domingo, 30 de diciembre de 2012

Compasión en tres movimientos para despedir el año


Fotograma de "Offret" de Andrei Tarkovski




Karuna



I

para ver algo más que caracoles vacíos
el declinar perpetuo de la savia y la sangre
la caída de todos los cabellos
y frutos

habrá que hundir las manos
en tu corazón primero
subvertir los átomos
abrir las aguas
ver con tus ojos
prados más allá de la frente
en pértigas de compasión
traspasar la espesura de lo visible
la ilusión
de lo separado



II

ser al fin sin cauce
sólo desmemoriada agua de la piedra
que la engendró en la cumbre
compasión de la arena en la que
la piedra disuelve su recuerdo de la altura
sólo contigo
fondo solo




III

girar de otra forma,
estremecer las omisiones:
esas piedras orbitando el corazón
estrellas muertas
capturadas por la tibieza en declive
de los cuerpos

resquebrajar las compuertas

dejarse anegar

ahora las cortezas mojadas
pueden arder bajo el corazón de los muertos
el fruto dejarse caer de su gravidez de azúcar
al suelo
prematuro

el árbol llorar su altura
junto al pájaro derribado





‘Karuna’ es un vocablo sánscrito que se traduce como acción compasiva, o acción emprendida para disminuir el sufrimiento ajeno.
-
Laura Giordani (Del libro ‘Materia oscura’. 
Ed. Baile del Sol)


No podemos convertirnos en aquello que repudiamos, permitir que la dureza de un orden criminal nos arrastre en su enajenación de valores como la ternura, la ayuda mutua, la caricia al otro.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Dos poemas de La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad de Nilton Santiago





ESTA NOCHE HA VUELTO MI ÁNGEL A HUSMEAR LOS DESECHOS

En vano das de comer a las palomas del parque muertas hace años
de hambre y sed.
Es triste, lo sé, pero es posible que también tú tengas que morir
como los tristes animales de los laboratorios,
(como los desprestigiados chimpancés o los amables conejos albinos,
que, por sus grandes ojos y por su “bajo precio”,
son los más solicitados para el test Draize).
También ellos conocen el contenido de los cuchillos
y el contenido de los espejos cuando nos miramos y no nos vemos
y también las camillas repletas de bisturís y herrumbre
sobre la que los humanos, esos extraños seres, expiamos sus sueños.
Entonces, como un ridículo pelícano soñoliento,
entiendo, finalmente, la soledad de los grandes edificios abandonados
(sí Adam, como declaraciones de amor de las ciudades)
o el suave corazón de los gorriones al pronunciar tu nombre.
También tú has visto cómo las mariposas trabajan la soledad del hombre,
cómo su escalofrío penetra en nuestra espina dorsal
y en nuestros relojes blandos, perdidos en las horas,
entre desayunos fríos y camareros, muy mal pagados,
que cada día te hablan del atroz ángel que todos sabemos vive contigo
pero que, según dices, nunca has visto.
De pronto pienso en ti, en el blanco músculo de azúcar
que brotó de la piedra
para que la veas volar o, mejor aún, para que tan sólo lo imagines.
Sí, pienso en ti, como una fotografía recién nacida que se diluye entre mis manos
o como ese amable ángel que cada noche husmea mis deshechos
y me susurra al oído ese poema que nunca escribiste:
“entre la niebla
una barca hundiéndose / también yo parto”.







TAMBIÉN EL CORAZÓN DE BORIS VIAN ERA UNA ROSA ENFERMA

También el corazón de Boris Vian era una rosa enferma.
Venia cada noche a nuestras largas sobremesas, porque nos conocía muy bien
como el cuchillo de eviscerar conoce el intersticio de luz
en el vientre del pescado,
también Vian conocía la teología de los peces
y de los centauros y de las bicicletas, porque fue él
quien le dejó la moneda a Rimbaud cuando se le cayó su primer diente de leche.
Es cierto, Boris, quién conoce su corazón está enfermo
pero también el que arroja su tristeza en la boca del pescado,
como una moneda de hielo dentro de una valija de fuego,
o los que tienen el oscuro oficio de sacrificar a los caballos heridos.
Sí Boris, tuvimos amigos y heridas y amigos heridos,
quizá ahora pueblen los jardines que crecen
en esos mismos corazones que se negaban a bombear la sangre de los que fuimos
sí también tuvimos padres
y un nombre que preferimos olvidar a cada instante.
Ahora que te conozco bien, ya no compartimos nada
y si nos encontramos algún día en el mercado o quizás en la parada de bus,
es casi un milagro, eso que compartimos ahora que estamos juntos
y que ya no necesitamos el uno del otro
porque después del segundo suicido o del tercero,
es mejor acostúmbranos al oficio de sacrificar a los pobres caballos heridos,
a las rosas enfermas.







"Dentro de un árbol está previsto solamente lo que se oye, una visión dispersa del fingimiento de la verdad. El bosque, un campamento de árboles, es por tanto la voz bajo el disfraz de los teléfonos poniendo en contacto al lenguaje liberador con la muchedumbre acariciada por la dominación, complacientes usuarios del significado y clientela de la costumbre, una multitud de pequeños corazones enemistados con la felicidad. Dentro de un poema está previsto un psicoanalista, unas tenazas, una infusión de esponjas forestales. Oiréis dentro de este libro, como la digestión de una gran culebra, la vida de las palabras que suspende la niebla de su soberanía sobre todas las máscaras de la culpa. Es Nilton Santiago trayendo entre los dientes el oráculo legible. Es la duración extraordinaria de los encantamientos hasta hacer saltar los interruptores de la realidad. Oh Shiki, pero así es la muerte de fulgurante."

Del prólogo de Juan Carlos Mestre






Nilton Santiago nació en 1979 en la ciudad de Lima (Perú) donde cursó estudios de derecho y ciencias políticas y donde vivió hasta el 2005, año en el que pasó a residir en Mallorca, España. En el 2003 obtuvo el segundo Premio Nacional de Poesía Copé 2003 que mereció la publicación de El libro de los espejos (Ediciones Copé, Lima, 2005), certamen del que ha quedado finalista en su última edición (2011) con su libro Porque morir no es para tanto. Finalmente, en el 2012 obtuvo el II Premio Internacional de Poesía Joven de la Fundación José Hierro (2012) por La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad, libro de reciente aparición con el prólogo y varios grabados de Juan Carlos Mestre. En la actualidad vive y trabaja en Barcelona.

(Para mayor información: http://el-instante-anterior.blogspot.com.es/)

martes, 2 de octubre de 2012

La Falta de Lectura de José Ramón Otero Roko (DVD Ediciones, poesía)






c ) La voyeurización del lector. Se pretende que
efectúe una lectura cómoda para que  "piense poco"
La reiteración de lecturas cómodas crea un lector
que se mueve por la ley del mínimo esfuerzo,
que no se planteará nunca las posibilidades de construcción
alternativas del texto, ni cuestionará jamás
la ordenación del mundo a que ese texto se refiere.
Exactamente como ocurre, en analogía, a los lectores
de las llamadas revistas rosa o del corazón: bajo
una apariencia de  "sinceridad", "hondura",  "transparencia", "autenticidad"
... - donde cada uno no
tiene que "poner" nada de sí, simplemente
-, una clase privilegiada ofrece el espectáculo, excelentemente
remunerado, de su distinción sectorial,
que, desde los textos que la presentan, puede ser admirada
o envidiada, pero jamás puesta en duda.

Alicia Bajo Cero. Poesía y Poder



LA AURORA RASGADA POR EL CANTO

Proyecto éste, cual funambulista, de alto riesgo (y tensión contenida); hay en él pretensiones de arrasar la realidad con el lenguaje para crear una nueva cultura, de romper toda signicidad viciada por el uso traicionero de las palabras, timoratas y fantasmales, y volver a nombrar todo, pero por esta vez sin mayores deudas que las de la libertad absoluta, por eso José Ramón Otero Roko proyecta nada menos que una escritura asignificativa que vuelva a alumbrar tanto el lenguaje como la realidad que evidencia éste. Allá donde la lengua prende al decir: para que una nueva aurora sea rasgada por el canto.

     Hay en este artefacto textual voluntad de romper toda atadura referencial del lenguaje para con el mundo (al que se había postrado),y componer libres sus ataduras invisibles. Ahora el lenguaje remite a su propia fuerza y energía interna sin mayores necesidades sino dejarse llevar como vals por entre la pista sin saber dónde comenzar, por dónde transitar, desde dónde proseguir, a qué fin… Una asignificatividad que se erige en poética rebelde y no claudicante mediante el complejo recurso que mantiene todo el tinglado en pie de un ritmo constante lírico sin desfallecer. Un proyecto de borrado de toda significatividad con que el lenguaje se carga para empezar de nuevo, donde la palabra no remita a su uso y costumbre sino a algo nuevo y no viciado. Es un proyecto, nada menos, de volver a nombrar el mundo para construir una nueva sociedad. 

    Así que lo mejor será que el lector entre en el poema como quien abandona su ropa a la puerta del lupanar y se entrega en cuerpo y alma al placer de la perversión, o como el inocente que sin más bagajes se deja llevar por el misterio del sonido y su disímil asociación fónica. ¡Quién fuera inocente para dejarse arrastrar por la sola fuerza del sonido de las palabras! Acaso, ¿qué es la poesía? Encorsetada y reducida al simple acto de lectura privada tras la era Gutenberg, hasta ese momento fue canto, transmitido libre y oralmente, fue pura dicción y actuó sobre su auditorio de manera inmediata sobre el sentido del oído, sin mayor mediación que el efecto producido por la palabra al decirse. Ahora este La Falta de Lectura recupera ese gusto por cargar la expresión del poema sobre su capacidad sonora. Hay poemas en que las letras finales de palabras se duplican aisladas y de seguido como intencionada cantinela en la que recrearse y perderse el lector, construyendo un particular orden fónico sucesorio en una especie de rima artificial [79], o conjuro.

    Atraviesa La Falta de Lectura una conciencia histórica de que el ángel de la historia se acaba abismando y nos lleva a un nuevo escenario donde todo está por escribir y por empezar de nuevo: por crear. Voz singular entre tanto aullido, experiencia única en el actual experimentalismo, isla en el panorama poético español de nuestro tiempo, y apuesta editorial a contracorriente la que aquí se presenta. No serán otros sino los lectores quienes con su ejercicio prendan el poema hasta hacerlo arder, de cuyas cenizas surgirá una nueva roma poética como este poemario nos invita a pensar/producir. Desbrocemos la maleza, amontonémosla, dispongámonos a generar la chispa.

Virgilio Tortosa

Fragmento del prólogo: LETRAS ÁCRATAS de Virgilio Tortosa



Parkeharrison


PESO DE UN NIÑO


Qué callar no es sino
Silencio que quiso decirse
En ortografías duras como tierras
Arcillas secos barros con agujero
Máscaras donde falta la palabra
Y quién la nombra hasta borrarse



(ASALTAR NINGUNA MURALLA PARA TOMAR LA LIBERTAD)

la vida lo ha dejado todo en mi ausencia
me lo ha tendido todo en el espacio que he dejado
sin comprensión ninguna, en su justo término
en el lugar del vacío:

-qué quedamente, como gira del mundo, ruedas.

la muerte te lo ha cerrado todo te lo has cerrado
para establecer un sitio, proteger una muralla
rodear hacia fuera cualquier palabra otra
decidir qué hablas qué no sabes qué lenguas:

-qué permaneces del mundo, a qué centro inmóvil.

te has presenciado el presente y el futuro
nada vacío trajo una sola vuelta de ella
para su cara y se detuvo en dos vida
aquella muerte que plasme y que sangre:

-como todo a nuestra contra, hacia qué dentro.



                                                                          Parkeharrison


DESEO DEL LECTOR

/ las manos
poseen
a la distancia
de las palabras /




DOMA DE LA LECTURA


Aún gritar de caballos
de esta distancia girando
a círculos en hastío de potros
al decir queda de naturaleza
sobre naturaleza y por todo
dominio
las marcas no eran en silla o espuelas,
sino cortes, sutures,
cicatrices todos los rastros del vuelo
roto en su caída de alas a las bestias.


a
Parkeharrison


José Ramón Otero Roko

Poeta y crítico de cine. Colabora en el semanario Cambio 16 y en el periódico de actualidad crítica Diagonal, así como en varios medios online. Fue editor de Ediciones Libros de Letras www.libros-de-letras.es




sábado, 1 de septiembre de 2012

Miedo de ser escarcha de David Eloy Rodríguez



Miedo de ser escarcha
Poesía 
Editora Regional de Extremadura Mérida 2012, 
169 págs.



Cuéntalo, que nosotros fuimos capaces de esto,
mi aliento no alcanza para la celebración.
Rainer María Rilke



La impresión al abrir las páginas de Miedo de ser escarcha de David Eloy Rodríguez es la de ingresar a un árbol inmenso: el mismo crecimiento orgánico, lento; las marcas de las estaciones que han ido demoliendo y reconstruyendo esa materia viva y por tanto, cambiante. El árbol inclinado que ilustra la portada de esta reciente edición de la Editora Regional de Extremadura (2012) es el mismo que pende en el lomo de la pronto agotada primera edición en el año 2000 por parte de la editorial sevillana Qüasyeditorial (ya desaparecida) pues el poemario había recibido el premio internacional Surcos. 

Los encargados del diseño de la nueva portada desconocían ese arbolito frágil que ya se balanceaba en el margen hacía doce años y que con su fragilidad a cuestas tenía la determinación telúrica de permanecer. Ese árbol está ahora detrás de una ventana, como si el paso de los años hubiese dado cierta distancia al poeta. Distancia no entendida como profilaxis ni desentendimiento, sino perspectiva desde la que poder contemplar aquellos poemas hasta ofrecer un libro revisado (al que se han añadido contenidos mientras otros se han dejado ir, desprendido como cortezas). Así lo expresa el poeta en la lúcida nota a esta edición: “Algunos poemas permanecen tal y como estaban en el original, otros han sufrido modificaciones sustanciales, otros no llegaron hasta aquí y nuevos poemas, en la misma voz (similares vibraciones, texturas y energías, parecidas conversaciones y pactos con el lenguaje, idénticas ocupaciones en lo que se considera decisivo), se sumaron en el mismo camino –misterioso, inacabable, a tientas pero cierto- del decir.”

Vida y escritura se enredan hasta ofrecer ese perfume raro de la integridad en tiempos de impostura y vértigo en los que este poemario no sólo aspira a saber parecerse a la vida viva sino que quiere merecerla. 

El lenguaje -como la materia de nuestro planeta- ha sido abusado, saqueado. Ya no quedan palabras ilesas, se han enajenado de su sentido pasando a ser material de derribo en cierta forma. David Eloy habla como vive y vive como habla: por ello rescata a cada palabra vivificando un lenguaje que se ha convertido en mercadería inocua, desmayada en los estantes. Le recuerda a cada palabra su núcleo luminoso e insurgente, su camino de restitución. 

Esta es nuestra materia:
palabras como espacios condenados
que debemos resucitar.



 Hay un árbol (lápiz y témpera) Laura Giordani


No hay fisura entre poesía y una trayectoria vital que se resiste a que ese arbolito inclinado pero no vencido, termine siendo bosque maderable, leña para alimentar los hornos de la factoría de los amos.

Saben el precio de una vida,
el precio de una nube,
el precio del amor.
Sólo conocen bosques maderables,
y en sus planes se agrandan
los dominios de su crueldad.

Los otros, las relaciones amorosas, las resistencias pero también las claudicaciones cotidianas, las amenazas de un sistema que no conoce más que el arrase son dichas desde ninguna altura de ejemplaridad pues el poeta sabe que el enemigo también ha dejado sus esquejes en nuestros corazones.

Somos, nosotros también,
Los perros de los cazadores.
Ten cuidado. Puedes matar.
Puedes volverte contra los tuyos.

Las raíces conversando bajo tierra, la comunidad que pulsa como reconocimiento a los otros, esos que en los márgenes se abrazan y abrasan para no entregarse al tiempo de la muerte. Versos depurados, deslumbrantes y sin embargo, lejos de cualquier afectación o acrobracia verbal y que recuerdan la poesía funámbula y vertical de Juarroz, por su lenguaje ligero de gravedad y a la vez capaz de sacudir la narcosis con la contundencia de una piedra en la frente.

El poema es la erección del ahorcado.
Demasiado tarde y para nadie. Pero ahí.

Miedo de ser escarcha es un árbol en el que todavía los pájaros cantan de pie, andamio de savia, ámbar y cortezas que trenzan su materia para resistir bajo la intemperie y seguir celebrando la vida a pesar de todo.


Laura Giordani, Agosto de 2012.



Hay un árbol II (lápiz y témpera) Laura Giordani


Hablar como si sólo hubiera
unas pocas palabras
y fueran para siempre.

Todo poema debe ser la carta de un suicida.



Cuando nacimos
ya habían traducido el mundo
en un lenguaje equivocado.
Las cifras estaban destinadas.
Las fórmulas tenían veneno.
Tuvimos que aprender
a respirar debajo del agua
y seguimos esperando
que la piel del tiempo
no nos vuelva locos.
No queremos ser tratantes.
No queremos ser esclavos.
Continuamos una senda de sangre.
No olvidamos de qué está hecho el camino,
no olvidamos.





Nido helado



ACTUALIDADES

Ellos dijeron: a partir de aquí ya no.
A partir de aquí, veis,
es agua limpia.

Pero nosotros seguíamos viendo
el mismo río sucio.





UNA RESPIRACIÓN PROPIA

Hemos creado algo juntos.
Un animal salvaje que duerme
con los ojos abiertos.
Una criatura hambrienta y constante
que se alimenta de luz.

Hemos creado algo juntos.
No tiene nombre.
No es nuestro.
Está agitando las horas del mundo.




Tu desnudez
                         es el río
                                               que serpentea
                a través de la guerra.






David Eloy Rodríguez. Nacido en Cáceres en 1976. Vive en Sevilla. Es autor de los libros de poemas Chrauf (Universidad de Sevilla, 1996), Miedo de ser escarcha (Qüasyeditorial, premio internacional Surcos, 2000), Asombros (Imagofórum, con imágenes del artista Miki Leal, 2006), Los huidos (Ediciones del 4 de Agosto, 2008) y Para nombrar una ciudad (Editorial Renacimiento, premio internacional Francisco Villaespesa, 2010). También del libro de relatos Este loco mundo (17 cuentos) (2010), cuya autoría comparte con Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero, álbum ilustrado por Amelia Celaya. También ha aparecido este año Lo que iba diciendo (Ediciones Liliputienses, 2012)
Sus poemas han sido recogidos en recopilaciones y antologías, cantados por cantautores y publicados en diversos idiomas. Su obra poética y narrativa ha obtenido diversos premios literarios y textos suyos han aparecido también en revistas literarias, artísticas y de pensamiento. Escribe letras de canciones y guiones de cómic y audiovisuales en proyectos compartidos con distintos creadores y participa en exposiciones y otras iniciativas de arte contemporáneo.
Interviene desde 1996 en diversos proyectos escénicos que relacionan poesía, acción y música, y ha sido invitado a recitar su obra en multitud de auditorios y festivales artísticos, poéticos, teatrales y musicales, nacionales e internacionales. Sus trabajos actuales en este ámbito se llaman “Todo se entiende sólo a medias” (http://www.soloamedias.net/) y “Su mal espanta” (sumalespanta.blogspot.com).
Imparte talleres de creación literaria especializados, campo pedagógico en el que trabaja e investiga desde 1997.
Es licenciado en Comunicación Audiovisual y uno de los responsables de la editorial Libros de la Herida http://www.librosdelaherida.blogspot.com/


Bio extraída del blog:

 En la wikipedia

Enlace de la Editorial con el prólogo completo del libro y videos:
http://lecturaextremadura.gobex.es/?s=337


jueves, 16 de agosto de 2012

Tres poemas de Leonor García Hernando


Leonor García Hernando



                               la taza debe parecer excesivamente
blanca en contraste con la boca pintada -No deberíamos
acercarnos a objetos tan nítidos
                               envuelta la garganta por un extenso
pañuelo de gasa, todo rostro es más plácido y se esfuma
como una lancha en esa agua extrema donde el cielo deja
de fluir


                            no deberíamos acercarnos a objetos tan
nítidos
una taza            un sobre en el que la lengua impone un
poder; las uñas esmaltadas de rojo y tres desnudas
cebollas en el mármol

                            no deberíamos acercarnos a esa brus-
quedad del objeto que satura como un golpe
                           no deberíamos ser honestos en el terror.
Mejor palidecer como esa línea de álamos en la tormenta,
Mejor estar callada mientras la fiebre una las sienes con
grasa de ciervo
mejor esperar a que las hojas del nogal apacigúen el sende-
ro de piedras  rojas. Parques con una pálida herida de
mármol pierden su agua rara, lastimosa         hundimientos
en la frondosa oscuridad.

no deberíamos acercarnos a objetos tan
nítidos.
Zonas que no conocen piedad.





                caricia de tu mano breve
el placer, el desdén, el vínculo perverso que retiene a los
desdichados en la pecera del abrazo
breve
el clima de la fiesta se pierde como aguas de riego entre las
franjas del balcón.
La fiesta se apagaba
era el vientre de un insecto luminoso que se sostuvo un
instante en el aire que encierran las manos de un niño



Leonor jugando con sus hermanos



           y ella dijo:_sueño y desorden. La noche
me da esos frutos porosos.

No me quejo del azar.

No me quejo del llanto de los animales atados,
ni del hambre de la noche que come los objetos y los hace
carne de su oscuridad.

           y ella dijo:_se supone que hay algo
pesado en mi corazón.

Mis piernas son blancas, sin solear y de una pereza que es
la turbia apariencia de la sangre.

         Se me supone iluminada de frialdad y de astucia;
en el desorden pero estéril,
acabada por un aprendiz que hizo lo que pudo.


(del libro de poemas Tangos del Orfelinato/ Tangos del asesinato)








Leonor García Hernando nació en Tucumán, Argentina, en 1955. Formó parte del taller literario "Mario Jorge de Lellis" y del consejo de redacción de la revista Mascaró.
Publicó los libros de poesía "Mudanzas" (1974), "Negras ropas de mujer" (1987), "La enagua cuelga de un clavo en la pared" (1994), "Tangos del orfelinato/Tangos del asesinato" (1999) y "El cansancio de los materiales" en el 2001, del que llegó a ver los primeros ejemplares dos semanas antes de morir, el 30 de marzo del 2001.

martes, 10 de julio de 2012

Reseña de Noche sin clausura por Lucía Boscá


Una música que pone en crisis los conceptos

La escritura de la poeta argentina Laura Giordani es una escritura de la escucha, escritura que, gracias a su música, se queda y deja sin conceptos, sin ideas fijas. En su último poemario (“Noche sin clausura”, colección Candela, Amargord, 2012), Giordani refuerza esa re-creación del ritmo suave, cultivando una especie de música que pone en crisis el poder de los conceptos y llega sin embargo donde éstos no pueden alcanzar. Por Lucía Boscà.





“Al comienzo fue el verbo - ¿por qué, papá?” Con esta pregunta en boca de un niño termina Sacrificio, la última película de Andrei Tarkovski, pregunta que queda suspendida entre las ramas de un árbol, bajo una atmósfera casi romántica, mientras suena el aria nº47, Apiádate de mí, Dios mío (Erbarme dich, mein Gott) de La pasión según San Mateo (Matthäuspassion), de Johann Sebastian Bach.

Esta misma escena visual podría presenciarse, con algunos elementos diferenciales, en Noche sin clausura: la misma pregunta, el mismo niño, la misma música. O al menos la misma pregunta por la infancia y por la música. Y es que la escritura de Laura Giordani es una escritura de la escucha, escritura que, gracias a su música, se queda y deja sin conceptos, sin ideas fijas.

En este punto es posible acordarse de aquel personaje de Borges a quien parecía faltarle el tiempo y el espacio para nombrar todos los detalles de la realidad que le rodea. Como escribía Borges: "No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversas formas; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)."

La molestia que padecía Ireneo Funes, el memorioso de Borges, está cerca de la que parece removerse en la escritura de Laura Giordani. En este espacio común aparece una condena a crear un nuevo lenguaje para nombrar lo ya visto por el simple hecho de ser sentido de otro modo y también por la imposibilidad de decirlo.

La escritura poética de Laura Giordani refuerza esa re-creación y esa carencia con el fraseo y el ritmo suave a lo largo de Noche sin clausura: una especie de música que pone en crisis el poder de los conceptos y llega sin embargo dónde éstos no pueden alcanzar.




Por lo tanto, en esta poesía hay también una falta, una ausencia, o por lo menos asistimos a la visibilización de un hacer-falta profundo, originario, situado en la frontera de lo profano: una falta como carencia, o quizás también como pecado: dar (la) muerte, matar (¿a Dios?). Y así ocurre en esta noche inminente:

“Dios descansó al séptimo día / y a las seis de la tarde se suicidó” dice el poema titulado “Tarde de Domingo”. ¿Dar(se) esa muerte como pecado, como ofrenda o más bien como sacrificio? Sacrificar, “sacrum facere”, es decir, hacer sagrado, un acto que normalmente se lleva a cabo y cobra sentido a través de la palabra.

Si esto es cierto, en fin, cada palabra de este libro es entonces un hacer sagrado, un sacrificio. Y es que esta poética centra la mirada en lo oculto, en lo incierto, hasta poner incluso en peligro la razón de la propia escritura.

Si se lee así, Noche sin clausura no reúne fotografías sino sus negativos: cuida la oscuridad porque sin ella no habría luz, obliga al lector a reconocer su ceguera, a confiar en su instinto de zahorí para, desde esa intemperie -fuera del día- respirar la exclusión.

Entonces llega otra vez la falta, esta vez hace falta el aire. Es, pues, una poética de la escucha pero también del sacrificio, del sacrificio que supone escuchar. El poema de Giordani llamado “Esas palabras” habla de "esas palabras / que sólo se revelan / cuando los pies se impacientan / junto al precipicio"…

La voz poética, queriendo situarse fuera de la realidad y del lenguaje canónico, lo que hace es abrir otro espacio que pueda ser autosuficiente, y que, por supuesto, también tiene unos límites. Esos límites ayudan a ver los límites del mundo y su lado más doloroso. Y esa mirada se vuelve en cierto modo compasiva.

Sobre los límites ha hablado en un sentido psicoanalítico y también político Jorge Alemán en su ensayo reciente Soledad: común: "Cualquier totalidad encuentra aquello que la limita en lo que necesariamente excluye".

En este sentido, la poesía podría correr el riesgo y asumir el peligro de convertirse en un refugio, en un refugio fuera de todo, pero también refugio. Un refugio por lo tanto abierto, sin cierre, quién sabe si visible.

Es conocida la importancia que ha concedido a una poética de la atención Sophia de MelloBreyner Andersen, una de las mujeres más destacadas en la lírica portuguesa contemporánea. Un poema suyo (“La casa de planta baja”) se plantea así: “Que el arte no se vuelva para ti la compensación de lo que no supiste ser / que no sea permuta ni refugio / ni dejes que el poema te aplace o divida”.

El poema puede ser visto como mera consigna, pero dentro de una poética también abierta y también sin clausura se puede apreciar la necesidad de estar siempre alerta, siempre en peligro. Ese peligro puede seguir presente incluso en la búsqueda por la luz de las palabras.




Es el peligro que siempre conlleva intentar dar luz. Tradicionalmente, la luz es una metáfora del sentido trascendente y en este poemario de Laura Giordani se puede observar una relación, o una cercanía, entre la atención al detalle (se podría dar el ejemplo del versículo “levantar una piedra y descubrir…”) y la cuestión mística.

Pero esta cuestión mística no es tratada ni siquiera de forma central o principal sino, más bien, como algo latente, que hasta podría presentarse de una manera crítica. También aquí el planteamiento de los textos queda abierto en la lectura.

Este nuevo libro de Giordani se caracteriza por una unidad tan fuerte que hace que los poemas se sucedan en una secuencia minuciosa y armónica. Claro que esa armonía implica melodía, y esa melodía tiene que ver con los huesos de los pájaros y ya no con su canto.

Sea como sea, la combinación de lo que el poema dice con esa melodía produce un efecto contradictorio que impacta en la lectura, y que parecería una táctica para que el poema atraviese a quien pueda leerlo. Y lo consigue. Esa contradicción tiene que ver de nuevo con la apertura del sentido y del mundo.

La lírica sólo puede echar mano de la contradicción y de la contrariedad, a un por gritar que aprieta el cuello de la palabra. Pero tampoco es posible callar”. De esta forma hablaba Eduardo Milán de Materia oscura (2010), el anterior libro de Laura Giordani, y en esto se aprecia claramente tanto la unidad de voz entre el espacio de un libro y el otro como que en este nuevo poemario se siente todavía más la necesidad de seguir escribiendo, la imposibilidad de callar.


Reseña de Lucía Boscá para Tendencias 21

Lucía Boscá (Valencia, 1985) ha trabajado como profesora de Español para Extranjeros en la Universidad de Valencia. Licenciada en Filología Hispánica, actualmente realiza estudios de Tercer Ciclo en el área de Lingüística General. Sus poemas han sido publicados en las antologías Ida y Vuelta (Fin de Viaje, 2011), Por donde pasa la poesía (Baile del Sol, 2011) 23 Pandoras (Baile del Sol, 2009), El árbol talado que retoña (El Páramo, 2009), Estaciones desnudas (Cocó, 2007), Verso a Verso (Náyade, 2003) y Poesía Errante (Delenda Est Carthago, en prensa). Poemas suyos han sido recogidos dentro de dos muestrarios en el ámbito hispanoamericano: Poesía sin permiso. Antología de poesía emergente española (Argentina, Confines/El Extremo Sur, 2010) y la selección de poesía femenina española que está en preparación por la editorial Praxis (México). Ha publicado además en diversas revistas como Vulture, Creatura, Adiós y Excodra. 


jueves, 14 de junio de 2012

El niño que bebió agua de brújula de Julio Mas Alcaraz




Abrir las páginas de El niño que bebió agua de brújula (Calambur, 2011) de Julio Mas Alcaraz implica el inicio de un viaje que no tiene nada que ver con itinerarios prefigurados, un viaje en el que las mismas nociones de partida o llegada pierden su sentido. Más bien, invitación a adentrarse en un territorio donde las brújulas enloquecen y pierden toda utilidad. Un viaje del que no saldremos indemnes porque ese agua de brújula que nos van administrando pacientemente desde la infancia, imantada por los puntos cardinales de la costumbre, la repetición, lo programado (familiar y culturalmente), es precisamente el tóxico que deberemos purgar si deseamos recuperar algún atisbo de libertad espiritual.

Encontramos aristas muy interesantes en la construcción del poemario: multidimensionalidad, fractura de la concepción lineal del tiempo, un cuestionamiento feroz de lo que significa “progreso” individual y colectivamente “Algunos creen que el tiempo conserva dirección y progreso. Como si los rostros fueran inmutables y no un mecanismo del dibujo” (Pág. 16); el libro va desplegando ante el lector una tierra ardiente en la que vivos y muertos se cruzan  o vuelven a agonizar ante nuestros ojos por gracia del dolor atemporal que nos atrapa en su red. O donde cualquier madrugada podemos acunar al cadáver del niño dañado que fuimos.

Hay una fuerza poderosa hilvanado lo fragmentado y que recibimos como temblor, pero sobre todo, como un don y es la intensa piedad que recorre sus más de doscientas páginas. Un descentramiento que permite al poeta estirar los límites del yo para empatizar descomunalmente con todo lo viviente, con todo lo dañado. “ Me gustaría/ dormir con una mano atada // a la rama de aquel roble cortado” ( Pág. 112) Esas fronteras personales son puestas en crisis, esos contornos –cuya nitidez está más que cuestionada - que nos separan del mundo. Una compasión inusual y muy de agradecer, similar a la que irradia el poema “Lack of evidence” por ejemplo, en el que el poeta escocés John Burnside da voz simultáneamente a la niña desaparecida y asesinada, a sus padres y al homicida en una polifonía arriesgada y conmovedora.

La palabra poética de Julio Más Alcaraz recorre no sólo esos pasajes que llamamos tiempo, sino también los distintos espacios (y los objetos que los habitan) por los que transcurrimos: oficinas, camas de hospital, centros urbanos, bosques y esos territorios indecisos entre la ciudad y el campo, paisajes de la periferia con todo su abandono y enigma. Esa gracia es imparable e ingresa en la jeringuilla de los drogadictos, en las mecedoras orinadas de los viejos, en el cachorro muerto que lleva un niño. No es casual que el epílogo esté precedido por estas palabras de San Juan De La Cruz: “Solo si el amor pasa a ocupar el sitio de la razón se convierte en camino de trascendencia”

El niño que bebió agua de brújula da cuenta del daño no sólo infligido por el ser humano a sus semejantes, sino a todos los reinos a los que arrastra en su corriente ciega al desastre. Y también vuelve “a unir, a escondidas, los eslabones/ de los péndulos de los zahoríes” para encontrar esa otra agua emancipada frente a la que todas las brújulas confiesan su derrota.

Laura Giordani 



 
Videopoema de El niño que bebió agua de brújula



Al despertar, el yo niño muerto. Tiene quemaduras y ampollas
en sus dedos. Lo recojo en mis brazos, las piernas juntas en mis
manos, su cuello hacia atrás.

No logró aprender a respirar las violentas luces de madrugada
que entran por la ventana.
Tiempo 3  poema III



Se pierden tus pasos pero los dioses modelan barro con las
materias de las bolsas mojadas de basura, con los orines de los
viejos en las mecedoras, con los lloros de los olvidados y el agua
del camión que inunda las aceras.

En la ira de tu muerte corto mi cara y lleno la ciudad de aullidos.

Tiempo 3 poema IX





Viajo para no oír
cómo disparan con sus rifles
a los árboles que se agitan.

Viajo para acariciar
los colmillos del zorro,
bañarme con las nutrias,
untar mi cuerpo de resina

y quitar el hedor a humano que impregna mis ropas
y olfatean las bestias de lejos.

Tiempo 5  poema VII



Entre montañas partidas por fábricas de cemento, las luces
traseras de un coche. Los buitres llegan a sus nidos en lo alto de
las iglesias con virutas de acero en las bocas. Motores de
camiones vibran llenos de reses. Suenan cerca motosierras y
retumban los troncos al caer.

Me gustaría
dormir con una mano atada

a la rama de aquel roble
cortado.

Tiempo 5  poema XXVIII







después del blanco
adelante bajar atrás hacia en la caída

frío  las piernas   sudor

el miedo a la locura al comienzo del miedo y el sonido del
ejército nazi que desfila  máquinas cizallas en canteras de
carne  las tropas cavan  estoy muerto pero también soy
capaz de pensar que lo estoy y verme

en la mente del torturado    el galápago vivo sin caparazón el
niño a quien maltratan   su orín con sangre   tener sus
memorias completas    ser ellos como este pájaro al que
disparan y con cuyos ojos caigo sobre unas encinas

despertar en la llanura cubierta de troncos y esqueletos de
dríades que no aguantaron los temblores de las sierras eléctricas
los perros salvajes las voces   algo masticamos en nuestro
interior     afuera casi normal

el rostro se endurece en un ruido de yeso
y cae la máscara

Tiempo 8  poema XVIII






¿Qué ocurre con los profetas que dudan o con los ancianos la
primera vez que ven el mar?

Hay una palabra que se pierde de hombre a hombre.

Epílogo  poema I


Julio Mas Alcaraz. De “El niño que bebió agua de brújula”. Calambur. 2011.









Julio Mas Alcaraz nació en Madrid en 1970. Hijo adoptado, pasó su infancia y juventud en Alicante. Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y MBA. Ha vivido, además de en las anteriores ciudades, en Chicago, Nueva York y Londres, donde ha desempeñado cargos de responsabilidad en organizaciones internacionales. Su primer poemario fue Cría del ser humano (2005). Como traductor ha publicado La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola. Antología de poesía norteamericana contemporánea (2007), Vive o muere(2008), de Anne Sexton, y El juramento de la pista de frontón, de John Ashbery (2010). Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas y aparecen en diversos libros colectivos y antologías. Entre otras actividades relacionadas con la poesía, dirigió la colección Highway 66 y es miembro fundador del grupo de performance EX.PO.RA. En la actualidad estudia un Master of Arts en FIlmmaking en la London Film School y reside en Londres. Tiene dos hijos.

lunes, 28 de mayo de 2012

Chantal Maillard: Una reflexión (poética, hermosa) sobre la memoria


Comparto estos dos vídeos de la intensa lectura que Chantal Maillard ofreció dentro del marco del  XXVIII Festival Internacional de Poesia de Barcelona junto a Perejaume el pasado 13 de Mayo. Fragmentos de Bélgica y ese quiebre tan suyo en la voz que nos conduce por los recodos de la memoria y el viaje.








Copio los detalles del reciente evento desde el blog de los amigos de Sopa de Poetes


Barcelona Poesia 2012 + Cantinita Poética en La Poderosa

Actividad de Barcelona Poesia 2012 (XXVIII Festival Internacional de Poesia de Barcelona) en La Poderosa

Encuentro entre dos voces muy personales: la de Chantal Maillard y la de Perejaume, una más aérea y vagabunda, la otra más entrecubierta y arraigada, ambas ricas e interrogativas. El acto arrancará con un vídeo de Perejaume, que luego leerá poemas de Pagèsiques (2011), mientras que Chantal Maillard leerá fragmentos de Bélgica (2011), el itinerario de una conciencia que se observa simultáneamente en pasado y presente, además de otros poemas. De un extremo a otro, ambos se proponen una pugna exigente y amorosa con el lenguaje. Perejaume se adentra en la poesía desde la plasticidad y la artesanía de la palabra. Chantal Maillard, de origen belga, reparte su vida entre Málaga y Barcelona, y la escritura entre diarios, poesía y novela. Noche de cartografías personales y de nomadismos creativos.

+info: www.bcn.cat/barcelonapoesia




jueves, 5 de abril de 2012

Tres poemas de Luis Miguel Rabanal





LA CASA VIEJA I

La melancolía sube todavía la escalera de la casa, se extiende
en comprender el murmullo irremediable del caos, se aparta
para siempre de ti de un solo abrazo, se disgusta por nada,
hasta es feroz. Quien quiera que fuese el extranjero, aquel
joven personaje que vivía sin del todo vivir, tan a sus anchas
que aún sonroja su ausencia, hoy se hace arduo equivocarlo en
una siesta que no te pertenece. Miserables, nosotros, que
sufrimos a voces la calamidad y el desánimo. Y después vienen
tormentas a entorpecer la noche, cuando uno se cree
desesperado o mudo, y pasan mujeres sin medias a tu lado y las
palabras se borran.




Acacias



XVI

Cerca de mí, la afonía del cuarto.
Exclusivamente la voz que dicta los poemas
y más tarde los destruye.


A mi espalda los libros, la media luz de quien observa
a veces sin querer, de quien me quiere.


Solos yo y esta silla boba y el frío que recorre
los miembros con cautela y un poquitín de dolor.

El engaño en apariencia se entumece, se deslíe.
Quiero apuntar aquí los actos improbables,
la temeridad del que no espera nada.



LOS DELITOS QUE ALGUIEN ENFATIZA

Creeremos en aquello que hace arder. Nos hará la abulia
desorientarnos una noche, y otra noche más, y todo habrá
acabado. Se dicen cosas que ayer no recordábamos siquiera: el
paso funesto de los ríos, la sonrisa de Memé el iracundo,
cuando lanza muy lejos el estuche vacío del  violín y cree haber
perdido, ahora sí, esa batalla. También de muchachos, en la
Arenera, cumplíamos el rito del desastre con la cueva iluminada
por aguzos, las ratas en pedazos y las niñas que no pudieron
soportarlo casi nunca. En abril hueveril. Mañana habría que
suponerle al valor un límite.








Luis Miguel Rabanal. (Riello, León) 1957. Poeta leonés residente en Asturias. Su obra poética publicada consta de los siguientes títulos: Variaciones, 1977; Obdulia azul, 1980;Labios de la locura, 1983 Premio Ana de Valle; Cuaderno de junio, 1984; Rená, a solas con nosotros, 1984; Palabras para Obdulia, 1985; (Técnicas) para abrazar un oscuro nombre, Premio José Luis Núñez; La memoria buscando sus disfraces, 1986; O podríamos amarnos sin que nadie se entere, 1989 Premio Leonor; Libro de citas, 1993 Premio Cálamo de poesía erótica; Cáncer de invierno, 1998 Premio Provincia; La última vez, 2000.
En el año 1997, el autor tuvo un accidente doméstico que provocó su tetraplejia. "Así y todo", asegura el propio Luis Miguel Rabanal y "con dolores" continuó con la escritura. "No hay más que asomarse a la vida de este autor para descubrir que no sólo escribe, sino que lo sigue haciendo con maestría", se asegura desde Ediciones Escalera.
Junto con M. J. Romero, Rabanal se ocupó de la selección y traducción de la antología bilingüe Lo dejo todo de Miquel Martí i Pol, en 2001.
En 2009, llega a las librerías Elogio del proxeneta, “artefacto de difícil clasificación” cuya primera versión fue escrita entre 1996 y 1997. Con posterioridad, el autor colgó la obra en Internet, medio que ha elegido para la divulgación de sus últimos trabajos y centra su actividad. Posteriormente, los textos se corrigieron para la edición impresa. Elogio del proxeneta es una mezcla de poema en prosa, de diario, de experimentación; en ella, el protagonista, J. L. C, desvela sus sueños amorosos, sus nostalgias y sus insomnios profundizando en ese latido erótico tan presente en la obra de Luis Miguel Rabanal.
En 2011 aparece Lugares, 22 poemas en los que el autor mantiene sus claves temáticas sobre la soledad y el absurdo de la vida si bien, en esta ocasión, se aproxima a referentes geográficos. concretos


BIBLIOGRAFÍA
POESÍA

Variaciones (Total S. E. ú O.), (1977) Imprenta Casado.

Obdulia azul, (1980) Agrupación Hispana de Escritores

Labios de la locura, (1983) Jueves literarios (1985). Autor-Editor 1976; El Paisaje Editorial.

Cuaderno de junio, (1984). Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Rená, a solas con nosotros, (1984) Celarayn. Con dibujos de Víctor Bastida.

(Técnicas) para abrazar un oscuro nombre, (1985) Aldebarán.

Palabras para Obdulia, (1985) Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

La memoria buscando sus disfraces, (1986) Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo.

O podríamos amarnos sin que nadie se entere, (1989). Diputación Provincial de Soria.  

Diez poemas para leer (y amar) detrás de los saúcos, en el libro colectivo Poemas de Zaragoza (1990). Ayuntamiento de Zaragoza.

Libro de citas, (1994). Sociedad Cultural Gesto.

Cáncer de invierno, (1998). Instituto Leonés de Cultura.

La última vez, (2000). Ajimez libros. Con litografías de Francisco Velasco

La casa vieja (2002).Biblioteca digital: www.portaldepoesía.com/textos.htm.

Bocados de rosa, (2004) Biblioteca digital www.portaldepoesia.com/textos.htm  

Camineros, jícaras, verdugos (2008).Traviesas de Poesía, http://camineros.blogsome.com


Mortajas  (2009)


Fantasía del cuerpo postrado (2010)


Lugares (2011)

Una entrevista en el blog de Eloísa Otero: