Algunos fragmentos de "Sobrante" de Víktor Gómez





Tres aspectos emergen en la indagación abisal del sí mismo: el deseo, el lenguaje, la identidad. El otro es a su vez fuente de sufrimiento y de revelaciones. «El deseo sobrante es condición del secreto» apunta Arturo Borra en el epílogo. La vida y sus conflictos, ante la extrañeza de la imposibilidad del cuidado mutuo se siente un vértigo que es analogía de un mundo y un presente en el que podríamos estar al punto del colapso, de un cambio de paradigma de incalculables consecuencias. Sobrante cuestiona cómo amamos, cómo nos comunicamos, cómo gestionamos nuestras propias dosis de poder o compasión.

http://www.cpoesiajosehierro.org/web/index.php/poesia-en-red/convocatorias/item/viktor-gomez-presenta-sobrante





















Víktor Gómez (Madrid, 1967)

Reside en València. Poeta, editor y coordinador de eventos culturales. Publicó entre otros libros en 2019, Sobrante (La Garúa), en 2016 Mediodía (Ed. Eolas), en 2013 Pobreza (Calambur) y en 2010, Incompleto (Ed. 4 de agosto). En el 2020 sale el libro ¿Bailas? Le dice la soga al ahorcado, seguido de Siseo (Ed. Espacio Hudson).

Coordinó ciclos de poesía y lectura crítica en Librería Primado (2007-2018) y colabora con Tendencias XXI desde 2011. Co-fundador del Club Nuevo Mundo en 2017. A su cargo han estado varias colecciones de poesía y ensayo, siendo actualmente el coordinador de Lengua de agua para el sello Eolas Ed.,. de Lengua de agua (poesía y escritura creativa). Vinculado a la acción social desde 1990, actualmente es voluntario en El Casal de la Pau y València És Refugi, así como en Acción Poética Refugiadxs València. Ocupación actual: estudiante.

Las palabras ensayan su vuelo: un acercamiento al lenguaje poético


Durante el presente mes tendrá lugar el seminario de poesía "Las palabras ensayan su vuelo: un acercamiento al lenguaje poético” en la Biblioteca Pública de Valencia. La primera sesión tendrá lugar el próximo miércoles 8 de mayo.



A lo largo de las 4 sesiones de las que consta el seminario llevaremos la mirada a la palabra poética en el momento presente y consideraremos qué puede aportar la escritura poética en un mundo convulso.

Pero muy especialmente, indagaremos en nuestra propia cantera de materiales: ese universo personal de imágenes que constituyen nuestra singularidad creadora. Exploraremos nuestra sensibilidad a través de la indagación de nuestro universo imaginario.

Además de la lectura de textos, nos sumergiremos en la mirada poética a través de las creaciones de otras disciplinas como la música, la fotografía, el cine o la pintura.

En el cartel se encuentra toda la información referida al contenido de las sesiones así como los datos de contacto e inscripción.





Biblioteca Pública de Valencia Pilar Faus
Calle Hospital, 13
46001 Valencia
Teléfono: 96.256.41.30 Fax: 96.256.41.31
email: bpv@gva.es

url: http://www.bibliotecaspublicas.es/valencia


Tres poemas de Idea Vilariño







Tan arduamente el mar


Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.
Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso...

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo...

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.








Vive


Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.




Ya no será

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.





Idea Vilariño nació el 18 de agosto de 1920 en Montevideo, Uruguay. Publicó su primer libro de poesía en 1945 titulado La suplicante, por lo que se la considera perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45, en la que pueden ubicarse también Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa, Carlos Maggi, Alfredo Gravina, Mario Arregui, Amanda Berenguer, Humberto Megget, Emir Rodríguez Monegal y José Pedro Díaz entre otros. A este libro le siguieron distintos poemarios entre los que destacaron Nocturnos, de 1955 y el libro que tuvo mayor éxito popular: Poemas de amor, publicado en 1958 y dedicado al que sería el gran amor de su vida: Juan Carlos Onetti.

Fue miembro fundacional de las revistas Clinamen, y Número, y colaboró en Marcha, Asir, Brecha y Plural, y en el extranjero: Texto Crítico (México) y Casa de las Américas (Cuba). Fue jurado del Concurso Casa de las Américas en La Habana.

Su obra ha sido traducida a varios idiomas, como el italiano, alemán y portugués. Falleció en Montevideo el 28 de abril de 2009 a los ochenta y ochos años.

Canción de verano: tres poemas de Hannah Arendt


"Canción de verano" Hannah Arendt
Editorial Límite
Cuadernos de poesía La ortiga








      











Hannah Arendt

Hannover, 1906 - Nueva York, 1975) Filósofa alemana. De ascendencia judía, Hannah Arendt estudien las universidades de Marburgo, Friburgo y Heidelberg, y en esta última obtuvo el doctorado en filosofía bajo la dirección de Karl Jaspers. Con la subida de Hitler al poder (1933), se exilió en París, de donde también tuvo que huir en 1940, estableciéndose en Nueva York. En 1951 se nacionalizó estadounidense.









Fragmentos de "Pecios de la estrella" de César Márquez Tormo



Pecios de la estrella, 2018. 
Ejemplar Único, Número 61
Colección Poética y Peatonal





He visto bajar tumultuosos los ríos del acero hasta el confundir
de pampas secas con mares 

.                        .                                       .       .mares con trigos
el corazón con el discurso.

Sale el Sol a regalarse todos los días nos aleja el frío…

¿Y qué estrella sale a aliviar sus manchas?

Siento que en todo ello ando como la fruta en el árbol
mas no soy yo completamente.

Los ríos tumultuosos del acero son pequeños al lado de la Estrella.




Me tendí en tu bosque a leer un siempre en las pupilas
y amé-dolí nuestros tallos nuevos.

Pongo mi pájaro raro al servicio de una jaula momentánea.

Aquí sigo 

.        .              .echando raíces
.                          .                        .       .  respirándote.



Pienso en mi vida. De niño tenía miedo a la oscuridad. Hasta que entré el primero en la caverna. Era entrar en un viento nuevo 
como quien entra por primera vez al amor. Paciencia y delirio.

Voy abierto.

Pienso en mi cuerpo. ¿Conservará el Espíritu las zanjas de la carne como fósiles de su antigua morada? Mi cuerpo se ha vuelto enjuto como un junco mecido por el viento.

Aliento.

.                  .                              . Mi cuerpo es bello. Bella es la vida.

Pienso en el que yo soy. Nada temo. Hace veinticinco mil años que el dolor no duerme. Pero yo soy libre.

Voy abierto .                      .     .voy aliento voy   .  .               .     voy


Sí en eso pienso. Pensar es sonreír sin miedo. Y es extraño: 

la Estrella me comprende.







Tú  estás soñando con arbustos cuando viene.

Te levantas en la noche -la sed-y al regresar
el lecho está limpio:  ni rastro de maleza. Notas
todavía su aleteo disoluto  sonríes   agradeces
su ineficacia.


.     .                .De nuevo tumbado percibes
una fragancia de hierbas recién cortadas. Y
mejor
intactas
las raíces:

.       . .                   .                          .bullendo

Y es que tú soñabas con arbustos ígneos.




César Márquez Tormo


Nacido en Valencia (España) un tres de julio de 1965. Cursó estudios de Magisterio por la especialidad de Filología Francesa en la EUPGB de Valencia. Tras diversos trabajos y aconteceres de cuyas peripecias prefiere no acordarse, actualmente se gana la vida como maestro en un colegio público. Obtuvo un accésit en el cuadragésimo certamen poético “Amigos de la Poesía” 1998. Resultó finalista en el Primer Premio Internacional de Poesía convocado por el Instituto de Estudios Modernistas de Valencia. Obtuvo el premio “Marc Granell” de poesía del año 2000 convocado por el Ayuntamiento de Almussafes (Valencia) en la categoría de “mejor conjunto de poemas en castellano”, premio que fue correspondientemente editado junto al resto de galardonados en otras categorías por “Edicions 96” (Carcaixent-Valencia). Más recientemente, ha colaborado con un poema en el volumen “Poetas de Tierra y Luna”, homenaje al “Poeta en Nueva York” de Lorca, editado por Karima editora y en la revista Azharanía de Castellón. Su poemario “Pecios de la Estrella” ha visto la luz en la colección Único y Peatonal (nº 61) que dirige el poeta y pintor Gabriel Viñals.

Concibe su obra poética como un árbol único en el que los sucesivos poemarios son ramas distintas de un tronco común, fragmentos de un árbol en marcha, investigación y descubrimiento, a la par, de la palabra: “Palárbolas”. El grueso de estas palárbolas permanece inédito, flor a la espera del fruto.

Un poema de Blanca Varela




DESTIEMPO

El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, tenemos prisa por golpear
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? ¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo,
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.

Blanca Varela

"Canto Villano. Poesía reunida 1949-1994"
(Fondo de Cultura Económica, México, 
1996).



Poeta peruana nacida en Lima en 1926. Muy joven ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación trabando amistad con importantes intelectuales de la época. En 1949 se radicó en Paris donde conoció a Octavio Paz quien fue determinante en su carrera literaria, conectándola además al círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia.
Posteriormente vivió en Florencia y Washington donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos.
En 1959 publicó su primer libro, «Ese puerto existe», en 1963 «Luz de día» y en 1971 «Valses y otras confesiones». 
Más tarde, en 1978, realizó la primera recopilación fundamental de su escritura en «Canto villano». Finalmente apareció su antología de 1949 a 1998 con el título «Como Dios en la nada».
Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001, el Premio Ciudad de Granada 2006 y los premios García Lorca y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2007.



Falleció en la ciudad de Lima en marzo de 2009 .

¿Quién habla? Una aproximación a "Por nada del mundo" de Antonio Méndez Rubio




Es muy difícil hablar sobre un libro como “Por nada del mundo” siguiendo el guión de las reseñas al uso. Quizás porque Antonio nos está invitando a desasirnos de rituales literarios o en todo caso, señalándonos la ausencia de suelo y la imposibilidad de seguir aferrados a las tablas de una retórica que busca anclar en el poema su plenitud, su simulacro de vida.

La utilidad de la poesía está en recordarnos
que es difícil seguir siendo la misma persona,
porque nuestra casa está abierta, su puerta, sin llave,
y los huéspedes invisibles salen y entran.
Czeslaw Milosz




Difícil, podríamos decir imposible- seguir siendo los mismos ¿Quién habla? Como esas nubes -nubes mías dice Antonio- que nos atraviesan a través de lo no dicho y se evaporan sin aspiración a permanencia alguna, difícil definir un sujeto poético (¿uno?) inestable, descentrado, poroso y un discurso que balbucea no como estrategia retórica (simulacro de balbuceo o precariedad) sino como honesta afasia. Un despojamiento que no es mero recurso estético a lo arte povera sino más bien, la expresión de quien habla fallándole la voz. ¿Cómo hablar cuando ya no hay suelo bajo los pies? ¿Cómo seguir hablando, es decir empuñando la misma sintaxis – como si nada hubiera pasado? ¿Con qué aliento decir la ausencia de mundo? En un poema del libro llamado “Aliento” leemos:

En una oscuridad
mayor que cualquier palabra
quien habla
de una casa perdida
para siempre
porque sí, fallándole
la voz… ¿qué habrá oído
decir?

El poema como interfaz, término tomado de la electrónica que designa esa zona de comunicación o acción de un sistema sobre otro. El poema como mesa en la que dialogan vivos y muertos. ¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor, quizás algo muerto que por momentos parece vivo, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar”. El espinazo del diablo.

En todo caso, los fantasmas son seres de frontera que se mueven en esa interfaz o territorio donde los tableros muestran su inutilidad y los mapas conocidos su fracaso. Así lo poético como “anomalía magnética”, una anomalía lingüística cargada de intensidad Lo anómalo: desviación o discrepancia de una regla o de un uso. ¿Qué significaría políticamente en un sistema en el que la muerte es la norma?

Estáis muertos / Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera
diría no lo estáis. 
.Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida. (Vallejo, Trilce, 174)

La memoria de los que ya no están entre nosotros (o sí) y las cunetas que aún murmuran, eso que se ha llamado memoria histórica. Algo bastante inquietante es que muchas veces lo que realmente une a una comunidad (o a una familia) no es la memoria compartida (siempre frágil, incompleta, evanescente), sino lo que ese pueblo o ese grupo humano ha decidido olvidar en común, el común olvido. Lo que ha decidido invisibilizar: tornar invisible a nuestro campo de conciencia. Y que en las parasomnias y los arrabales de la vigilia vuelve a tomar cierto espesor, cuando se resquebraja ese finísimo espejo frente al que repetimos “yo, yo, yo” como un mantra. Ellos, los tachados del relato oficial, se hacen audibles para quien todavía tiene oídos para escuchar, se hacen visibles para quien, quizás, tenga el valor de mirarlos. ¿Quieres vernos? nos preguntan, apartando la tierra de sus rostros. Para que alguien al fin, los llame por su nombre.

El árbol transgeneracional que revela en nudos su memoria del daño, creciendo torcido como fidelidad a la savia interrumpida. El mismo árbol que carga con los muertos para que la savia siga circulando por la rama rota, resistiéndose a olvidar estirándose extramuros del pacto de silencio, de la amnesia convenida.

Resucitar a los tachados de la historia, los olvidados, remover la tierra de la cuneta para que los huesos resplandezcan: a más tachadura más alzan la voz, insisten en su dolor que quiere ser escuchado. No hablando por ellos, dejando que hablen. No impostando su voz.

Hace algunos años titulé una nota sobre la poesía de Antonio como “Palabra en la intemperie”, ahora radicalizaría ese titular y diría “Palabra en la indigencia”. El poema no viene a ofrecernos ninguna ganancia, al contrario, nos tiende la mano para pedir sustento como esos monjes mendicantes de la India, los sannyasins. No es poema en una góndola ofreciendo una promesa de plenitud en un mundo que ha desaparecido. El poeta mendicante como esos sannyasins que habiendo reunido suficiente fuerza interior para renunciar totalmente a lo conocido (el lenguaje también puede ser una fuente de seguridades) se desplazan de un lugar a otro, extramuros de la ciudad para mendigar su alimento. Podemos leer en el poema llamado “Dando las gracias”:

Hoy hay quienes nos pasan
antes de caer la noche
Por delante,
sin mirarnos,
echándonos monedas.

Llevar la precariedad al lugar del poema, desubicar el lenguaje y volverlo a construir en otro lugar. Ciertamente, es radical apostar por la mendicidad de la escritura en tiempos de Neuromarketing -disciplina en auge que no solo interpela desde las góndolas del supermercado global, sino también en la  pirotecnia lingüística de mucha de la poesía que  se mueve en circuitos efectistas y que hasta se disfrazaría de indigente para seguir pretendiendo que aquí no ha pasado nada.  

¿Cómo se expresa la resistencia en la escritura poética de Antonio Méndez?

Hay en “Por nada del mundo”, así como en otros libros de Antonio, un intento de romper amarras con la referencialidad, con el servilismo del significante que se rebela contra el peso del significado. Eso que muchas de las vanguardias formularon en sus programas hace tiempo y que tiene un carácter político; es político hacer lugar en el poema a los otros, (paratextos) para que puedan ingresar a un discurso hecho comunidad, así como el lugar (iluminado, subalterno, descentrado) en el que se sitúa el enunciador. Como es un gesto resistente la demolición de la retórica que sostiene este mundo irrespirable.

Abrir espacios libertarios en tiempos de dictadura de la claridad en que el compromiso político se concibe casi exclusivamente como una cuestión temática, pero que continúa hablando como siempre y arengando como siempre desde los mismos púlpitos. Vino viejo en odres viejos.  Ceguera por transparencia, los paradójicos efectos del exceso de luz que nos ciega para ver un mundo nuevo. Hemos dejado de ver por necrosis de nuestros párpados a tanta luz.  Decir la falta de lugar, la falta de mundo que hace que el poema no pueda sostenerse y haga aguas.


La tiranía de la razón

Como en otros libros de Antonio Méndez, hay una rebelión contra la razón logocéntrica, un cuestionamiento de la lógica teniendo que presidir el discurso. Y encontramos un rescate de aquellos estados de conciencia marginales a la razón: parasomnias, semi-vigilias, la penumbra inquietante en la que fecunda lo no dicho aún y las posibilidades de que algo inédito encarne.




Una sección del libro lleva el nombre de “Simplicius Simplicissimus” y cuando leí ese título no me remitió a la novela barroca alemana de 1668, sino a trescientos años después, concretamente al año 1978 cuando televisión española emitió los trece capítulos de “El aventurero Simplicissimus”. La historia de un joven huérfano, vagabundo y educado como un animal más que llega a una aldea perdido, despojado de todo y es recogido por un monje ermitaño que le da el nombre de Simplicius a causa de su sencillez y candor intelectual. Tras la muerte de su mentor, Simplicius se ve arrojado nuevamente a un mundo cruel y despiadado, un mundo de depredación.

Ni tan siquiera pedir
nada… Depositamos flores
oscuras a la entrada,
de viva voz,
descalzos. Volvemos
oliendo a humo.
Bebemos agua.


Y viene a la memoria el enigma de Gaspar Hauser y la silueta -casi fantasmal- del poeta argentino Juan Carlos Bustriazo deambulando por las afueras de Santa Rosa de la Pampa, excéntrico: alejándose del centro de lo convenido. La lengua titubeante de los que caminan por las afueras de la polis con los párpados humedecidos por las insignificantes luminarias, esas que se han apeado del firmamento, insectos-bujías visibles sólo para quienes todavía son capaces de ver con la luz de los idiotas.


Laura Giordani
Valencia, 22 de Junio 2017.

El artículo completo publicado en la revista Tendencias 21 en Agosto de 2017:
https://www.tendencias21.net/Quien-habla_a44126.html


Fuentes y referencias
Milosz C. The Collected Poems: 1931-1987. Penguin, 1997.
Vallejo C. Obra poética completa. Madrid: Alianza Editorial, 1999.
Toro del, G. El espinazo del diablo. Película coproducida por España- México, 2001.





Antonio Méndez Rubio

Nacido en Fuente del Arco (Badajoz, España) en 1967, Antonio Méndez Rubio es uno de los autores más destacados de la actual poesía española. Poeta, ensayista y activista, participa en grupos libertarios de acción cultural y sociopolítica en Valencia, en cuya universidad enseña Teoría de la Comunicación.
Destacan sus libros El fin del mundo (1995, Premio Hiperión), Un lugar que no existe (1998), Trasluz (2002), Por más señas (2005, Premio Ojo Crítico de RNE), ¿Ni en el cielo? (2008), Extra (2010), Cuerpo a cuerpo (2010) y Siempre y cuando (2011). En el cruce de poética y sociedad, ha publicado Poesía y utopía (1999), Poesía sin mundo (2004) y La destrucción de la forma (2008). En materia de crítica cultural, su obra incluye Encrucijadas (1997), La apuesta invisible (2003) y La desaparición del exterior. Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (2012).

Con la fe de una noche sin puertas: fragmentos de Historial de Marta Agudo Ramírez




Historial (Ediciones Calambur, 2017)


La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía
más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía,
la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos.
Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano
cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al
menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.

Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas



… Mientras, el tiempo busca en los directorios a quién llama
esta vez.



El hospital que recluta con una herida en la faringe.

.     .«Polígono de experiencias», homenaje al tempus fugit,
.      . patera hacia la hipótesis de un después mejor.

El hospital: monumento a la segunda oportunidad.

«Sólo a los terminales —me repito— se les llenan de arena
.    .  los pulmones. Sólo a los terminales».

Reseca y última desnudez.






.                .               . CUATRO TIEMPOS


.                     .              I

Se derramaba la vida por los lados y enjambre de delfines
.    .  sorprendidos.


Pensaron que era el mar y su aridez los tomó por sorpresa.
.   .   Los pentágonos (nadie los había avisado) no son
.   .   habitaciones confortables, excepto para tres abejas que
.   .   recorren con su lengua el ansia de lo dulce. Altivez
.   .   geométrica.


Pensaron que era el mar, tanta ola incendiada. Los
.   .   pentágonos no hacían el entorno más habitable y
.   .   nadaron por superficies blancas de aquella espuma
 .   .  anfitriona.

Pensaron que era el mar, pero dónde la marea y su sintaxis.
.   .   Avance o matadero. El celibato del crimen se impuso a
.   .   la evidencia y la paradoja a la luz de las luciérnagas.
.   .   Con todo, uno de ellos se adelantó. Pensó que era el mar o
.   .   el engaño infantil de quien nunca cae enfermo. Creía
.   .   haber visto crustáceos en los márgenes. Epicentro de
.   .   volcanes sin cráter, ardor de moléculas reticuladas.
.   .   Surcó los saladeros, pero oxígeno expatriado. Adelantó
.   .   algunas leguas y ni el más perspicaz de los observadores
.   .   lo habría visto pararse.


Creyó que era el mar y su bandera sin barras ni yugos. Lo
.   .   confundieron con un hombre y fue poca la sangre
.   .   vertida. La sal absorbe las huellas y al cabo de unos
.   .   minutos todo quedaba igual. Arrecife de la devastación
.   .   o peñasco con hueso reciente.

Se derramaba la vida por los lados…


.                .                     .  II

En qué se distingue un pájaro del nido, el gris de otro gris
.   .   que al ser más vertical carece de trastornos.

Aprobó entonces el cielo que, sin cláusulas ni condiciones,
.   .   pudiera emerger hacia abajo su autonomía. 

Se derramaba la vida por los lados y en medio de la
.   .   hecatombe nació un río de arena. Arenario hecho
.   .   carne, vidrio perplejo. Todo se mezcla cuando se
.   .   intuye la catástrofe. El planeta descifra sus códigos
.   .   y el ADN del viento se jacta de ser sin ser; llanto
.   .   invisible.

Acércate y escucha cómo se mueve la tierra.

Se derramaba la vida por los lados y fue allí y entonces donde
.   .   creció, sin más motivo que la sucesión de otra cruzada,
.   .   un árbol, el canon de lo vegetal, la organización
.   .   anónima de lo idéntico.

¿Lo idéntico? No hay biografía igual a otra. Abre bien los
.   .   ojos y verás qué derroche de púas contrarias, qué
.   .   sarampión de grises el invierno.

Se derramaba la vida por los lados y cinco meteoritos
.   .   festejaron al llegar la mañana el ímpetu irreverente de
.   .   la espina, el recelo hecho estrategia.





.                       .              . III

La manera de fabricar espacios íntimos narra el curso de la
.   .   historia. No fue el verde o la densidad del pleistoceno.
.   .   Antes de que el presente concluyera ya existía este
.   .   paisaje de franjas.

Ni el sol se atrevía a consagrarlo y sólo la luna aceptó, con
.   .   el ímpetu de sus articulaciones, el reto de alentar
.   .   crecientes mareas de sal.

Se derramaba la vida por los lados y sólo montañas, aunque
.   .   alguno dijo que al fondo podía escucharse la memoria
.   .   de dos mares gemelos. Las olas que no rompen se
.   .   enquistan en la orilla o el subconsciente azul de todos
.   .   los ahogados.

Dólmenes, monolitos, círculos donde hablar con la tierra de
.   .   tú a tú.

No hay emisarios suficientes para tanta angustia erigida. Las
.   .   piedras enardecen a los hombres, que hacen con ellas
.   .   cabañas o escudos a partes iguales. La intersección del
.   .   «contra» y el «con», las vicisitudes del miedo. El círculo
.   .   serena horizontes pues en la curva se pierde cuanto la
.   .   recta tiene de lanza.

Se derramaba la vida por los lados, pero dios nunca llegó.
.   .   Ellos siguieron construyendo, con la fe de una noche
.   .   sin puertas, círculos o entradas a ninguna parte,
.   .   accesos pétreos a lo subconsciente, letanías minerales,
.   .   superficies acaso de un cerebro incendiado.

Tanto himno ¿para qué? ¿Para quién tanto ofrecimiento? No
.   .   importaba el destino sino obrar. La nieve imaginada
.   .   por tantas manos frías. Las arañas dejaron de tejer sus
.   .   fastuosas telas porque nadie se ahorcaría allí. Pero era
.   .   importante estar, permanecer en guardia ante un cielo
.   .   sorprendido por no tener mensaje alguno.

¿Quizá era una broma, el sarcasmo de lo trascendente vestido
.   .   de niñería? Da igual. La elipsis o la clave perenne de
.   .   todas las cerraduras.


.                     .                   .IV

La incomunicación, el sigilo del tiempo o la sordina de la
.   .   experiencia. El nadie o la clave de todas las cerraduras.
.   .   Pero la vida se derramaba por los lados y no se
.   .   supo nunca por cuántas leyes de Newton o círculos
.   .   de Galileo se dirimió que el hombre observaría su
.   .   alrededor, por cuántos pronósticos de Kepler admitió
.   .   que habría de morir, por cuántos barrotes salados el
.   .   renacer anónimo de tanta vitalidad…


Diálogo con la serie fotográfica «Altas soledades»
de Cano Erhardt





Marta Agudo Ramírez (Madrid, 1971) es doctora en Filología Hispánica con una tesis acerca de los géneros del poema en prosa y el fragmento en la literatura española del siglo XIX. Ha publicado los libros de poemas Fragmento (Celya, 2004), 28010 (Calambur, 2011) e Historial (Calambur, 2017). Coeditó la antología Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) (DVD, 2005) y coordinó con Jordi Doce el volumen Pájaros raíces. En torno a José Ángel Valente (Abada, 2010). Entre 2004 y 2008 fue directora de la colección de poesía y pintura “El Lotófago”, de la Galería Luis Burgos (Madrid). Es la encargada de la edición de la novela póstuma de Ana María Navales El final de una pasión (Bartleby, 2010), así como de una selección de los artículos de esta última sobre literatura hispanoamericana (Calambur, 2008)
.
En 2010 publicó su estudio sobre la estancia de Valente en Madrid (Valente vital, Universidade de Santiago de Compostela) y en 2014 vio la luz su traducción del catalán al castellano del poemario Tot és ara i res de Joan Vinyoli.

Su obra ha sido incluida, entre otras, en las antologías: Poesía Pasión (ed. de Eduardo Moga), Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España (ed. de Julio Espinosa), 12 + 1. Una antología de poetas madrileñ@s actuales (ed. de Alberto Infante) y recientemente en Sombras si-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991), Madrid, Vaso Roto, 2017, ed. de Amalia Iglesias.