?


Pero Rosa Lentini hace de ese viaje una experiencia más radical aún, porque se abisma en la subjetividad de los otros en una omnisciencia que más que un poder es empatía y nos hace conocer sus miedos, irresoluciones, la larga cadena del daño que toda familia va arrastrando junto a los lazos de amor. Ninguna luz sepia o consoladora para revisitar nacimiento y muerte: la brecha abierta en la carne después de un parto de tres días, el muro que dividió las dos casas de la infancia o la enorme cicatriz que divide de manera irreversible las dos mitades de la cabeza del anciano. 

Un bardo ciego para contar la historia familiar entre hermanos, pero clarividente en su ceguera. Poemas que examinan la floración del cuerpo y la irrupción del deseo como en estos versos del poema Clase de anatomía:

Yo me entregaba en secreto al placer
sin variar en lo fundamental la clase de anatomía

Porque “nada es más maleable que un niño y nada lo es menos que un niño blindándose”

Pero que también se detienen en la decrepitud, la vejez y la pérdida

Cuando la bañas su piel perfumada y fresca
huele a lavanda, y su ralo cabello teñido de rubio
reluce sobre su camisón de raso encarnado


Y esa violencia cotidiana (que la poeta deja asomar y hace tangible de manera magistral) que apuntala ese “pacto” de convivencia, esa paz que parece estar a punto de quebrarse a cada momento. Una confesión, un secreto no dicho. Decía Joseph Ernest Renán que “La esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común y sobre todo, que hayan olvidado las mismas cosas”. Si cambiamos nación por familia, quizás lo entendamos mejor.

El poema sería la interfaz: término tomado de la electrónica que designa esa zona de comunicación o acción de un sistema sobre otro, el espacio donde la memoria pone a bailar los tiempo, para resguardarse de las exigencias del patrón del baile. El poema es la mesa en la que dialogan vivos y muertos frente a los platos estampados en azul , un tiempo no clausurado del todo que como el sopor de una larga sobremesa o la niebla, se posa sobre el presente rompiendo los límites de lo convenido y su sintaxis de la extinción.

Todavía hoy, la poeta siente un pie que se estira y estira bajo la mesa hasta golpear su rodilla… todavía se queda a escuchar aquellas voces, agrietando así las operaciones familiares de borrado, la amnesia convenida, su propia temporalidad al decir:

Trago corazones y hago el recuento de mis muertos.

Laura Giordani
Enero, 2014



sábado, 11 de enero de 2014

Por la raya de la vida de tu mano pequeña: cuatro poemas de Luz Pichel



Alén, Pontevedra


LXI

Hay tréboles de cuatro hojas en ese prado
pero tú, a las polillas.

Te pasas las horas contemplando a las polillas grises de las luces,
que traen cartas:
sal al mediodía y trágate los colores de las mariposas en los zarzales.

Pídele a esa lagartija que te cuente
qué tesoro guarda para ti en su corazón larguirucho que late al sol,
entre las piedras.

Toma suavemente esa mariquita y no la muerdas, déjala así, que suba suba,
camino arriba,
por la raya de la vida de tu mano pequeña.



La marca de los Potros.
Colección Juan Ramón Jiménez de Poesía.
Diputación de Huelva, 2004.



Poema prólogo 

Hay en esta aldea un gato
que conoce los abismos.

Por la noche,
desde el Alto das Penas
se yergue y mira fijo la casa que fue de su dueño
y ladra como un perro rabioso.
Su sombra es larga y afilada.
Se clava en el pecho de uno de por vida.

Va a haber que matarlo.






Mariposa no soy 
A Mónica León Pichel


La ropa contra la piedra, 
el jabón contra la ropa, 
la lluvia contra el tejado del lavadero, 
y en medio de la lluvia te miras las manos 
abiertas como dos alas arrugadas, muy limpias. 
Pero tú no eres una mariposa, 
no se te va con agua la harina de las alas, 
tú puedes mojarte.


(Traducción de María Salgado) 
[Luz Pichel, Casa pechada, 2006, XXVI premio Esquío de Poesía, A Coruña, 
Fundación Casa Galicia] 






QUE EL TIEMPO PASE

I

Ni una gota más de Betadine,
ni una gasa más,
no se chupa la sangre de la herida,
la costra no se arranca,
se cae sola, cae
sola.

II

Pordiós que el tiempo pase,
desgájese la rueda de su eje, de la otra rueda,
ruede por el camino recto, recta, ruede,
avance la memoria y llegue al arenal
pósese allí la rueda, el tiempo
déjese allí caer, caer, quedarse,
olvide el griterío de los carros,
duerma una larga noche larga, larga.

III

La herida será entonces una rama seca en la llanura,
un pedazo de alambre.
En la rama me siento y contemplo la puesta del sol,
el alambre separa mi tierra de la tuya,
pero la niña se baja la braguita y muestra
la flor que ya no duele,
su dibujo infantil,
la hermosa cicatriz que el rey besó
antes de abandonarla en el barullo de una feria.
¡Dios mío, cuánto frío, cuánto frío!
Abrígate, corazón, abrígate.

(2005)





Luz Pichel (Alén, 1947) es licenciada en Filología Románica y responsable del Centro de Estudios de la Poesía de la Universidad Popular José Hierro de San Sebastián de los Reyes. Su obra poética, de gran calidad y originalidad, ha sido reconocida por importantes premios literarios. Es autora de los libros: El pájaro mudo (Ediciones La Palma, 1990; I Premio “Ciudad de Santa Cruz de la Palma”); La marca de los potros (Diputación de Huelva, 2004; XXIV Premio hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez); Casa Pechada (Fundación Casa Galicia, 2006, XXVI Premio Esquío de Poesía); y El pájaro mudo y otros poemas (Universidad Popular José Hierro, 2004), que reúne la reedición de su primer poemario junto a nuevos trabajos como Ángulo de la niebla, Cartas de la mujer insomne y Hablo con quien quiero. 


martes, 17 de diciembre de 2013

Cada silencio, lengua de los árboles. Tres poemas de Ester Folgueral



El hayedo de Busmayor -Enrique-López-Manzano


No todo es resistencia,
pero los abismos precintados
llevan dentro pandoras de cartón
pudorosas
cuando se acuestan con el disfraz
de noviembre.

Las cajas
precintadas
orejas de muerto
y barbas imposibles de afeitar
sudan paz como niebla de valle.

Resistencia  ahora,
comer libros que saben a lluvia
y no envenenarse.

Resistencia,
no tocar el muerto
cuando el muerto tiene hambre,
y llorar como un bebé
bajo un árbol.

De los abismos
salen volando años hacia el sol
en fila
reptiles de los sueños.

Resistencia
ahora.



El Bierzo-Carmen Lafuente


Se me olvida todo


Se me olvida todo. Pero este lugar fue un tiempo todos los lugares, ahora es todos los lugares. Un jardín de bolas de nieve que no se comen, el sabor de la luz en cucharas transparentes. La única escalera es respirar. Quién me visita es intocable y sus pensamientos son intocables como rostros ocultos en el resplandor de un día de junio. Todo lo que no es instante cansa. Escribir,  sonreír,  beber. Todo cansa, menos bajar los párpados y salir volando al infinito.



La poeta en el hayedo de Busmayor


Atravieso los mapas de un país triste
-hay demasiado ruido en el mundo-
fatigada la boca

alas con sangre,
lavo los ojos con tus manos
y vuelo

cada silencio, lengua de los árboles

lo increíble
amor, sobre la rama rota
tu lengua de silencio

tu figura alta como chopo de río
o cedro del desierto
a punto de caer
sobre la arena

lavar las alas
cada silencio, 
lengua de los árboles




Ester Folgueral  


Nació en León, en la comarca del Bierzo, en 1961. Se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y trabajó en diferentes medios de comunicación de Madrid, Canarias y León. Como pintora realizó varias exposiciones en Madrid.
Trabajó con niños en Animación a la lectura en centros escolares, y ha impartido diferentes talleres de escritura. Desde hace tres años dirige un Taller de escritura en el Instituto de Estudios Bercianos.

Como poeta ha publicado los poemarios Iucharba (1988), La espada azul (1995), editado por el Gobierno de Canarias; Memoria de la luz (2006), editado por el Instituto de Estudios Bercianos; y Lo indestructible (2009), editado por el Instituto Leonés de Cultura en su colección de poesía “Provincia”.
Recibió el Premio Nuevas escrituras canarias (1995); la Mención especial Premio de poesía Manuela López (2006); el segundo premio  II Certamen Nacional de Poesía Fernando de Castro (2007), por su libro inédito Palacio de cristal con cinco ciervos, y fue finalista del la XVII Bienal de Poesía Provincia de León.

“En su labor de poeta hay un deseo de unir emoción y reflexión, sentimiento y meditación”,  dejó escrito Antonio Colinas en su prólogo a Memoria de la luz. 

Sus poemas han aparecido en blog, revistas (La hamaca de lona), antologías (Poesía para vencejos),   y en  el libro-aventura de jardinillos, “Sagrado invierno” (2012).


domingo, 1 de diciembre de 2013

"Aguas": un video-poema de Miguel Ángel Curiel



Aguas
corrompidas
en las que un pájaro bebe.

También
corrompido
he vivido.
Ando y nado.
Siempre pesé menos
en el agua.
Entre en el agua
a por el pájaro muerto.


Miguel Ángel Curiel  (1968) nació en  Alemania, país al que emigraron sus padres, originarios de Jaraiz de la Vera (Cáceres),

Es gran conocedor de las obras de Celan, Valente, Walser, Kafka, Holan, Ajmatova, entre otros autores poco leídos en España y que configuran de alguna manera íntima un diálogo y compañía que luego se rebelan en su propia escritura, con cierta autonomía y singularidad. 

Esto y su vida retirada de las grandes urbes y los clanes literarios y mediáticos han conferido a su obra la voz distinta y luminosa de un lugar propio y destacado en la vasta y discordante actualidad de poéticas en España.

Ha ganado varios premios literarios, entre ellos el Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, el premio Tomás Salvador, el Mariano Zurita Ciudad de Palencia dos veces, los premios La Fragua y Pastora Marcela; ha sido asimismo accésit del premio Adonais (2001), Premio Esquío 2006 por Un libro difícil, Ciudad de Móstoles por Piedras, Ciudad de Toledo por Travesía, Ciudad de Mérida por Diario de la luz y Eladio Cabañero. 


En el año 2010 obtuvo una Beca de la Academia Española en Roma. De su estancia allí y su retorno a Lugo surgieron varios libros, Los sumergidos, Luminarias y parte de Hacer hielo por el que ganó en 2012 el XXIII Premio Nacional de Poesía José Hierro.




De niño subía arena a casa. / Esa arena, esa niñez / son ya lo mismo”

Precisamente el poema de donde tomo estos versos, “Lumbre en la arena”, es el que a mi parecer se relaciona más con el título del libro que el que le da nombre (p. 35): “En verano bajaban de las montañas / hombres cargados de nieve / y la vendían”. Un poema profundamente temporal que contrasta con la intemporalidad que nos quiere transmitir el título con ese infinitivo colgado de la permanencia: Hacer hielo.

Así completamos el ciclo del sentido que no puede existir más que en preguntas: lo elemental, el hielo, ¿hay que fabricarlo, como el poema fabrica el mundo con sus palabras?, ¿o simplemente hay que transportarlo desde la montaña para ofrecerlo al resto de los hombres? Si el poema “hace hielo”, esto es fija, en la forma sólida de letras sobre un papel, la naturaleza fluida y errabunda del agua, que no se deja atrapar, ¿está traicionando al agua y el resultado es un trozo muerto y frío de materia, aunque puro en su apariencia?


"La poesia de Miguel Ángel Curiel en el ciclo del agua: Hacer hielo" por Miguel Ángel Luján.

http://www.tendencias21.net/La-poesia-de-Miguel-Angel-Curiel-en-el-ciclo-del-agua-Hacer-hielo_a24142.html


"Un huerto rodeado de bosques de robles, una roza, un huerto casi urbano: en él se aprende de la lentitud. Uno se vuelve más lento, mas vegetal y menos animal. De esta forma la poesía lo agradece. Vivo en el Finisterre, en el Noroeste en una pequeña ciudad de provincias llamada Lugo. En estos espacios uno siente el verdadero exilio, el alejamiento, la verdadera periferia física. Se trata de un mundo difícil pero muy agradecido a los sentidos. Este autoexilio es fértil, pues uno siempre está en continuo diálogo con el mundo del silencio"

Miguel Ángel Curiel: “El lenguaje ha llegado a muy altas cotas de corrupción”. Una entrevista al poeta por Viktor Gómez Ferrer.

http://www.tendencias21.net/Miguel-Angel-Curiel-El-lenguaje-ha-llegado-a-muy-altas-cotas-de-corrupcion_a15883.html

lunes, 4 de noviembre de 2013

Sudestada





Promiscuidad de cortezas en una cópula alta, el viento sur torciendo los nudos, lanzando las ramas en brazos del árbol más próximo.

No sé qué es este delirio savia arriba, la consunción del canto antes que los nidos sean arrastrados por la ternura más fría,  más expuesta al derribo.

 [Después de la tormenta,
 los algarrobos todavía
estremecidos 
se abandonan, juntan
sus manos, rezan.


[Antes de desaparecer], en preparación.
Laura Giordani


Fotografía de Michael E. Gordon

domingo, 13 de octubre de 2013

El trabajo del viento: apuntes “Para trazar lo (im)posible” de Arturo Borra

por Laura Giordani




No es sencillo dar cuenta de un libro al que se ha visto germinar y crecer, quizás por profilaxis: esa especie de cordón sanitario que se supone a cualquier labor de lectura crítica. Una cierta distancia, en suma. Pero, ¿Qué significa “distancia” exactamente? En la dialéctica distancia-cercanía hay una cualidad fantasmagórica, siempre re-definiéndose pues la cercanía puede significar tanto un punto vista privilegiado por las hebras ínfimas que permite entrever, y al tiempo, un punto de ceguera que conspira ante cualquier extrañeza. Nada más lejos de esa vocación de distancia; a lo sumo, acompañar un alumbramiento, arrojar algunos cabos para moverse entre sus páginas, miguitas de pan que lleven hasta algún claro de sentido, aunque tratándose de una escritura así, se tratará a lo sumo de claroscuros (si los pájaros o el viento no nos han dejado ya sin referencia alguna). 


Hay un hilo invisible que enhebra el libro anterior de Arturo Borra, “Figuras de la asfixia” y Para trazar lo (im)posible” (Colección ONCE, Amargord Ediciones, 2013). En aquel poemario, la palabra poética apretaba nuestra garganta para aflojar –sólo un poco- en la sección final, "Material utopía", en la que se insinuaban resquicios, grietas, para resistir la asfixia

“Para trazar lo imposible” se inaugura con “Las alegorías del viento”, recordemos que la alegoría es una figura retórica que consiste en representar una idea figuradamente a través de distintas formas. El viento opera como alegoría a lo largo de todo el  libro; nada más abrirlo, como postigos largamente cerrados,  el viento irrumpe  y va arrasando desde la primera página de la primera parte subdividida en cinco secciones: “Escombros”, “Gravidez”, “Diáspora”, “Noche soplada” y “Ausencia de suelo” con poemas que intentan topografiar (si eso fuera posible) una tierra arrasada, un suelo que desmiente sin cese su solidez.  

En “Ausencia de suelo”, la última sección de Alegorías, vemos cómo el viento ha hecho con eficacia su trabajo, erosionando la forma misma del texto: la puntuación ha ido desapareciendo, el poema pierde sus tejados y vallas hasta quedar completamente a la intemperie, allí podemos leer: 

El viento erosiona las piedras. Se agitan aquellas ventanas condenadas a la clausura. Todo sopla aunque no sepamos qué permanecerá. Y si nada persiste, entregarse al fragor del aire.

Y al final de ese poema: 

Sin darnos cuenta, nos pusimos a hablar del sabotaje. Y no hallamos más alojo que en el viento. Para trazar lo (im)posible.

Nada nuevo podrá ser edificado desde lo conocido, aquello que la calma de los cómplices deja pudrir en el corazón. El viento opera como agente renovador, no exento de violencia en algún pasaje; de hecho, el libro se inaugura con un aullido resultante de la asfixia.

 Nosotros aullamos de horror
/de hambre/ de asco.


Hay también aullido de loba hambrienta a la que las cavadoras han condenado a amamantar sus crías en un erial de espinos talados. Estos poemas inaugurales están llenos de llanto, aullidos; incluso el primer poema aloja a quienes que no pudieron resistir la asfixia y saltaron, los desahuciados, los suicidados de la sociedad,  de las cifras naturalizadas del sacrificio cotidiano. Podríamos imaginar en suma el grito de Edward Munch, un alarido que irremediablemente operará como llamador de tempestades y desatará la revuelta que se insinúa y cierra el libro como promesa en “Poéticas de la revuelta”.



Vemos que el viento no sólo hace referencia al “arrase” social, también es portador de las nuevas semillas, como esa fuerza que se lleva lo reseco, aquello que no puede ser más que corteza que hiere los pies. 
¿Qué quedará después del vendaval? Pregunta el último poema de esta sección.

En el libro  “La última inocencia” que Alejandra Pizarnik publica en 1956, hay un poema titulado “El origen” que dice:

Hay que salvar al viento
Los pájaros queman el viento
en los cabellos de la mujer solitaria
que regresa de la naturaleza
y teje tormentos

Hay que salvar al viento


En 1961, Octavio Paz dedica su libro “Libertad bajo palabra” a Alejandra. En la dedicatoria manuscrita leemos: 

Alejandra: las palabras se queman en el viento.
Hay que salvarlas.


Y no encuentro mejor introducción a la segunda parte del libro titulada “En Tierra de Nadie” en la que acontece una intensa reflexión sobre el lenguaje: su resistencia, límites, trampas, su anquilosamiento y su cualidad de escombro. “En tierra de nadie” el arrase ha dado lugar a una tierra sin nombres, sin más que vacío y por ello mismo, propicio para germinar un lenguaje nuevo. Un lenguaje extraterritorial por llamarlo de algún modo, impropio, altricial.

¿Y por qué no escritura sin nombre? Poema de nadie, escrito donde no hay suelo que no se hunda, donde la pregunta es lo único que sobrevive a la condición efímera de las respuestas.

Toda soberanía se funda en un equívoco. La singularidad indefinible del poema se traza en la desaparición de las fronteras.

El viento se lleva no sólo la hojarasca de un mundo caduco, sino el lenguaje reseco que nombra a ese mundo, su sintaxis del yo soberano. La autoría y su autoridad que no es más que otro nombre de la ceguera:

No hay arquitectura espléndida. Algunas notas, un plano que una geografía inestable obligará a deshacer y rehacer incesantemente.

Los nombres mismos se deshacen: el viento socava sus raíces.


Tampoco la escritura poética se vislumbra como morada o lugar definitivo de llegada, por el contrario, sólo  mantendrá respirando al poema una infatigable vocación de intemperie. Unos pies que aprendieron a partir antes de que el suelo comience a resultar el lugar de reposo. La segura podredumbre.

Morar en un poema es un oxímoron. Poetizar es ese desbordamiento en el que no hay más que éxodo. 

En busca de un contramundo que hay que crear bajo el signo de la catástrofe.






En la tercera y brevísima parte “Poética de la revuelta”, se perfila eso que los amos nos quieren hacer pensar como imposible. Esto explica el prefijo negativo (im) entre paréntesis, la posibilidad sujeta a nuestra capacidad de imaginar otro tipo de mundo, otro tipo de tejido social. Revueltas, asambleas, confabulaciones para trazar una promesa: no una promesa metafísica o absoluta, sino la posibilidad de construir de manera colectiva un mundo en el que respirar sea posible. Cualquier posibilidad de construcción de esa utopía, reside en esas líneas que se van trazando entre nosotros y los otros; el libro anterior, al que Arturo llama “el libro de los otros”, bien podría devenir aquí “el libro de Lo Otro”. 

Así, lo imposible vuelve a ser posible. Del trabajo del sueño, acunado en la memoria de las derrotas, depende la reescritura de la historia.


El eco insurrecto de Durruti resuena todavía: "Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones; y ese mundo está creciendo en este instante".

Texto de presentación en Valencia, 3 de Octubre de 2013.





Arturo Borra (Argentina, 1972) es licenciado en comunicación social y actualmente realiza un doctorado en estudios interdisciplinarios de la comunicación. Ha participado en las antologías poéticas Aldaba (2003), Cuadernos Caudales de Poesía (2007), Los centros de la calle (2008), Madrid: una ciudad, muchas voces (2010) y Por donde pasa la poesía (2011).
También ha publicado el libro de prosa poética Anotaciones en el margen (2008), la plaquette Cielo partido (2009), el poemario Umbrales del naufragio (Baile del Sol, 2010) y Figuras de la asfixia (Editorial Germanía, 2012). Y este último libro “Para trazar lo imposible” (Colección ONCE de Amargord Ediciones).