miércoles, 27 de agosto de 2014

Ni arte, ni infantil: conferencia de Arno Stern (La Casa Encendida)



Conferencia de Arno Stern: "Ni arte, ni infantil". 20 de marzo de 2013 from La Casa Encendida on Vimeo.





Arno Stern, investigador francés, nace en Kassel (Alemania) en 1924. Después de exiliarse con su familia, en 1946, acabada la guerra, es encargado de un grupo de niños en un centro de acogida para huérfanos de guerra. Allí comienza el trabajo que desarrollará toda su vida. En 1949 abre en París su primer taller de pintura. Durante la década de los 60 realiza viajes de investigación entre diversos pueblos indígenas. En 1986 funda el I.R.S.E. (Instituto para la investigación en la Semiología de la Expresión). Ha publicado numerosos libros traducidos a varios idiomas y continúa dando charlas y cursos de formación en los que da a conocer todo su trabajo.

domingo, 3 de agosto de 2014

Viaje adentro (Cartografía de lo blando)




Viaje adentro, al fondo, a ese barro primero
solícito para las manos, los algodones
tendidos en coincidencia con la herida.

Lo blando: refugio de las aristas
que nos duelen.

Viaje por los corredores
de la sangre, el andamiaje de calcio
que nos alza en rebeldía incesante
ante la gravedad.

Para ser polvo encendido en la frente
de algún dios, reconciliación
de puntos cardinales, fervor
que nos eleva a esa colina
desde donde podemos ver
la infancia que nos aguarda.

[Viaje adentro]

"Noche sin clausura" (2012, Amargord Ediciones)
Laura Giordani

sábado, 19 de julio de 2014

Un poema de "La mujer cíclica" de Laia López Manrique



LA MUERTE DE MARINA TSVETÁIEVA

He muerto voz nervada .. dispongo de alas muy estrechas .. sé ver la diferencia entre los distintos grados de penumbra .. el amor me alimentó cuando quise comerlo .. abracé el accidente y la mentira .. estuve como un centinela en las junturas inmóviles .. miré sin mirar .. atendí al olfato .. sigilosa .. rumiante .. clavé mis manos en el hollín .. bebí del vino agolpado en mi boca mezclado con la sangre .. al fin habrá un consuelo .. alguien me necesitará.. la casa ahora me busca


Laia López Manrique 
La mujer cíclica (La Garúa Poesía, 2014)




sábado, 21 de junio de 2014

Como quien cuida un fuego: tres poemas de "La hija del capitán Nemo" de Cecilia Quílez





En La hija del capitán Nemo (Calambur Poesía, 2014), Cecilia Quílez ofrece un examen apasionado y elegante sobre el amor y la memoria. La poeta lleva de la mano al lector a través de espacios diversos de pérdida y fuego en los que explora la manera en que la experiencia, el erotismo y la intuición nos ayudan a respirar en un mundo hostil. Con un lenguaje simbólico y enérgico, acompañado a su vez de un tono que reivindica la propia jerarquía de mujer, sus poemas surgen desde la historia personal para cubrirnos física y espiritualmente. Quílez otorga a la vida cotidiana una dimensión lírica de lo que hoy supone ser mujer y vivir con plenitud la desobediencia frente a la dictadura del sobrevivir. Sus poemas desarrollan una sorprendente capacidad para atrapar y escrudiñar los deseos y las reflexiones más humanas. 
En sus meditaciones la poeta observa y cree en el mundo como quien cuida de un fuego o despierta a un amante. 

Julio Mas Alcaraz





El perro guardián ladra rabioso
La cincha que le ahoga
Es el error que le impide
Decir mata
La mano que le une al mundo
Es una rama inerte
Nadie se acerca
El miedo
Es un solo árbol
Donde orinan insomnes
Los perros sin dueño






(a Laura Giordani)

Laura tú de niña
Al lado de una perra herida
Sigues allí Caminas sin esconderte
La duda es un cepo donde espera el engaño
Escarbas en las hojas podridas Sabes
Cómo sangra el río
La muesca que no dice que nunca dirá
Laura tú de niña escapulario en llamas
Pupila en el ábaco Misma resta de la furia
Misma almohada de huesos miserables
Y una calavera demasiado tierna
Para digerir la pesadilla frente helada
La noche escucha aún tus oraciones
Tú y yo hemos pasado Laura
Por la misma carretera
Que rodeaba esa agonía
Lamiendo tierra entre las uñas
Agua de junco para pequeños cementerios
Aquellos animales
Y todas las demás bestias regresan
Dicen
Gracias por no dejarnos ir
O ser arteria en la locura
De los muertos
Absolutamente muertos
Eso Niña Laura
Era lo que tú escribías
Tan despierta





En aquel instante preciso
Un ángel
Tocó
Su mano



(a Jesús Quílez) 

Padre,

Estoy temblando de agua y frío. Me has arrojado a la casa
de la tempestad, en el páramo más alto donde la miseria está
preñada de sudor y miedo.

Oh, mi hermosa infancia entre las letras cenicientas de
Alejandría. Éste, padre, es el mayor naufragio de la tierra
prometida. Crecí entre pecios cubiertos de coral, ídolos de
recios antebrazos y cálidas mareas al cobijo de la pesadilla
incierta de la aurora. Paseábamos midiendo el esplendor del
vidrio caligráfico en los profetas legendarios, jugando a la
intemporalidad del limo suave del océano. Fuera, los centi-
nelas del caos educaban a los discípulos de la necedad en un
blues desafinado por el odio.

Mi eternidad, padre, sentenciada por siempre a esta árida
patria donde las lápidas escupen iniciales de inocentes. Es-
tán pidiendo justicia y pan para sus huérfanos. Me duelen
los oídos y puedo oírles cantar ahora mientras esparcían el
trigo felices de sí mismos. Sembraban a sus mujeres, a sus
hijos. Sembraban y toda la belleza les era devuelta en frutos
y el orden de las estrellas que les acompañaban. Somos al-
baceas de la herencia de un llanto. Bendito el sacrificio de
los que se fueron sin nombre dejando su llama en nuestra
conciencia.

Padre, fuiste condenado al destierro por los licenciados en
la cláusula de la codicia. Hoy alimentan a sus herederos con
un pájaro negro en la cabeza. Poco hueso para tanta baba.
Así es la mansedumbre de la victoria: un sedal de alambre
para peces ciegos. Te reconozco ahora, sin asilo para res-
puestas. Cada noche, padre, suena a las 12 el despertador
de la historia. Giran y giran las manecillas y una bailarina
con escafandra baila en mis ojos. Hay un afogue de lava
horadando mis entrañas. La repulsa a la pernada de la carne
por los infieles de la lealtad. Tú me enseñaste el arcano ma-
yor de la fábula bajo las ruinas de los dioses. Su luminaria
ha sido pasto del embuste en los molares de un tiburón
blanco. Inoculan ignorancia, ponzoña de vacío que desgarra
mis horas como una turba incontenible de gatos salvajes.
Asco digo, perdóname padre. Están bajando el precio a los
anuncios por pleitesía. La razón es ya una variz sin retorno.
 O acaso el traidor anhela su misericordia en el anzuelo con-
sagrado de lo inmortal?

Qué me has dado padre?…Son las 12 y no puedo dormir.
Tiemblo de agua y tiemblo de frío. Y no quiero ser vencida.





Cecilia Quílez, Algeciras (1965), ha publicado cuatro libros de poemas: La posada del dragón, Un mal ácido, El cuarto día y Vísteme de largo. Ha colaborado en programas de radio y coordinado y dirigido exposiciones de pintura y escultura. Ha sido incluida en recopilaciones junto a otros poetas como Entre el clavel y la rosa, Madrid Capital, Fuga de la Nada, El río de los amigos, Poetas a orillas de Machado o En legítima defensa. Coordina y dirige varios ciclos de poesía. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Actualmente codirige la editorial Tigres de Papel.

http://ceciquilez.blogspot.com.es/


miércoles, 30 de abril de 2014

Raíz abisal: fragmentos de Atzavara de María Rosa Maldonado (Kriller71 Ediciones)

La atzavara solo florece una vez a lo largo de su ciclo vital, 
la planta muere después de esa única floración





II

atzavara   vara de atzavara 
madre de floración reciente  que entra por todas las ventanas


con sus muchas cabezas

 lo que aparece no viene de esa tierra
.    . donde nunca
                                    hubo planta ni mujer


del  tálamo nacen – cerebrales –  se enlazan con las regiones
más hondas    de la glía   
                                            sueño
                                                        hambre   
                                                                        sed  

 Íntimamente unida        la  piamadre
blandamente me abraza


sus flores  apoyan la mejilla en el cielo  gris   azulado de las hojas
allí mismo    estolones  del  sostén

 de la reparación

 pues  lo que cuerpo nace  
                                            lleva la oscuridad entrelazada
del carbono   
              vitriolo de la respiración

- el precipicio que se muestra -

                                             
es ella y ella
    hablamos  

ahora   puedo decirle:
cómo voy a vivir   cerebral   en la asfixia
de tantos años bajo tierra?

me responde:
en este aquí nada es de nadie

yo soy  el padre     soy 
                            la  casa aquella    devastada     y  la   otra
y  ando suelta en el mundo







III

declinación

insidioso y
. . . . . . . . lento
. . . . . . . .. . . .sueño: ella sueña que cae
por un embudo de arena.. sin . . final

lleva  la enagua  blanca -el satén de la madre-
se mece con el mismo ocioso ritmo de las aguas

en la duermevela murmura
. . . . . . . -aguamar
.  .  .  .  .  .  .   .    aguamansa
.  .  .  .  .   .  .  .  .  .  .  .  .  .   . aguamarina

piedra de berilo
.   .   .    .    .   pozo . aguamanil-

no recuerda sus años

cree que está en los cuatro

la fiebre en el pecho . . la garganta
cerrada al paso de los líquidos

asana shava asana . . entra el prana a su cuarto

la circunda
.  .   .   .  abre a la niña por el plexo
prepara la combustión







IV


hueco de fusión
donde la protoestrella crece

criptocristalino . cerebro:
.    .    .    .     .      .      en rojo

la mano que toca la seda va
.    .      .      .       .       .   -por memoria propia-

a su mundo protista de finos y radiantes radiolarios
espículas de luz . algas verdeazuladas
flotando
.     .     en la nada anterior a la vida

ligera ligera
.    .    .     .  cae del hidrógeno  . la blancura plateada de li

su 3 atómico salta por las ranuras de la estrella

hasta los hemosferios abiertos

a la mucha placidez de la mañana

ah!

en su casa de muñecas la delicia le extiende un
lujoso terliz para el reposo






V

ella ora en voz baja

murmura:

alta
.   . pasiflora del cielo .   pentámera
perfecta
.     .      pasionaria. aromática  . agua de deshielo

tomillo para el daño cardíaco

corola . azul cobalto .  maravilla del ojo que come
de ese color con avidez

extrañas hogueras por tanta luz ocultas
ventisqueros
.    .      .     de la imaginación de dios

todo
.     . el oxígeno volando en su propia
.    .   quietud
.    .     .     eocena . cálida . ultramarina
sobrenaturaleza del mundo:

secuoyas gigantescas . creodontos .  higueras
.     .         .                    .          .        .   vastos pastizales

magnolias
.       .           . balsámicas magnolias:
.                             .      .                asistidme

ella:   . una ballena .  (blanca)
.      .       hundiéndose en el agua
.                     .          .              anterior . a los hielos

-granzas de la primera hora por nada sostenidas-





María Rosa Maldonado nació en Barcelona en 1944. En 1949 se radicó con sus padres en Buenos Aires, Argentina, donde reside actualmente. Es profesora de Filosofía, de Ciencias de la Educación y de Psicología. Coordina talleres de escritura y dicta seminarios y conferencias sobre literatura y filosofía.

Publicó Poemas (Edición de la autora, 1977), Hasta que despertar es imposible (Editorial Último Reino, 1989) – poemario que obtuvo en 1988 el Primer Premio de Poesía del diario “La Nación”-El esplendor ajeno de las cosas (Editorial Último reino, 1992) y  El zumbido de dios (Editorial Tsé=Tsé, colección bikebik, 2002).


Posfacio de Reynaldo Jiménez / Agosto 2012 / 112 pp ./  4to libro de la poeta ganadora del Primer Premio de Poesía del Diario La Nación en 1988.


“María Rosa Maldonado, poeta argentina nacida en Barcelona, pero residente en Buenos Aires desde la infancia, donde ha ido escribiendo una obra alejada de ruidos y de modas, siguiendo el llamado de su propia vivencia, tremendamente consecuente con una mirada interior profunda y misteriosa, por momentos casi diríase que cercana a una sensibilidad oriental. 
La poesía de María Rosa Maldonado es ante todo, y me gustaría empezar por ahí, una poesía para conocedores del género. Como en cualquier materia creativa, para poder comprender y disfrutar, es necesario un grado de familiaridad con la materia. En la poesía de María Rosa Maldonado el nivel de exigencia personal es elevado, es una poesía culta, lo que no quiere decir para nada que se trate de una poesía hermética o referencial. Y de hecho es una poeta respetada y leída por esa inmensa mayoría que son los poetas, lo cual es mucho”.

“Acerca de Atzavara”, de Rodolfo Häsler.

Enlaces:

http://revistakokoro.com/atzavara.html
http://kriller71.blogspot.com.es/2012/12/acerca-de-atzavara-de-maria-rosa.html





lunes, 14 de abril de 2014

"Escribir" de Chantal Maillard




Fragmentos del poema-río "Escribir" de Chantal Maillard, del libro Matar a Platón (2004, Tusquets) Puede escucharse íntegramente en la voz de Chantal Maillard en el video.


escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra




escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo


escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir

para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta
decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada






muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre


escribir

todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
--------apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

[ ]

escribir

[ ]

¿y no hacer literatura?


¡y qué mas da!:

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.

------------Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.




viernes, 14 de marzo de 2014

Juan Carlos Bustriazo Ortiz: el quetral que hace cantar a las piedras

La civilización es una conquista frágil, protegida sólo por un delgado espesor de vidrio.
R. Caillois





La voz de Juan Carlos Bustriazo Ortiz es una de las más excéntricas de la poesía argentina y, muy probablemente, de toda Hispanoamérica. Adentrarse en su obra equivale a ingresar a un espacio encantado, espectral como la niebla que pasa por la pampa y a veces se suelta el pelo o se ensimisma ante los ojos alucinados del poeta. 

Los poemas seleccionados y traídos aquí son parte del libro “Herejía Bermeja” (Ediciones en Danza y Ediciones Espacio Hudson, 2008); concretamente, pertenecen a “Elegías de la piedra que canta” (1969), “Las Yescas. Canciones del Enterrado”, obra inédita compuesta por treinta y ocho poemas titulados alternativamente “Canción” y “Bordona” y a “Caja amarilla” (1973-1974). El libro es fruto de un intensivo esfuerzo de edición, investigación y compilación de Cristian Aliaga, Andrés Cursaro, Sergio De Matteo y Javier Cófreces.

A partir de “Elegías de la piedra que canta” (1969) se produce en la escritura de Bustriazo un quiebre con la tradición clásica y folklorista, una incursión por un lenguaje cada vez más complejo y renovado. Un lenguaje del que los resortes vitales parecen ser canto y encanto, palabras propiciatorias, la repetición. Tal como apunta Octavio Paz, “Aunque el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de ensalmos y sortilegios el poeta despierta las fuerzas secretas del idioma. El poeta encanta al lenguaje por medio del ritmo. Una imagen suscita a otra” (1). Y Bustriazo es maestro en este oficio de convocar imágenes vertiginosas, ancestrales, materia que pasa ante las sienes afiebradas del poeta que apenas puede dar cuenta de todo lo que ve y escucha, y para lo que necesita palabras nuevas o hacer copular palabras distantes para así dar a luz una criatura nueva, elocuente en su mestizaje.  Los neologismos no son meros recursos estilísticos tal como nos lo cuenta el propio Bustriazo:

“He inventado muchas palabras, sí. Lo hice porque yo quería decir alguna cosa y no podía con las otras palabras existentes y tenía que inventar una palabra para poder decir correctamente lo que quería decir. Se me ocurrió hacerlo sin haber visto esto en otros poetas.” (2)

Tampoco las abundantes rupturas y subversiones gramaticales responden a una vocación pirotécnica, ni siquiera estrictamente vanguardista, aunque gran parte de su obra lo es, entendiendo por vanguardia en este caso, no tanto una experimentación con el lenguaje como finalidad, sino más bien una exploración radical en los límites del lenguaje, la rotura del mismo producida por una rotura existencial previa: el poeta se rompe por dentro y ya no puede volver a hablar de la misma manera. Su lengua se quema en ese fuego producido por las luces malas, la memoria indesterrable como yerra y los espíritus que como ghenpín (3) invoca y trae a la manifestación con su verbo encantatorio.

Con este imperativo, inaugura El libro del Ghenpín (1977): “Soy el ghenpín: ordénosle hacer la magia!”

En  su ensayo “Quiromancia de la pampa”, Victoria Ocampo traduce a  Henri Michaux para quien la pampa sería el espacio de lo que se repite de manera infinita por lo que se trata de un espacio que probablemente dejará indiferente al viajero, sobre todo si éste viene de espacios en los que impera la diversidad de colores y texturas de la superficie.




“La Pampa, tierra de vacas, dice todo cuanto tiene que decir en un metro cuadrado, pero lo repite en los millares y millares de kilómetros que constituyen la mayor parte de la Argentina… La América es una tierra de la dimensión de la multiplicación, y como tal hay que conocerla; no ofrece lo pintoresco a cada vuelta de camino, pero si una vastedad infatigable” (4)

El ojo de Michaux es para Ocampo, el ojo europeo que no puede dejar de identificar el vacío de las inmensas llanuras con la ausencia y el tedio. 

Lejos de esta mirada engolosinada con la variedad y lo pintoresco, como el llano en llamas en Rulfo, la pampa deviene en Bustriazo la orografía propicia para el desfile de fantasmas, la proyección de tiempos que coexisten y con-versan.  No podemos dejar de hacer mención a su trabajo de telegrafista, visitante de postas en las afueras, siempre en los márgenes. La inmensidad de una mesa ofrecida o como dice el poeta “esta enorme, terrible mesa mía”.  La pampa y su pulso de moribundo, limbo en que tierra y cielo se confunden. 

La tierra es la yesca, el material inflamable y el cielo el quetral (5) que incendia los piquillines del monte a la siesta, haciéndolos arder.

“vengan, cielos, la yesca de la mesa tañe de oro sagrado, repartida, una llama que cae en las cabezas, un quetral de los cielos, una niña que se sale de la niebla, que se hornea…”

En la poesía de Bustriazo se despliega una espectralidad vibrante y como sostenía Ortega y Gasset en “La pampa… promesas”,  la desmesura del paisaje no puede más que convocar formas fantasmagóricas de llenado, convirtiéndose así en el espacio en el que se produce la emergencia de un orden fantasmagórico, vaporoso, imaginario: 

“La pampa es una borrachera, “flota, ondula, como los bordes de una bandera al viento” (6).

La pampa es así un lienzo generoso para proyectar fantasmas y alucinaciones, mesa en la que dialogan vivos y muertos, habitantes de un mundo ancestral que fue aniquilado e invisibilizado,.



La posada del diablo



Selección de poemas

Te regalé unas cuentas indias
y había un color de aroma hereje tan sobre mí caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ellas se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles

De Elegías de la piedra que canta (1969)





Pasa niebla con el pelo suelto

(“por la cruz yo te digo, juan, la copa, y en su nombre me espejo
lo enyescado, lo sentido del vaso, Juan, qué pasa, quién vihuela sol-
tada de humo santo, esta casa de sal, la noche mía, esta noche aca-
bada sin regazo, niebla pasa de costa enfueguecida, de palacio que-
mado son sus pájaros, de alma suelta se viene, dobla el viento o la
esquina del viento enoverado, pasa suelta de sienes, pensamientos,
hoguerones del éxtasis llorando, se le vuelan las niñas de los ojos,
el plumaje azafrán, lo perfumado, se le vuelan los ayes de la boca,
abejones sonrojos son sus brazos, se le vuela la noche amarillada
“de la niebla de dios, dobla el quebranto de la calle de mí, juan, va
“soltada, ni sin carne ni huesos, va volando, suelta suelta, cortada
“de la niebla, con su pelo de niebla bor-
“doneado, juan, la noche, la copa, el entre-
“vero redondito del trago en desamparo,
“niebla pasa, la suelta de humaredas, des-
“humada del tiempo, de lo amargo, suelta
“de humo, de antigua cabellera de la nie-
“bla pintada en los piedrajos, juan, la
“niebla que pasa desatada, suelta de agua
“y de sangre, mi costado siente su aire
“latiendo la sal negra de su flauta, ya,
“juan, campana, canto, cencerrura del cielo
“tan soltada de mujer de la niebla, juan,
“el vaso, pasa suelta de diosa, puma suel-
“ta, cachorrita del monte, ojo rasgado, juan,
“la niebla sueltísima de nuncas, niebla jo-
“ven, nieblor ensusurrando, doledor quedo,
“juan, de eternidades, yo le adoro la vida,
“siento pasos… “)


Juan Carlos Bustriazo junto a su inseparable portafolios



“…ay …, esta enorme, terrible mesa mía…”

(“vengan, noches, que el pan es una boca en la boca que huye de la espina,
“vengan, cielos, la yesca de la mesa tañe de oro sagrado, repartida, una
´”llama que cae en las cabezas, un quetral de los cielos, una niña que se
“sale de la niebla, que se hornea, que se arrulla de pan de olor, cobriza, nie
“bla niebla de olor, ala en la yesca, juan, la luna es un ascua conmovida, ven-
“gan árboles vivos, rosas, pájaros, heriduras no me oigan, muertes finas, muer-
“tes bárbaras, juan, la niebla tarda, apenitas un agua enlejosida, pasan aguas
“redondas por la calle, aguas dulces de a dos como mellizas, juan, la noche,
“la yesca tañedora, juan, la calle, la sal de aquella esquina, otra vez estos
“símbolos quemados en la mesa se agolpan, se persignan, vengan, fuegos de le-
“jos, vengan, cantos, alerón de las bardas, las bardinas, los paisanos del vien-
“to, vengan, ruidos, luces malas, juan, vengan, costeritas, las bandadas de dios,
“las jagüaleras, cicatrices del vino, juan,
“esquilas, las comparsas paisanas, pobres in-
“dios esquilando entre piedras que caminan,
“juan, la niebla es un beso por la frente, por
“los ojos la niebla es una chilca, un olor de
“la chilca, juan, la yesca, vengan piedras salto-
“nas, primitivas, muertes ciegas y tristes no me
“escuchen, juan, la copa de niebla, la escudilla,
“vengan, flores de piedra, boleaderos, vengan, ca-
“rros quemados, torrecitas, juan, la mesa es el
“mundo, no hay distancias, tajamares del loco,
“travesías, vengan, flores de niebla, venga, nie-
“bla, juan, la copa, los cerros de la vida!... “)





“…ay, juan, la piedra infiel, la siesta, ay,
el poniente…”

(“…moradito el poniente, juan, la sangre de la vida, la tarde machucada,
“niebla vuela en la siesta, misteriosa, en la siesta que se va, juan, de mi ala,
“allá lejos la piedra que se mueve en un cerro que brilla como la plata, el
“abuelo que afila su cuchillo en la piedra que vive, que se habla, en los
“cerros salados, juan, la piedra que se gasta la sombra milenaria, en la sies-
“ta se va, piedra del hambre y se vuelve con ojos de torcaza, juan, la tarde
“de piedra que se mece, que se arrulla en la siesta espinamala, en el pecho
“me esplende este salitre, esta plata del diablo ensortijada, esta joya sin
“dios, trapelacuche, pectoral de la muerte con sonajas, en la siesta se vue-
“la, juan, y vuelve de perfume majado en las miradas, moradito el poniente,
“y el cuchillo del abuelo en la pie-
“dra que se hamaca, juan, la siesta me
“miente, yo la dejo que me taña su mú-
“sica delgada, que me abeje su abeja
“infiel, la piedra del abuelo afilando
“su hoja mansa, juan, la siesta, dónde an-
“da niebla, dónde, en qué esquina del co-
“bre está su casa, mata oscura me soy
“sobre la piedra, juan, matojo de sienes
“torturadas, moradito el poniente, mora-
“dito, pectoral, parirura de la plata,
“plata hereje, sal, sal, trapelacuche,
“plataespinayelurapuñalada, juan, la
“siesta terrible, y ella vuelve, berme-
“jita me arrulla, me alabanza, y el cu-
“chillo en la piedra del abuelo, inocen-
“te terror de la chivada, moradito el
“poniente, juan, la siesta, ella vuelve,
“la plata canta, canta…”)




agonial dos

esperas que baje el ángel de los alerones sarmentosos el santo de
cáscaras de los montes overos el ángel de maderas voladoras el santo
pájaro de lomos endoloridos punzados por el sol de cogote azafrano
esperas que se te acurruque en el oído y te envihuele y te envihuele
con tréboles amarillos esperas que baje el ser de rodillas imantadas
el roedor de las bayas desmoronadas esperas que venga entre zumbidos
verdes el rumoroso comedor de la leña-de-vaca la ganosa hembra del
pecho colorado el ángel de pies comidos las muchachas que ríen en las
tripas a esperas al santo de los ponientes el achicharrado pájaro del
corazón esperas al ser que mengua el que cordoneará tristes viudos
vidalitas partidas al ángel violeta para hechizarte la guacha boca
al santo pájaro de bullonas chauchas el ser que va sembrando como un
oculto matrero ceremonioso solitario los hijos de los caldenes mori-
bundos ajenados la delación del cuerudo el pistoletazo fragoroso el
aullador ensartamiento la despedida de la vicenta a dónde irás con es-
te sol más allá de las bendiciones más acá de los juramentos más afuera
del veladito más adentro de las lloronas el ángel con el color de otro aire?


(t., para negrita turnes.)

De “Caja amarilla” (1973-74).







Juan Carlos Bustriazo Ortiz nació en 1929 en Santa Rosa, capital de La Pampa. Su obra, iniciada con Los poemas puelches (1954-1959), incluye más de sesenta títulos que se conservan inéditos. De ese conjunto extraordinario, hasta hoy apenas se publicaron Elegías de la piedra que canta (1969), Aura del estilo (1970), Unca bermeja (1984, 2004, 2006), Los poemas puelches y Quetrales (1991) y El libro del Ghenpín (2004), todos ellos en pequeñas tiradas. En 2007 fue editado el disco compacto Hereje bebedor de la noche, que recoge grabaciones realizadas por el poeta. A pesar de ser considerado como una de las mayores voces poéticas de su provincia, el silencio y la falta de atención a que fue sometida hasta el momento su obra resultan incomprensibles.


Notas

(1)  Octavio Paz, El arco y la lira (1956), pg.20.
(2)  Herejía Bermeja  (Ediciones en Danza y Ediciones Espacio Hudson, 2008), pg. 175.
(3)   Autoridad mapuche, el dueño de las palabras, el orador, el que sabe decir.
(4)  Victoria Ocampo, Quiromancia de la pampa, en Fryda Schultz de Mantovani (ed.), Victoria Ocampo, Bs. As., Ediciones Culturales Argentinas, 1963, p. 63.
(5)   Voz de los indios pampas que significa "fuego"
(6)  José Ortega y Gasset,“La pampa… promesas, en El espectador, ed. cit., pp. 257.
(7)  Joseph Ernest Renán, ¿Qué es una Nación?, discurso de 1882 en el que sostenía que tanto el olvido como el error histórico, son factores esenciales para la creación de una nación.


Glosario

Bordona
Sexta cuerda de la guitarra, y p. extensión, las tres más bajas
Piquillín
Planta arbórea de América Meridional, de cuyo fruto se hace arrope y aguardiente.
Chilca
(Del quechua chillca, arbusto de hojas pegajosas.
Mitraria coccinea) Planta trepadora leñosa de la familia Gesneriaceae, nativa de la pluviselva de Chile, y de los Andes del sur argentino. Tiene flores tubulares de color rojo. Se cultiva como planta ornamental en áreas libres de heladas.
Trapelacuche
Adorno pectoral tradicionalmente utilizado por las mujeres mapuches, fabricado generalmente de plata. Se compone de un cuerpo principal del cual baja una serie de eslabones, los cuales sostienen un cuerpo inferior.
Tehuelches
Nombre genérico dado a un conjunto de etnias amerindias de la Patagonia Argentina y la región Pampeana en América del Sur.


Artículo publicado en Revista Transtierros




domingo, 2 de marzo de 2014

Presentación audiovisual del libro "Antes de desaparecer" (Tigres de Papel, 2014)



Antes de desaparecer (Ediciones Tigres de Papel, 2014) de Laura Giordani cava en esa cantera poética de la que nace lo minúsculo, la apertura hacia un mundo desapercibido, más allá de los pequeños derrumbes de la vida cotidiana: los escombros esparcidos en la llanura interminable en la que nos desvanecemos.

144 pags.
ISBN 978-84-942202-0-3

lunes, 17 de febrero de 2014

Tuvimos de Rosa Lentini: dos poemas y algunas hebras


Tuvimos. Habríamos tenido,
Dos tiempos verbales en la historia dividida
de las familias, la espiral de los hijos
que baila, baila su triste vals sobre ellas,
escucha esa música, muro, escúchala….






AMAPOLAS

... Te he de esperar allá,
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño.
Trilce. César Vallejo



Las amapolas no cubren por completo
el borde del trigal que abraza
un pálido cielo sin pulso
lleno de nubes.
Esta ruda superficie
de gravilla desgajada
un don
que lustramos como caracoles.

Escucha, escúchame
no hay forma de arder bajo este manto anodino
observa cómo todo se ciñe, se pega contra el suelo
pesos caídos y torpes.

Ruedas
cantos mellados
las memorias del tacto.

Empieza de nuevo, di
soy un trozo de esta tierra,
y antes del polvo
fui agua,
y antes otros dejaron
su ciega atención y se abandonaron.

Invisible este suelo
que bruñimos.
Afilada grava movida
solo pasos en la noche, solo perfiles de cuerpos
la oscuridad   la incertidumbre.

Ahora no oímos aquellos signos sumergidos
en la arena, dedos de amantes
---------desenterrando el misterio
cuyas ropas los topos arrancan.
Sólo deseos --- mudas - - serpientes
dejadas atrás. Una forma de decir adiós
los húmedos collares escamados
sobre el pavimento rugoso.
Y en las noches más calurosas del verano
alguien espera que la leche se agrie
sobre el mármol antes de tomarla.

Ahora sí te cuento lo que expían esas amapolas
-  -  -  apenas perceptibles en los bordes del trigal.
Porque tumbados a la sombra
convertimos como ellas en promesa la impaciencia,
en campo que siembra el yermo,
y las palabras ciegas
de repente
- - - - - - impulsan su color.






MAPAS

III

De madrugada el óvalo de la noche al derramarse
devuelve el frescor como una bendición
y el mundo pasa vacío y sin palabra.

Reacios a ver perdidos esos fulgores
los muertos esperan a que alguien
copie sus nombres en la gran yema lunar.

El amor es lo que todavía está por trazarse
en un extremo anónimo del cielo
que los aleros de algunos tejados ocultan.
En el extremo opuesto se descubren zonas vírgenes
dispuestas a brillar.

Por un instante mi voz recitando
acorta las distancias.
Un encuentro detrás de una memoria
una parcela invertida que nunca se desplaza
aunque ya nada sea reparable
aunque nada se asiente
definitivamente tras haber llegado,
aunque el tiempo en que tememos ser desalojados
sea el que sostiene la vida
y el centro esté aquí,
lleno de deseo y ausencia.


(De Tuvimos, Bartleby, 2013.)






Rosa Lentini (Barcelona, 1957) es poeta, traductora, crítica y co-editora de Ediciones Igitur. 
Ha publicado La noche es una voz soñada (1994), Cuaderno de Egipto (2000), El sur hacia mí (2001), Leggendo Alejandra Pizarnik (2002), Las cuatro rosas (2002), El veneno y la piedra (2005) Transparencias (2006), y Tsunami (2013). 
Ha sido incluida en numerosas antologías, entre las que cabe destacar Ellas tienen la palabra (1997) Norte y sur de la poesía iberoamericana (1997), Las poetas de la búsqueda (2002), Ilimitada voz (2003), 11-M poemas contra el olvido (2004), The other poetry of Barcelona (2004), Di yo. Di tiempo (2005), Con voz propia (2006), Poetas en blanco y negro (2006) y Poeti spagnoli contemporane (2008). 
Parte de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, francés, catalán, rumano y portugués.



Un tiempo que está aquí, lleno de deseo y ausencia


aunque el tiempo en que tememos ser desalojados
sea el que sostiene la vida
y el centro esté aquí,
lleno de deseo y ausencia

Embarcarse en la lectura de "Tuvimos" (Bartleby, 2013) supone un viaje en el tiempo pero no en sentido lineal, como nos tienen acostumbrados tantos periplos literarios; este trayecto parece producirse por aquellas regiones de la memoria -esa ficción más real para el yo que cualquier realidad- donde el tiempo colapsa y se miran de frente presente y pasado:

como el rostro de esa niña de pocos años
y el halo satánico que se disuelve
en las venerables canas de la anciana
cuando las dos se miran en mí
al final de su vida.

y las conjugaciones de tiempo: “tuvimos, habríamos tenido” quedan arrasadas ante la constatación de que el centro de esa temporalidad, su boca, es la que todavía habla llena de deseo y ausencia.

El pasado pervive en el presente del poema y los dardos lanzados por la mano de la madre siguen su vuelo aunque la mano pequeña que los lanzó sea ya una larva ajena a su futuro de vuelo. Es la memoria, sí: pero también es el presente: palabras que se enlazan como finas hebras de cordel unidas a los dedos.

"Tuvimos" es un poemario autobiográfico, en el que a pesar de esa labor de reconstrucción ficcional que resulta la memoria, hay una carga de verdad, con un resultado profundamente honesto. Un viaje a las raíces, que ya se han propagado levantando el suelo de las casas aledañas. Pero no hay una sola traza de mitificación en relación al relato familiar, esa memoria siempre incompleta y precaria que nos constituye, ninguna vocación de fábula. En cada poema se proyecta una luz fría, extrañada y a pesar de esa perspectiva que da la distancia con su lucidez que revela pensamientos, miedos e incluso los sentimientos más perturbadores de los seres amados, no es luz despiadada; más bien, en esos flashbacks encontramos cierta compasión por los que se acusan tristemente de infelicidad y quizás sólo fueron lo que pudieron ser. 

Al leer este libro han acudido viajes poéticos afines: el del poeta escocés John Burnside en su maravilloso y descarnado poemario de 1995, Swimming in the flood (Nadando en la inundación) en poemas como Esposa bruja o Quemar a una mujer:

“Y así, por muchas veces 
que intentes retirar el hilo de fulgor

de la piel de agua y suero de su hijo
la lengua de la madre se escurre por su lengua

Y él se queda en el patio como una niña
mientras recoges el ganado”

O ese recorrido por la memoria familiar  de “Tiento” de la poeta mexicana Rocío Cerón para la que como Rosa Lentini, la vida es una sucesión de lazos que tensan gradualmente su nudo y que en un poema llamado La gramática del nudo nos dice:

Algo nos precede. Letal. Como el primer día que aprendimos a hacer nudos.
Y a cada ritmo un fardo un bloque una ceguera un escondite.
—animal cautivo, apenas intuición o atentado de luz.
Algo clama un patio de hileras verdes y fresnos crecidos hasta el instante de la boca.

¿Quién habla en mi cabeza y aturde al bulbo con su llanto?


Pero Rosa Lentini hace de ese viaje una experiencia más radical aún, porque se abisma en la subjetividad de los otros en una omnisciencia que más que un poder es empatía y nos hace conocer sus miedos, irresoluciones, la larga cadena del daño que toda familia va arrastrando junto a los lazos de amor. Ninguna luz sepia o consoladora para revisitar nacimiento y muerte: la brecha abierta en la carne después de un parto de tres días, el muro que dividió las dos casas de la infancia o la enorme cicatriz que divide de manera irreversible las dos mitades de la cabeza del anciano. 

Un bardo ciego para contar la historia familiar entre hermanos, pero clarividente en su ceguera. Poemas que examinan la floración del cuerpo y la irrupción del deseo como en estos versos del poema Clase de anatomía:

Yo me entregaba en secreto al placer
sin variar en lo fundamental la clase de anatomía

Porque “nada es más maleable que un niño y nada lo es menos que un niño blindándose”

Pero que también se detienen en la decrepitud, la vejez y la pérdida

Cuando la bañas su piel perfumada y fresca
huele a lavanda, y su ralo cabello teñido de rubio
reluce sobre su camisón de raso encarnado


Y esa violencia cotidiana (que la poeta deja asomar y hace tangible de manera magistral) que apuntala ese “pacto” de convivencia, esa paz que parece estar a punto de quebrarse a cada momento. Una confesión, un secreto no dicho. Decía Joseph Ernest Renán que “La esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común y sobre todo, que hayan olvidado las mismas cosas”. Si cambiamos nación por familia, quizás lo entendamos mejor.

El poema sería la interfaz: término tomado de la electrónica que designa esa zona de comunicación o acción de un sistema sobre otro, el espacio donde la memoria pone a bailar los tiempo, para resguardarse de las exigencias del patrón del baile. El poema es la mesa en la que dialogan vivos y muertos frente a los platos estampados en azul , un tiempo no clausurado del todo que como el sopor de una larga sobremesa o la niebla, se posa sobre el presente rompiendo los límites de lo convenido y su sintaxis de la extinción.

Todavía hoy, la poeta siente un pie que se estira y estira bajo la mesa hasta golpear su rodilla… todavía se queda a escuchar aquellas voces, agrietando así las operaciones familiares de borrado, la amnesia convenida, su propia temporalidad al decir:

Trago corazones y hago el recuento de mis muertos.

Laura Giordani
Enero, 2014



sábado, 11 de enero de 2014

Por la raya de la vida de tu mano pequeña: cuatro poemas de Luz Pichel



Alén, Pontevedra


LXI

Hay tréboles de cuatro hojas en ese prado
pero tú, a las polillas.

Te pasas las horas contemplando a las polillas grises de las luces,
que traen cartas:
sal al mediodía y trágate los colores de las mariposas en los zarzales.

Pídele a esa lagartija que te cuente
qué tesoro guarda para ti en su corazón larguirucho que late al sol,
entre las piedras.

Toma suavemente esa mariquita y no la muerdas, déjala así, que suba suba,
camino arriba,
por la raya de la vida de tu mano pequeña.



La marca de los Potros.
Colección Juan Ramón Jiménez de Poesía.
Diputación de Huelva, 2004.



Poema prólogo 

Hay en esta aldea un gato
que conoce los abismos.

Por la noche,
desde el Alto das Penas
se yergue y mira fijo la casa que fue de su dueño
y ladra como un perro rabioso.
Su sombra es larga y afilada.
Se clava en el pecho de uno de por vida.

Va a haber que matarlo.






Mariposa no soy 
A Mónica León Pichel


La ropa contra la piedra, 
el jabón contra la ropa, 
la lluvia contra el tejado del lavadero, 
y en medio de la lluvia te miras las manos 
abiertas como dos alas arrugadas, muy limpias. 
Pero tú no eres una mariposa, 
no se te va con agua la harina de las alas, 
tú puedes mojarte.


(Traducción de María Salgado) 
[Luz Pichel, Casa pechada, 2006, XXVI premio Esquío de Poesía, A Coruña, 
Fundación Casa Galicia] 






QUE EL TIEMPO PASE

I

Ni una gota más de Betadine,
ni una gasa más,
no se chupa la sangre de la herida,
la costra no se arranca,
se cae sola, cae
sola.

II

Pordiós que el tiempo pase,
desgájese la rueda de su eje, de la otra rueda,
ruede por el camino recto, recta, ruede,
avance la memoria y llegue al arenal
pósese allí la rueda, el tiempo
déjese allí caer, caer, quedarse,
olvide el griterío de los carros,
duerma una larga noche larga, larga.

III

La herida será entonces una rama seca en la llanura,
un pedazo de alambre.
En la rama me siento y contemplo la puesta del sol,
el alambre separa mi tierra de la tuya,
pero la niña se baja la braguita y muestra
la flor que ya no duele,
su dibujo infantil,
la hermosa cicatriz que el rey besó
antes de abandonarla en el barullo de una feria.
¡Dios mío, cuánto frío, cuánto frío!
Abrígate, corazón, abrígate.

(2005)





Luz Pichel (Alén, 1947) es licenciada en Filología Románica y responsable del Centro de Estudios de la Poesía de la Universidad Popular José Hierro de San Sebastián de los Reyes. Su obra poética, de gran calidad y originalidad, ha sido reconocida por importantes premios literarios. Es autora de los libros: El pájaro mudo (Ediciones La Palma, 1990; I Premio “Ciudad de Santa Cruz de la Palma”); La marca de los potros (Diputación de Huelva, 2004; XXIV Premio hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez); Casa Pechada (Fundación Casa Galicia, 2006, XXVI Premio Esquío de Poesía); y El pájaro mudo y otros poemas (Universidad Popular José Hierro, 2004), que reúne la reedición de su primer poemario junto a nuevos trabajos como Ángulo de la niebla, Cartas de la mujer insomne y Hablo con quien quiero.