La blanca elección de Emily Dickinson



A finales de 1861, con treinta y un años, Emily comienza a vestir de riguroso blanco y a confinarse en la habitación de su casa de Amherst, Massachusetts. La poeta lo llama “la blanca elección” (the white election) que cumplió a rajatabla hasta su muerte, casi veinticinco años después. Además de la negativa tajante a publicar sus poemas.
En los últimos quince años de su vida, nadie en Amherst volvió a verla, excepto algún caminante que pudiera ver su figura vestida de blanco paseando por el jardín de los Dickinson.

"He tenido un extraño invierno: no me sentía bien, y ya sabes que marzo me aturde" (carta a Louise Norcross).

En otra nota de disculpa por no haber concurrido a una cena a la que estaba invitada, dice: "Las noches se hicieron calientes y tuve que cerrar las ventanas para que no entrara el cuco. Tuve también que cerrar la puerta de calle para que no se abriera sola en la madrugada y tuve que dejar prendida la luz de gas para ver el peligro y poderlo distinguir. Tenía el cerebro confundido —aún no he podido ordenarlo— y la vieja espina aún me lastima el corazón; fue por eso por lo que no pude ir a visitarte".

Durante los tres últimos años de su vida no salió siquiera de su habitación, ni siquiera para recibir a su querido Samuel Bowles. El anciano se paraba en la entrada y la llamaba a gritos por la escalera, diciéndole alguna palabra cariñosa. Nunca tuvo éxito en su intento de verla o de cambiar una palabra con ella.

Cuando la primera esposa del escritor Thomas Higginson murió, la poeta le envió esta frase: "La soledad es nueva para usted, Maestro: permítame conducirlo".





para Emily Dickinson

Del otro lado de la noche
la espera su nombre,
su subrepticio anhelo de vivir,
¡del otro lado de la noche!
Algo llora en el aire,
los sonidos diseñan el alba.
Ella piensa en la eternidad.

Alejandra Pizarnik
De ”La última inocencia”, 1956.

Poema 657

Vivo en posibilidades-
morada más hermosa que la palabra-
en ventanas más numerosa-
óptima- en puertas-
en reductos como los cedros-
inexpugnables al ojo-
para un techo imperecedero-
los tejados del cielo-

visitas-las más preciosas-
ocupación- ésta-
extender bien abiertas mis angostas manos
para juntar el paraíso-
--
c. 1862
--
vestido de Emily
Poema 1434

No te acerques demasiado a una casa de Rosa-
la depredación de la brisa
o inundación de rocío
alarman sus muros afuera-

ni trates de atar una mariposa,
ni trepes las barras del éxtasis.
en la inseguridad de la mentira
asegura el júbilo su calidad.

c. 1878



Poema 1451

Cualquiera que desencante
a un solo ser humano
por traición o por irreverencia
es culpable de todo.
Inocente como un pájaro
gráfico como una estrella
hasta una sugestión siniestra
que las cosas no son lo que son-

c. 1878
--

habitación de Emily Dickinson

Poema 280

Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente -
--
y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor -
comenzó a batir -a batir -hasta que pensé
que mi mente se volvía muda -
--
y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,
--
como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí -
--
y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí -
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -
c. 1861

Traducción de la poeta argentina Silvina Ocampo.

38 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Querida Laura: Leeré cada poema con detenimiento, una y otra vez. Decir que ya los leí no sería justo. A Emily hay que excavarla como un arqueólogo. Y decirte que tu entrada es exquisita es repetirme, pero lo es. La ropa vacía destila la reminiscencia de quién la habitó. Quizá en el vestido vacío de Emily haya más Emily que en el vestido habitado.

Schumann rodea la cintura de ese vestido, sin atreverse a tocarla.

Un abrazo.

Portinari dijo...

Laura, es muy hermosa esta entrada tuya, destila delicadeza.
La blanca elección de Emily es enternecedora, ablanda a uno hasta querer hacer como Samuel Bowles, que la llamaba, aún cuando yo creo que ni siquiera esperaba respuesta alguna. Sólo por sentirse cerca, con la voz dentro de los oídos de ella, y acariciar su tristeza lánguida, que no lleva ese nombre.

Los poemas, tal y como dice Mariel, son tumbas que hay que excavar y, perdóname si acaso lo macabro del comentario, exhumar la resurrección de las palabras. Encontrar su verdadero yo.

La figura de Emily, como otras, me invita a querer volver atrás en el tiempo, a conocer, a atisbar esa voz, su manera de mirar, el pomea que es la persona, ésta en concreto, de blanco, que encierra el paraíso entre sus manos, con estos poemas, tal y como ella misma dice.

Hermosa entrada Laura. A la resurrección de la palabra.

Vi Gawain dijo...

Me ha encantado tu entrada, Laura. Empecé a leer poesía en serio, entre otrXs poetas, con Emily (empezar la casa por el tejado? jeje). Así que me ha traído recuerdos y me han entrado unas ganas horribles de releerla otra vez.
Gracias!!
Un saludo.

El hombre de arena dijo...

Hola Laura bellisima entrada me han cautivado estos versos tan profundos como la conciencia del mundo, siempre es placentero pasar por tu blog, me deja tranquilo el corazon.
Saludos

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Tan honda y tan sencilla. Ese propósito suyo del blanco, ese silencio... Estremece pensar que su belleza reside ahí, en ese ser, ese ángel asustado.

rubén m. dijo...

Dios, qué escalofriante la habitación, con el vestido fantasma de Emily...!

No me gustaría pisar EEUU sin entrar en ese cuarto.

Fantástica, Laura, la evocación de aquella "white election" y tu selección de poemas. Emily Dickinson nos traspasa a todos los que deambulamos por aquí.

un abrazo

mariajesusparadela dijo...

Gracias, Laura.

Stalker dijo...

Laura:

no sé cómo lo haces, pero al margen del tema que trates, y de mi bienamada Dickinson, infalible y desgarradora siempre, lo haces como el pajarito que construye nidos. Qué mirada estética, tan acariciadora, la tuya, no sólo en tus poemas sino en lo que ofreces a los demás.

Admirable enmudecimiento es mi actitud ante esa generosa delicadeza,

abrazos

Lola Torres Bañuls dijo...

es muy bonita esta entrada. La elección de los poemas y las fotos.
Gracias Laura.

Un abrazo.

Laura Giordani dijo...

Querida Mariel: cuánta razón.

Emily, como otros poetas de densidad similar, pide relectura y en cada regreso encontramos algo nuevo, diferente. La palabra de Emily requiere pausas, respiraciones, retornos. En dosis homeopáticas por su alto voltaje curativo o demoledor. Tu lectura de esos vestidos vacíos es reveladora para mí. En ese vacío, en ese silencio en el que ella quiso vivir y escribir, en esa elipsis de ella misma, la reencuentro con más fuerza.

Que tus párpados conserven ese don de traspasar los contornos, Mariel.

Te dejo un abrazo muy fuerte y gracias!

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querida Portinari:
No sé porqué percibo líneas secretas entre Emily y tú, te percibo como una lectora capaz de comprender y empatizar intensamente con la vida y la palabra del "lirio blanco de Amherst". No sé, locuras mías o hipersensibilidad.
Ella si que era delicada en su rescate de aquellos seres minusculos como un abejorro o el rocío y su vértigo en la hierba, antes de salir el sol.

Agradezco mucho tu paso por aquí y la imagen de las tumbas me parece adecuada: no es una voluntad exhumatoria tanática, no. Es esa llamada a que la palabra se levante de su fosa. "Resurrección de la palabra"· dices y yo digo amén.

Un abrazo fuerte.

Laura.

Yaiza Martínez dijo...

Parece que estos poemas se crecen con tu interpretación, Laura. La blanca elección de Dickinson me hace pensar en un viaje o en una decisión espiritual de ahondar en la trama del lenguaje. Algo con lo que me identifico enormemente. La clausura dentro de las palabras. No sabes cómo empatizo con esta perspectiva que nos has aportado. Muchas gracias por tu visión, un abrazo, Yaiza.

Laura Giordani dijo...

Hola Vi Wagain: beinvenida a este sitio. Me alegra mucho que esta entrada te haya dado ganas de regresar a la poesía de Emily. No sé si empezaste la casa por el tejado; en todo caso la fundaste con un muy buen cimiento.

Te dejo un cálido saludo y gracias por tu comentario.

Laura.

Laura Giordani dijo...

Hombre de arena (cuánto me gusta dirigirme a alguien con ese nombre; ¿quién no es un hombre o mujer de arena en realidad, disuelto antes o después por algún golpe de mar?) Regresa cuando quieras a recolectar esa serenidad que aquí encuentras. La marea está baja, no temas.

un saludo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Dices un ángel asustado, eso era también ella, Esther. Refugiada en el blanco. Candor infranqueable.

Gracias por tu mirada.

un abrazo,

Laura.

Leonardo dijo...

Hermosa presentación de Emily Dickinson a través de tu evocación del último periodo de su vida. No conocía su "blanca elección", ligada a su encierro o esa caída como lo dice en el poema 280, poemas liberados del peso del título. Estremecedora poesía como lo señalan los comentarios, versos a los que siempre se regresa con sorpresa, agrado y emoción. Una poesía en contacto con otras materias que nos son inalcanzables, del orden de lo inefable, de lo 'sagrado' casi.
"Cualquiera que desencante
a un solo ser humano
por traición o por irreverencia
es culpable de todo".
Gracias.

El hombre de arena dijo...

Laura me alegro que te agrade este nick o seudonimo para el mundo virtual, te cuento que mi primer libro de poemas se titula Los hombres de Arena he intenta reflejar justamente ese romperse en los mares del tiempo.
Saludos

Laura Giordani dijo...

Querido Rubén:

Gracias por tu comentario y sé que Emily es para tí una poeta querida ya que he podido encontrarme con su intensidad en tu blog con tus excelentes traducciones. Me encantaría también poder visitar su casa y esos jardines por los que deambulaba. Todo debe estar impregnado de la blancura en la que decidió vivir.

Ya pasaré a hacerte una visita.

Un abrazo fuerte, Rubén.

Gracias.

Laura.

Laura Giordani dijo...

La agradecida soy yo, María Jesús.

Te dejo un cálido saludo.

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querido stalker:

En todo caso hay una vocación, siempre por encarnar, de ser ese pájaro que teje nidos. Tu sensibilidad (y la de otros pajaritos que anidan por aquí) -en todo caso- es el aliento para seguir.

De corazón, gracias por tu compañía.

Un fuerte abrazo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querida Lola: me alegra tu lectura y te animo a que ahondes en la poesía de Emily, te va a aportar mucho. Por cierto, ahora caigo en la cuenta de que el pasado sábado en Primado olvidé facilitarte los libros de Viñals... lo siento. A ver si surjen otras oportunidades de vernos. Leeremos en Primado en unos diez días, junto a otros poetas editados en Baile del Sol. Ya hablamos.

Un abrazo y gracias!


Laura.

Laura Giordani dijo...

"La blanca elección de Dickinson me hace pensar en un viaje o en una decisión espiritual de ahondar en la trama del lenguaje"

Qué bien lo has expresado, Yaiza. Sí: la blanca elección va mucho más allá de una extravagancia en el vestido o una excesiva aprensión frente a los demás; quizás la voluntad de encarnar -incluso con su propio cuerpo, ese viaje espiritual, esa búsqueda por los hontanares internos, sin distracciones. Su propia economía linguística habla de ese continuo despojamiento, ese espíritu austero que no quiere lastres en ese viaje espiritual. Esto es mucho más que una apuesta estética o una postura literaria, se le fue la vida en ese desasimiento del blanco.

Agradezco tu paso por aquí e imagino por lo que he podido leer tuyo, que hay secretas complicidades entre tu busqueda poética y la de Emily.

Un abrazo,

Laura.

Arturo Borra dijo...

Lo genial de esta entrada, Laura, es su delicado tejido, enlazando también a Pizarnik. E. Dickinson vestida de blanco, confinada al margen de la escritura, en blanca elección. Como una retirada del mundo para poder poetizarlo. Una retirada ascética para sumergirse en un “extraño invierno”, el que probablemente haya sido toda su vida. Pero esa ascesis no oculta la fragua pasional que está ahí, sublimada. Por eso las noches calientes, una herida perenne, transmutada en una soledad que está más allá del campo de las decisiones conscientes.
Llanto del aire: posibilidad de vida en la morada del lenguaje, en la ventana que permite mirar un “afuera” al que nunca se accede. La poesía radical persigue esa fuga de las jaulas; pero está el “techo imperecedero”, “los tejados del cielo”.

No es difícil advertir tras esa suavidad un dolor más profundo que su nombre: “un funeral en mi cerebro”, la fractura del sentido,

y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí –

Qué versos más inusualmente intensos, como pocas veces. Qué duda cabe: has seleccionado unos poemas extraordinarios y si hay algo que en este espacio crece es eso: un oasis fuera del registro de la cotidianeidad.
Mucha belleza Laura, que nos das, en trazas imprescindibles.
Gracias y un beso,
Arturo

Lola Torres Bañuls dijo...

Querida Laura:
No importa lo de los libros de Viñals ya tendremos ocasión.

Ya me avisareís de la lectura, si puedo ir no faltare.

Un abrazo grande.

Nuria dijo...

...la clausura dentro de un traje, la libertad también....
qué honda eres.. y schumann... aunque yo me quede en sus lieder

Laura Giordani dijo...

Leonardo:

Me gustan esos versos de Emily que has entresacado. Estamos hablando de blanco como elección, de la defensa radical de la inocencia. Culpables aquellos que manchan la nieve del mundo o enturbian las hebras del corazón.


Gracias y un abrazo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

A ver si se puede leer poemas de Hombres de arena en tu blog, pasaré a visitarte.

Un cálido saludo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

"Pero esa ascesis no oculta la fragua pasional que está ahí, sublimada. Por eso las noches calientes, una herida perenne, transmutada en una soledad que está más allá del campo de las decisiones conscientes".

Querido Arturo:

Tu comentario es ya una entrada, da para otra entrada de Emily Dickinson y ese costado pasional, pulsional que adivinás bajo el blanco. Magma cubierto por la nieve o fuego purificado, destilando lo sobrante del combustible para exteriorizarse blanco, irreprochable.

Intensidad, fogonazos blancos como relámpagos, asi nos llega la palabra de Emily, después de estar expuestos a estos instantes fulmíneos, la noche ya no vuelve a ser la misma.

Muchas gracias por tu derrame.

Un beso,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querida Lola: en el blog de Arturo tienes los carteles con los recitales de Acercando Orillas, a ver si nos vemos. Ya te pasaré los libros.

abrazos,

Laura.

Laura Giordani dijo...

"la clausura dentro de un traje", que hermosamente lo dices, Nuria. Ese vestido templo viviente, adaptado a los huesos, confinamiento íntimo.

Gracias por tu visita.

Un abrazo grande,

Laura.

chivilboy dijo...

lo mejor que me paso en el dia fue descubrir este blog.
Un beso.

Bel M. dijo...

Te he encontrado en el blog de Stalker, Laura. Gracias por el hermoso blog, por la luminosa entrada. Una vez escribí: "Emily, pequeña, oscura y blanca", pero otro día te lo cuento. Ahora quiero concentrarme en la que tú nos has traído. Y en tus Reflexiones poéticas... están además Nick Cave y Alejandra y José Viñals a quien pude oír y hablar hace unos años. Muchas y muchos... y el duraznero, que gracias a Blanca Varela sé que es un melocotonero...
Un abrazo.

Laura Giordani dijo...

Chivilboy, bienvenido a esta casa. Las puertas están abiertas.

He pasado fugazmente por tu blog y me ha impactado la foto que has puesto en la cabecera, preciosa. Parece uno de esos paisajes entrañables para mí, aunque ahora físicamente lejanos.

Gracias por tu visita y un abrazo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

"Emily, pequeña, oscura y blanca",

qué belleza, Bel. Ya me contarás de lo que disparó ese fogonazo.
çMe alegra que hayas llegado hasta aquí, creo recordar haberte leído también en la cueva de topos de Marienbad. He intentado pasear por tu blog pero no me deja.

Alejandra, Blanca, José Viñals, tantos relámpagos...


Bienvenida y un abrazo grande,

Laura.

Bel M. dijo...

Gracias por la cálida bienvenida, Laura. Olvidaba decirte que también leí un hermoso poema tuyo que colgaron en "Sopa de poetes", sobre la lluvia y un cuenco, casi se podía oír el sonido repiquetear...
Gracias también por el interés. Me imagino que debiste entrar en el que tengo cerrado. El blog que funciona es "Amapolas en octubre".
Un abrazo.

Laura Giordani dijo...

Gracias a tí Bel por la lectura en Sopa de poetes y me pasaré entonces por "Amapolas en octubre".

Otro abrazo,

Laura.

Juana Pérez dijo...

La mente no puede permanecer inactiva y, como bien dices, Laura, el aislamiento voluntario insta a un viaje interior, no para ir cada vez más lejos, sino cada vez más hondo. Emily sabía esto e hizo ese viaje con sus palabras, las que nacieron encerradas en una habitación, pero que lograron su libertad al fin, para llegar hasta nosotros.
Gracias por tu entrada, Laura, hermosa, hermosa...
María

Viktor Gómez dijo...

Qué bien has tratado y resuelto el misterio Dickinson, la belleza y el secreto de Emily. No un resolver como los cucigramas, de rellenar en las casillas las letras hacia un sentido de palabra o frase, sino al propio estilo de vida-escritura ... de la poeta, que supo dibujar ella misma esas casillas en blanco, y formular las preguntas que abren el corazón y extienden la mano-ojo sobre lo invisible que circunda lo cotidiano, sobre lo imposible que traba cada pequeño asunto, cada ejercicio de existir con lo inefable. Amor, en Emily era dejar ser al pájaro, pájaro, al agua, agua, a la luz, luz. Dejarles ser, correr, irse, cantar, dormir, esconderse o picotear. Dejarles morir, pero no desaparecer. La visión de Emily es la del alma que ve "todo" lo que está aquí, sea flor, polvo, gente, pensamientos, recuerdos, fantasmas, voces, temporalidad, sustancias.

Y amar es escribir, para Emily. Así no interfiere el curso natural de la vida y la muerte, pero lo reconduce por la palabra al blanco de sus manuscritos privados y religa lo inmortal y lo efímero, en una verdad que es belleza y duda, que es afán de amistad y respeto al misterio.

La blanca elección es la de la escribana de lo invisible. Ella pasó la vida trazando puente del exterior al interior de la existencia y amando con suma delicadeza la fragilidad y la descomposición de los seres queridos, del mundo tan vertiginoso, tan reiterantemente productor de desapariciones, orfandades, violencias, sin respuesta.


Un beset