Canción de verano: tres poemas de Hannah Arendt


"Canción de verano" Hannah Arendt
Editorial Límite
Cuadernos de poesía La ortiga








      











Hannah Arendt

Hannover, 1906 - Nueva York, 1975) Filósofa alemana. De ascendencia judía, Hannah Arendt estudien las universidades de Marburgo, Friburgo y Heidelberg, y en esta última obtuvo el doctorado en filosofía bajo la dirección de Karl Jaspers. Con la subida de Hitler al poder (1933), se exilió en París, de donde también tuvo que huir en 1940, estableciéndose en Nueva York. En 1951 se nacionalizó estadounidense.









Fragmentos de "Pecios de la estrella" de César Márquez Tormo



Pecios de la estrella, 2018. 
Ejemplar Único, Número 61
Colección Poética y Peatonal





He visto bajar tumultuosos los ríos del acero hasta el confundir
de pampas secas con mares 

.                        .                                       .       .mares con trigos
el corazón con el discurso.

Sale el Sol a regalarse todos los días nos aleja el frío…

¿Y qué estrella sale a aliviar sus manchas?

Siento que en todo ello ando como la fruta en el árbol
mas no soy yo completamente.

Los ríos tumultuosos del acero son pequeños al lado de la Estrella.




Me tendí en tu bosque a leer un siempre en las pupilas
y amé-dolí nuestros tallos nuevos.

Pongo mi pájaro raro al servicio de una jaula momentánea.

Aquí sigo 

.        .              .echando raíces
.                          .                        .       .  respirándote.



Pienso en mi vida. De niño tenía miedo a la oscuridad. Hasta que entré el primero en la caverna. Era entrar en un viento nuevo 
como quien entra por primera vez al amor. Paciencia y delirio.

Voy abierto.

Pienso en mi cuerpo. ¿Conservará el Espíritu las zanjas de la carne como fósiles de su antigua morada? Mi cuerpo se ha vuelto enjuto como un junco mecido por el viento.

Aliento.

.                  .                              . Mi cuerpo es bello. Bella es la vida.

Pienso en el que yo soy. Nada temo. Hace veinticinco mil años que el dolor no duerme. Pero yo soy libre.

Voy abierto .                      .     .voy aliento voy   .  .               .     voy


Sí en eso pienso. Pensar es sonreír sin miedo. Y es extraño: 

la Estrella me comprende.







Tú  estás soñando con arbustos cuando viene.

Te levantas en la noche -la sed-y al regresar
el lecho está limpio:  ni rastro de maleza. Notas
todavía su aleteo disoluto  sonríes   agradeces
su ineficacia.


.     .                .De nuevo tumbado percibes
una fragancia de hierbas recién cortadas. Y
mejor
intactas
las raíces:

.       . .                   .                          .bullendo

Y es que tú soñabas con arbustos ígneos.




César Márquez Tormo


Nacido en Valencia (España) un tres de julio de 1965. Cursó estudios de Magisterio por la especialidad de Filología Francesa en la EUPGB de Valencia. Tras diversos trabajos y aconteceres de cuyas peripecias prefiere no acordarse, actualmente se gana la vida como maestro en un colegio público. Obtuvo un accésit en el cuadragésimo certamen poético “Amigos de la Poesía” 1998. Resultó finalista en el Primer Premio Internacional de Poesía convocado por el Instituto de Estudios Modernistas de Valencia. Obtuvo el premio “Marc Granell” de poesía del año 2000 convocado por el Ayuntamiento de Almussafes (Valencia) en la categoría de “mejor conjunto de poemas en castellano”, premio que fue correspondientemente editado junto al resto de galardonados en otras categorías por “Edicions 96” (Carcaixent-Valencia). Más recientemente, ha colaborado con un poema en el volumen “Poetas de Tierra y Luna”, homenaje al “Poeta en Nueva York” de Lorca, editado por Karima editora y en la revista Azharanía de Castellón. Su poemario “Pecios de la Estrella” ha visto la luz en la colección Único y Peatonal (nº 61) que dirige el poeta y pintor Gabriel Viñals.

Concibe su obra poética como un árbol único en el que los sucesivos poemarios son ramas distintas de un tronco común, fragmentos de un árbol en marcha, investigación y descubrimiento, a la par, de la palabra: “Palárbolas”. El grueso de estas palárbolas permanece inédito, flor a la espera del fruto.

Un poema de Blanca Varela




DESTIEMPO

El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, tenemos prisa por golpear
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? ¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo,
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.

Blanca Varela

"Canto Villano. Poesía reunida 1949-1994"
(Fondo de Cultura Económica, México, 
1996).



Poeta peruana nacida en Lima en 1926. Muy joven ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación trabando amistad con importantes intelectuales de la época. En 1949 se radicó en Paris donde conoció a Octavio Paz quien fue determinante en su carrera literaria, conectándola además al círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia.
Posteriormente vivió en Florencia y Washington donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos.
En 1959 publicó su primer libro, «Ese puerto existe», en 1963 «Luz de día» y en 1971 «Valses y otras confesiones». 
Más tarde, en 1978, realizó la primera recopilación fundamental de su escritura en «Canto villano». Finalmente apareció su antología de 1949 a 1998 con el título «Como Dios en la nada».
Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001, el Premio Ciudad de Granada 2006 y los premios García Lorca y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2007.



Falleció en la ciudad de Lima en marzo de 2009 .

¿Quién habla? Una aproximación a "Por nada del mundo" de Antonio Méndez Rubio




Es muy difícil hablar sobre un libro como “Por nada del mundo” siguiendo el guión de las reseñas al uso. Quizás porque Antonio nos está invitando a desasirnos de rituales literarios o en todo caso, señalándonos la ausencia de suelo y la imposibilidad de seguir aferrados a las tablas de una retórica que busca anclar en el poema su plenitud, su simulacro de vida.

La utilidad de la poesía está en recordarnos
que es difícil seguir siendo la misma persona,
porque nuestra casa está abierta, su puerta, sin llave,
y los huéspedes invisibles salen y entran.
Czeslaw Milosz




Difícil, podríamos decir imposible- seguir siendo los mismos ¿Quién habla? Como esas nubes -nubes mías dice Antonio- que nos atraviesan a través de lo no dicho y se evaporan sin aspiración a permanencia alguna, difícil definir un sujeto poético (¿uno?) inestable, descentrado, poroso y un discurso que balbucea no como estrategia retórica (simulacro de balbuceo o precariedad) sino como honesta afasia. Un despojamiento que no es mero recurso estético a lo arte povera sino más bien, la expresión de quien habla fallándole la voz. ¿Cómo hablar cuando ya no hay suelo bajo los pies? ¿Cómo seguir hablando, es decir empuñando la misma sintaxis – como si nada hubiera pasado? ¿Con qué aliento decir la ausencia de mundo? En un poema del libro llamado “Aliento” leemos:

En una oscuridad
mayor que cualquier palabra
quien habla
de una casa perdida
para siempre
porque sí, fallándole
la voz… ¿qué habrá oído
decir?

El poema como interfaz, término tomado de la electrónica que designa esa zona de comunicación o acción de un sistema sobre otro. El poema como mesa en la que dialogan vivos y muertos. ¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor, quizás algo muerto que por momentos parece vivo, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar”. El espinazo del diablo.

En todo caso, los fantasmas son seres de frontera que se mueven en esa interfaz o territorio donde los tableros muestran su inutilidad y los mapas conocidos su fracaso. Así lo poético como “anomalía magnética”, una anomalía lingüística cargada de intensidad Lo anómalo: desviación o discrepancia de una regla o de un uso. ¿Qué significaría políticamente en un sistema en el que la muerte es la norma?

Estáis muertos / Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera
diría no lo estáis. 
.Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida. (Vallejo, Trilce, 174)

La memoria de los que ya no están entre nosotros (o sí) y las cunetas que aún murmuran, eso que se ha llamado memoria histórica. Algo bastante inquietante es que muchas veces lo que realmente une a una comunidad (o a una familia) no es la memoria compartida (siempre frágil, incompleta, evanescente), sino lo que ese pueblo o ese grupo humano ha decidido olvidar en común, el común olvido. Lo que ha decidido invisibilizar: tornar invisible a nuestro campo de conciencia. Y que en las parasomnias y los arrabales de la vigilia vuelve a tomar cierto espesor, cuando se resquebraja ese finísimo espejo frente al que repetimos “yo, yo, yo” como un mantra. Ellos, los tachados del relato oficial, se hacen audibles para quien todavía tiene oídos para escuchar, se hacen visibles para quien, quizás, tenga el valor de mirarlos. ¿Quieres vernos? nos preguntan, apartando la tierra de sus rostros. Para que alguien al fin, los llame por su nombre.

El árbol transgeneracional que revela en nudos su memoria del daño, creciendo torcido como fidelidad a la savia interrumpida. El mismo árbol que carga con los muertos para que la savia siga circulando por la rama rota, resistiéndose a olvidar estirándose extramuros del pacto de silencio, de la amnesia convenida.

Resucitar a los tachados de la historia, los olvidados, remover la tierra de la cuneta para que los huesos resplandezcan: a más tachadura más alzan la voz, insisten en su dolor que quiere ser escuchado. No hablando por ellos, dejando que hablen. No impostando su voz.

Hace algunos años titulé una nota sobre la poesía de Antonio como “Palabra en la intemperie”, ahora radicalizaría ese titular y diría “Palabra en la indigencia”. El poema no viene a ofrecernos ninguna ganancia, al contrario, nos tiende la mano para pedir sustento como esos monjes mendicantes de la India, los sannyasins. No es poema en una góndola ofreciendo una promesa de plenitud en un mundo que ha desaparecido. El poeta mendicante como esos sannyasins que habiendo reunido suficiente fuerza interior para renunciar totalmente a lo conocido (el lenguaje también puede ser una fuente de seguridades) se desplazan de un lugar a otro, extramuros de la ciudad para mendigar su alimento. Podemos leer en el poema llamado “Dando las gracias”:

Hoy hay quienes nos pasan
antes de caer la noche
Por delante,
sin mirarnos,
echándonos monedas.

Llevar la precariedad al lugar del poema, desubicar el lenguaje y volverlo a construir en otro lugar. Ciertamente, es radical apostar por la mendicidad de la escritura en tiempos de Neuromarketing -disciplina en auge que no solo interpela desde las góndolas del supermercado global, sino también en la  pirotecnia lingüística de mucha de la poesía que  se mueve en circuitos efectistas y que hasta se disfrazaría de indigente para seguir pretendiendo que aquí no ha pasado nada.  

¿Cómo se expresa la resistencia en la escritura poética de Antonio Méndez?

Hay en “Por nada del mundo”, así como en otros libros de Antonio, un intento de romper amarras con la referencialidad, con el servilismo del significante que se rebela contra el peso del significado. Eso que muchas de las vanguardias formularon en sus programas hace tiempo y que tiene un carácter político; es político hacer lugar en el poema a los otros, (paratextos) para que puedan ingresar a un discurso hecho comunidad, así como el lugar (iluminado, subalterno, descentrado) en el que se sitúa el enunciador. Como es un gesto resistente la demolición de la retórica que sostiene este mundo irrespirable.

Abrir espacios libertarios en tiempos de dictadura de la claridad en que el compromiso político se concibe casi exclusivamente como una cuestión temática, pero que continúa hablando como siempre y arengando como siempre desde los mismos púlpitos. Vino viejo en odres viejos.  Ceguera por transparencia, los paradójicos efectos del exceso de luz que nos ciega para ver un mundo nuevo. Hemos dejado de ver por necrosis de nuestros párpados a tanta luz.  Decir la falta de lugar, la falta de mundo que hace que el poema no pueda sostenerse y haga aguas.


La tiranía de la razón

Como en otros libros de Antonio Méndez, hay una rebelión contra la razón logocéntrica, un cuestionamiento de la lógica teniendo que presidir el discurso. Y encontramos un rescate de aquellos estados de conciencia marginales a la razón: parasomnias, semi-vigilias, la penumbra inquietante en la que fecunda lo no dicho aún y las posibilidades de que algo inédito encarne.




Una sección del libro lleva el nombre de “Simplicius Simplicissimus” y cuando leí ese título no me remitió a la novela barroca alemana de 1668, sino a trescientos años después, concretamente al año 1978 cuando televisión española emitió los trece capítulos de “El aventurero Simplicissimus”. La historia de un joven huérfano, vagabundo y educado como un animal más que llega a una aldea perdido, despojado de todo y es recogido por un monje ermitaño que le da el nombre de Simplicius a causa de su sencillez y candor intelectual. Tras la muerte de su mentor, Simplicius se ve arrojado nuevamente a un mundo cruel y despiadado, un mundo de depredación.

Ni tan siquiera pedir
nada… Depositamos flores
oscuras a la entrada,
de viva voz,
descalzos. Volvemos
oliendo a humo.
Bebemos agua.


Y viene a la memoria el enigma de Gaspar Hauser y la silueta -casi fantasmal- del poeta argentino Juan Carlos Bustriazo deambulando por las afueras de Santa Rosa de la Pampa, excéntrico: alejándose del centro de lo convenido. La lengua titubeante de los que caminan por las afueras de la polis con los párpados humedecidos por las insignificantes luminarias, esas que se han apeado del firmamento, insectos-bujías visibles sólo para quienes todavía son capaces de ver con la luz de los idiotas.


Laura Giordani
Valencia, 22 de Junio 2017.

El artículo completo publicado en la revista Tendencias 21 en Agosto de 2017:
https://www.tendencias21.net/Quien-habla_a44126.html


Fuentes y referencias
Milosz C. The Collected Poems: 1931-1987. Penguin, 1997.
Vallejo C. Obra poética completa. Madrid: Alianza Editorial, 1999.
Toro del, G. El espinazo del diablo. Película coproducida por España- México, 2001.





Antonio Méndez Rubio

Nacido en Fuente del Arco (Badajoz, España) en 1967, Antonio Méndez Rubio es uno de los autores más destacados de la actual poesía española. Poeta, ensayista y activista, participa en grupos libertarios de acción cultural y sociopolítica en Valencia, en cuya universidad enseña Teoría de la Comunicación.
Destacan sus libros El fin del mundo (1995, Premio Hiperión), Un lugar que no existe (1998), Trasluz (2002), Por más señas (2005, Premio Ojo Crítico de RNE), ¿Ni en el cielo? (2008), Extra (2010), Cuerpo a cuerpo (2010) y Siempre y cuando (2011). En el cruce de poética y sociedad, ha publicado Poesía y utopía (1999), Poesía sin mundo (2004) y La destrucción de la forma (2008). En materia de crítica cultural, su obra incluye Encrucijadas (1997), La apuesta invisible (2003) y La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (2012).

Con la fe de una noche sin puertas: fragmentos de Historial de Marta Agudo Ramírez




Historial (Ediciones Calambur, 2017)


La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía
más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía,
la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos.
Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano
cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al
menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.

Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas



… Mientras, el tiempo busca en los directorios a quién llama
esta vez.



El hospital que recluta con una herida en la faringe.

.     .«Polígono de experiencias», homenaje al tempus fugit,
.      . patera hacia la hipótesis de un después mejor.

El hospital: monumento a la segunda oportunidad.

«Sólo a los terminales —me repito— se les llenan de arena
.    .  los pulmones. Sólo a los terminales».

Reseca y última desnudez.






.                .               . CUATRO TIEMPOS


.                     .              I

Se derramaba la vida por los lados y enjambre de delfines
.    .  sorprendidos.


Pensaron que era el mar y su aridez los tomó por sorpresa.
.   .   Los pentágonos (nadie los había avisado) no son
.   .   habitaciones confortables, excepto para tres abejas que
.   .   recorren con su lengua el ansia de lo dulce. Altivez
.   .   geométrica.


Pensaron que era el mar, tanta ola incendiada. Los
.   .   pentágonos no hacían el entorno más habitable y
.   .   nadaron por superficies blancas de aquella espuma
 .   .  anfitriona.

Pensaron que era el mar, pero dónde la marea y su sintaxis.
.   .   Avance o matadero. El celibato del crimen se impuso a
.   .   la evidencia y la paradoja a la luz de las luciérnagas.
.   .   Con todo, uno de ellos se adelantó. Pensó que era el mar o
.   .   el engaño infantil de quien nunca cae enfermo. Creía
.   .   haber visto crustáceos en los márgenes. Epicentro de
.   .   volcanes sin cráter, ardor de moléculas reticuladas.
.   .   Surcó los saladeros, pero oxígeno expatriado. Adelantó
.   .   algunas leguas y ni el más perspicaz de los observadores
.   .   lo habría visto pararse.


Creyó que era el mar y su bandera sin barras ni yugos. Lo
.   .   confundieron con un hombre y fue poca la sangre
.   .   vertida. La sal absorbe las huellas y al cabo de unos
.   .   minutos todo quedaba igual. Arrecife de la devastación
.   .   o peñasco con hueso reciente.

Se derramaba la vida por los lados…


.                .                     .  II

En qué se distingue un pájaro del nido, el gris de otro gris
.   .   que al ser más vertical carece de trastornos.

Aprobó entonces el cielo que, sin cláusulas ni condiciones,
.   .   pudiera emerger hacia abajo su autonomía. 

Se derramaba la vida por los lados y en medio de la
.   .   hecatombe nació un río de arena. Arenario hecho
.   .   carne, vidrio perplejo. Todo se mezcla cuando se
.   .   intuye la catástrofe. El planeta descifra sus códigos
.   .   y el ADN del viento se jacta de ser sin ser; llanto
.   .   invisible.

Acércate y escucha cómo se mueve la tierra.

Se derramaba la vida por los lados y fue allí y entonces donde
.   .   creció, sin más motivo que la sucesión de otra cruzada,
.   .   un árbol, el canon de lo vegetal, la organización
.   .   anónima de lo idéntico.

¿Lo idéntico? No hay biografía igual a otra. Abre bien los
.   .   ojos y verás qué derroche de púas contrarias, qué
.   .   sarampión de grises el invierno.

Se derramaba la vida por los lados y cinco meteoritos
.   .   festejaron al llegar la mañana el ímpetu irreverente de
.   .   la espina, el recelo hecho estrategia.





.                       .              . III

La manera de fabricar espacios íntimos narra el curso de la
.   .   historia. No fue el verde o la densidad del pleistoceno.
.   .   Antes de que el presente concluyera ya existía este
.   .   paisaje de franjas.

Ni el sol se atrevía a consagrarlo y sólo la luna aceptó, con
.   .   el ímpetu de sus articulaciones, el reto de alentar
.   .   crecientes mareas de sal.

Se derramaba la vida por los lados y sólo montañas, aunque
.   .   alguno dijo que al fondo podía escucharse la memoria
.   .   de dos mares gemelos. Las olas que no rompen se
.   .   enquistan en la orilla o el subconsciente azul de todos
.   .   los ahogados.

Dólmenes, monolitos, círculos donde hablar con la tierra de
.   .   tú a tú.

No hay emisarios suficientes para tanta angustia erigida. Las
.   .   piedras enardecen a los hombres, que hacen con ellas
.   .   cabañas o escudos a partes iguales. La intersección del
.   .   «contra» y el «con», las vicisitudes del miedo. El círculo
.   .   serena horizontes pues en la curva se pierde cuanto la
.   .   recta tiene de lanza.

Se derramaba la vida por los lados, pero dios nunca llegó.
.   .   Ellos siguieron construyendo, con la fe de una noche
.   .   sin puertas, círculos o entradas a ninguna parte,
.   .   accesos pétreos a lo subconsciente, letanías minerales,
.   .   superficies acaso de un cerebro incendiado.

Tanto himno ¿para qué? ¿Para quién tanto ofrecimiento? No
.   .   importaba el destino sino obrar. La nieve imaginada
.   .   por tantas manos frías. Las arañas dejaron de tejer sus
.   .   fastuosas telas porque nadie se ahorcaría allí. Pero era
.   .   importante estar, permanecer en guardia ante un cielo
.   .   sorprendido por no tener mensaje alguno.

¿Quizá era una broma, el sarcasmo de lo trascendente vestido
.   .   de niñería? Da igual. La elipsis o la clave perenne de
.   .   todas las cerraduras.


.                     .                   .IV

La incomunicación, el sigilo del tiempo o la sordina de la
.   .   experiencia. El nadie o la clave de todas las cerraduras.
.   .   Pero la vida se derramaba por los lados y no se
.   .   supo nunca por cuántas leyes de Newton o círculos
.   .   de Galileo se dirimió que el hombre observaría su
.   .   alrededor, por cuántos pronósticos de Kepler admitió
.   .   que habría de morir, por cuántos barrotes salados el
.   .   renacer anónimo de tanta vitalidad…


Diálogo con la serie fotográfica «Altas soledades»
de Cano Erhardt





Marta Agudo Ramírez (Madrid, 1971) es doctora en Filología Hispánica con una tesis acerca de los géneros del poema en prosa y el fragmento en la literatura española del siglo XIX. Ha publicado los libros de poemas Fragmento (Celya, 2004), 28010 (Calambur, 2011) e Historial (Calambur, 2017). Coeditó la antología Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) (DVD, 2005) y coordinó con Jordi Doce el volumen Pájaros raíces. En torno a José Ángel Valente (Abada, 2010). Entre 2004 y 2008 fue directora de la colección de poesía y pintura “El Lotófago”, de la Galería Luis Burgos (Madrid). Es la encargada de la edición de la novela póstuma de Ana María Navales El final de una pasión (Bartleby, 2010), así como de una selección de los artículos de esta última sobre literatura hispanoamericana (Calambur, 2008)
.
En 2010 publicó su estudio sobre la estancia de Valente en Madrid (Valente vital, Universidade de Santiago de Compostela) y en 2014 vio la luz su traducción del catalán al castellano del poemario Tot és ara i res de Joan Vinyoli.

Su obra ha sido incluida, entre otras, en las antologías: Poesía Pasión (ed. de Eduardo Moga), Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España (ed. de Julio Espinosa), 12 + 1. Una antología de poetas madrileñ@s actuales (ed. de Alberto Infante) y recientemente en Sombras si-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991), Madrid, Vaso Roto, 2017, ed. de Amalia Iglesias.   

Una luz que se apaga en la boca: dos poemas de Georg Trakl




Las estrellas difunden una blanca tristeza
Llena en lo gris de iluso tintineo su flaqueza,
se dispersan horribles confusamente…”



Elis, cuando el mirlo en el negro bosque llama,
es tu declinar. 

Tus labios beben el frescor de la fuente azul de las rocas.
Deja si tu frente sangra suave
antiguas leyendas
y el oscuro sentido del vuelo de las aves.

Pero tú entras con tiernos pasos en la noche
que cuelga cargada de uvas purpúreas,
y más bellos mueves los brazos en el azul.

Un espino suena
donde están tus ojos lunares.
Oh, hace tanto tiempo, Elis, que has muerto.

Tu cuerpo es un jacinto
en el que el monje hunde los céreos dedos.
Una negra gruta es nuestro silencio

de la que sale a veces un manso animal
y deja caer lentos los pesados párpados.
Sobre tus sienes gotea negro rocío,

el último oro de estrellas declinantes.

Georg Trakl, Al niño Elis

An den Knaben Elis
.
Elis, wenn die Amsel im schwarzen Wald ruft, / Dieses ist dein Untergang. / Deine Lippen trinken die Kühle des blauen Felsenquells. // Laß, wenn deine Stirne leise blutet / Uralte Legenden / Und dunkle Deutung des Vogelflugs. // Du aber gehst mit weichen Schritten in die Nacht, / Die voll purpurner Trauben hängt / Und du regst die Arme schöner im Blau. // Ein Dornenbusch tönt, / Wo deine mondenen Augen sind. / O, wie lange bist, Elis, du verstorben. // Dein Leib ist eine Hyazinthe, / In die ein Mönch die wächsernen Finger taucht. / Eine schwarze Höhle ist unser Schweigen, // Daraus bisweilen ein sanftes Tier tritt / Und langsam die schweren Lider senkt. / Auf deine Schläfen tropft schwarzer Tau, // Das letzte Gold verfallener Sterne. //






Hay un campo de rastrojos, cae en él la lluvia negra.
Hay un árbol castaño que está solo.
Hay un viento que silba alrededor de la choza vacía.
Qué triste es esta tarde.

Delante de la granja
la dulce huérfana aún recoge las escasas espigas.
Sus ojos muy abiertos y dorados pacen en el crepúsculo
y su seno aguarda al novio de los cielos.

De regreso al hogar
los pastores toparon con el dulce cuerpo
podrido en la zarza.

Soy una sombra, lejos de poblados oscuros.
De Dios bebí el silencio
en la fuente del bosque.

Un metal frío aparece en mi frente.
Mi corazón lo buscan las arañas.
Hay una luz que se apaga en mi boca.

De noche me encontré en un matorral,
erizado de escoria y de polvo de estrellas.
En las avellanas
sonaron de nuevo ángeles cristalinos.

De Profundis

[de Poemas, 1913]



Es ist ein Stoppelfeld, in das ein schwarzer Regen fällt.

Es ist ein brauner Baum, der einsam dasteht
Es ist ein Zischelwind, der leere Hütten umkreist.
Wie traurig dieser Abend.

Am Weiler vorbei
Sammelt die sanfte Waise noch spärliche Ähren ein.
Ihre Augen weiden rund und goldig in der Dämmerung
Und ihr Schoß harrt des himmlischen Bräutigams.

Bei der Heimkehr
Fanden die Hirten den süßen Leib
Verwest im Dornenbusch.

Ein Schatten bin ich ferne finsteren Dörfern.
Gottes Schweigen
Trank ich aus dem Brunnen des Hains.

Auf meine Stirne tritt kaltes Metall
Spinnen suchen mein Herz.
Es ist ein Licht, das in meinem Mund erlöscht.


Nachts fand ich mich auf einer Heide,
Starrend von Unrat und Staub der Sterne.
Im Haselgebüsch
Klangen wieder kristallne Engel.





Georg Trakl nació el 3 de febrero de 1887, en Salzburgo, Austria.
Fue uno de los poetas iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario.
Está considerado el continuador y sucesor de Friedrich Hölderlin, asimilando y modernizando su estilo, siempre dentro de la estética expresionista, aunque también su poesía estuvo influenciada por Novalis Arthur Rimbaud.
Inició una vida bohemia al entrar a formar parte del círculo poético Apollo, en 1904, a pesar de lo que logró concluir sus estudios medios, tras lo que inició en la Universidad de Viena la carrera de farmacia, diplomándose en 1910.
En 1914 fue llamado a filas para luchar en la Primera Guerra Mundial como oficial médico; durante la batalla de Grodek tuvo que asistir sin medicinas a noventa heridos graves, hecho que agravó su depresión crónica, sobreviniéndole una grave crisis nerviosa, que provocó un primer intento de suicidio, por el que fue ingresado en 1914 en un manicomio de Cracovia; allí escrbiría uno de sus poemas más conocidos, “Grodeck”.
Se suicidó el 3 de noviembre de 1914 con una sobredosis de cocaína. Su amigo Von Ficker lo describió así:

Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética… Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera, o ponerse impertinente cuando bebía, si bien, a horas avanzadas de la noche, su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y, entonces, podía aguzarse en una malicia relampagueante. Pero, por debajo, solía sufrir él más que aquéllos sobre cuyas cabezas descargaba como un rayo la daga de sus palabras en el corro enmudecido, pues en tales momentos parecía de una veracidad tal que le partiera auténticamente el corazón. Por lo demás era un hombre callado, ensimismado, pero en modo alguno reservado; al contrario, sabía entenderse bondadoso y humano como el que más con gente sencilla y franca de cualquier clase social, de la más alta a la más baja, con que tuvieran el corazón “en su sitio”, en particular con los niños. Bienes apenas le quedaban, tener libros siempre le pareció superfluo, y acabó “liquidando” por lo que le dieran todo su Dostoievski, al que veneraba fervientemente… Entonces estalló la guerra, y Trakl tuvo que ir al frente en su antiguo puesto de farmacéutico militar con un hospital volante. A Galitzia. Al principio aquello pareció romper el hielo y arrancarle a su pesadumbre. Pero luego, tras la retirada de Grodeck, recibí desde el hospital de plaza de Cracovia, adonde se le había llevado para observación por su estado psíquico, un par de cartas suyas que sonaban como llamadas de socorro de su alma.
Igualmente su hermana Gretlse suicidó en 1917.
A partir de 1953 se concede en Austria el Premio Georg Trakl de Literatura.


El espejo del alma de María Negroni


Como el alma que canta por sí misma
en su limpia casa de cristal

Hermann Broch

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Tuve que viajar a Nevada para verte. Una gran planicie rodeaba la casa donde me esperabas con una túnica blanca, más alta que de costumbre.
Presentí que la casa existía en la memoria, cosa que confirmaste atravesando con tu brazo el hielo que suplantaba ahora a las paredes. Acostumbrada a esconderme en las palabras, quise darte una carta. Esa carta hablaba de las diferencias del río: lo que fue, lo que es, lo que será. Pero vos eras el río y la imagen del río, visto desde la altura (quiero decir, la furia misma). Me miraste, morada de ternura, bajo el color inconstante de la niebla. Terminé por tratar de pinchar la carta a tu plumaje pero te negaste, afable, como quien aprecia el esfuerzo de simular lo imposible. El pico tembló ligeramente. Me dejaste a merced de la felicidad, contemplándote, ahora que eras un enorme pájaro blanco.

[El espejo del alma de María Negroni]


María Negroni es una escritora, poeta, ensayista, novelista, traductora argentina. Obtuvo su doctorado por la Universidad de Columbia, con un PhD en literatura latinoamericana. Desarrolla actividades académicas en la Sarah Lawrence College.

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Negroni