Miedo de ser escarcha de David Eloy Rodríguez



Miedo de ser escarcha
Poesía 
Editora Regional de Extremadura Mérida 2012, 
169 págs.



Cuéntalo, que nosotros fuimos capaces de esto,
mi aliento no alcanza para la celebración.
Rainer María Rilke



La impresión al abrir las páginas de Miedo de ser escarcha de David Eloy Rodríguez es la de ingresar a un árbol inmenso: el mismo crecimiento orgánico, lento; las marcas de las estaciones que han ido demoliendo y reconstruyendo esa materia viva y por tanto, cambiante. El árbol inclinado que ilustra la portada de esta reciente edición de la Editora Regional de Extremadura (2012) es el mismo que pende en el lomo de la pronto agotada primera edición en el año 2000 por parte de la editorial sevillana Qüasyeditorial (ya desaparecida) pues el poemario había recibido el premio internacional Surcos. 

Los encargados del diseño de la nueva portada desconocían ese arbolito frágil que ya se balanceaba en el margen hacía doce años y que con su fragilidad a cuestas tenía la determinación telúrica de permanecer. Ese árbol está ahora detrás de una ventana, como si el paso de los años hubiese dado cierta distancia al poeta. Distancia no entendida como profilaxis ni desentendimiento, sino perspectiva desde la que poder contemplar aquellos poemas hasta ofrecer un libro revisado (al que se han añadido contenidos mientras otros se han dejado ir, desprendido como cortezas). Así lo expresa el poeta en la lúcida nota a esta edición: “Algunos poemas permanecen tal y como estaban en el original, otros han sufrido modificaciones sustanciales, otros no llegaron hasta aquí y nuevos poemas, en la misma voz (similares vibraciones, texturas y energías, parecidas conversaciones y pactos con el lenguaje, idénticas ocupaciones en lo que se considera decisivo), se sumaron en el mismo camino –misterioso, inacabable, a tientas pero cierto- del decir.”

Vida y escritura se enredan hasta ofrecer ese perfume raro de la integridad en tiempos de impostura y vértigo en los que este poemario no sólo aspira a saber parecerse a la vida viva sino que quiere merecerla. 

El lenguaje -como la materia de nuestro planeta- ha sido abusado, saqueado. Ya no quedan palabras ilesas, se han enajenado de su sentido pasando a ser material de derribo en cierta forma. David Eloy habla como vive y vive como habla: por ello rescata a cada palabra vivificando un lenguaje que se ha convertido en mercadería inocua, desmayada en los estantes. Le recuerda a cada palabra su núcleo luminoso e insurgente, su camino de restitución. 

Esta es nuestra materia:
palabras como espacios condenados
que debemos resucitar.



 Hay un árbol (lápiz y témpera) Laura Giordani


No hay fisura entre poesía y una trayectoria vital que se resiste a que ese arbolito inclinado pero no vencido, termine siendo bosque maderable, leña para alimentar los hornos de la factoría de los amos.

Saben el precio de una vida,
el precio de una nube,
el precio del amor.
Sólo conocen bosques maderables,
y en sus planes se agrandan
los dominios de su crueldad.

Los otros, las relaciones amorosas, las resistencias pero también las claudicaciones cotidianas, las amenazas de un sistema que no conoce más que el arrase son dichas desde ninguna altura de ejemplaridad pues el poeta sabe que el enemigo también ha dejado sus esquejes en nuestros corazones.

Somos, nosotros también,
Los perros de los cazadores.
Ten cuidado. Puedes matar.
Puedes volverte contra los tuyos.

Las raíces conversando bajo tierra, la comunidad que pulsa como reconocimiento a los otros, esos que en los márgenes se abrazan y abrasan para no entregarse al tiempo de la muerte. Versos depurados, deslumbrantes y sin embargo, lejos de cualquier afectación o acrobracia verbal y que recuerdan la poesía funámbula y vertical de Juarroz, por su lenguaje ligero de gravedad y a la vez capaz de sacudir la narcosis con la contundencia de una piedra en la frente.

El poema es la erección del ahorcado.
Demasiado tarde y para nadie. Pero ahí.

Miedo de ser escarcha es un árbol en el que todavía los pájaros cantan de pie, andamio de savia, ámbar y cortezas que trenzan su materia para resistir bajo la intemperie y seguir celebrando la vida a pesar de todo.


Laura Giordani, Agosto de 2012.



Hay un árbol II (lápiz y témpera) Laura Giordani


Hablar como si sólo hubiera
unas pocas palabras
y fueran para siempre.

Todo poema debe ser la carta de un suicida.



Cuando nacimos
ya habían traducido el mundo
en un lenguaje equivocado.
Las cifras estaban destinadas.
Las fórmulas tenían veneno.
Tuvimos que aprender
a respirar debajo del agua
y seguimos esperando
que la piel del tiempo
no nos vuelva locos.
No queremos ser tratantes.
No queremos ser esclavos.
Continuamos una senda de sangre.
No olvidamos de qué está hecho el camino,
no olvidamos.





Nido helado



ACTUALIDADES

Ellos dijeron: a partir de aquí ya no.
A partir de aquí, veis,
es agua limpia.

Pero nosotros seguíamos viendo
el mismo río sucio.





UNA RESPIRACIÓN PROPIA

Hemos creado algo juntos.
Un animal salvaje que duerme
con los ojos abiertos.
Una criatura hambrienta y constante
que se alimenta de luz.

Hemos creado algo juntos.
No tiene nombre.
No es nuestro.
Está agitando las horas del mundo.




Tu desnudez
                         es el río
                                               que serpentea
                a través de la guerra.






David Eloy Rodríguez. Nacido en Cáceres en 1976. Vive en Sevilla. Es autor de los libros de poemas Chrauf (Universidad de Sevilla, 1996), Miedo de ser escarcha (Qüasyeditorial, premio internacional Surcos, 2000), Asombros (Imagofórum, con imágenes del artista Miki Leal, 2006), Los huidos (Ediciones del 4 de Agosto, 2008) y Para nombrar una ciudad (Editorial Renacimiento, premio internacional Francisco Villaespesa, 2010). También del libro de relatos Este loco mundo (17 cuentos) (2010), cuya autoría comparte con Miguel Ángel García Argüez y José María Gómez Valero, álbum ilustrado por Amelia Celaya. También ha aparecido este año Lo que iba diciendo (Ediciones Liliputienses, 2012)
Sus poemas han sido recogidos en recopilaciones y antologías, cantados por cantautores y publicados en diversos idiomas. Su obra poética y narrativa ha obtenido diversos premios literarios y textos suyos han aparecido también en revistas literarias, artísticas y de pensamiento. Escribe letras de canciones y guiones de cómic y audiovisuales en proyectos compartidos con distintos creadores y participa en exposiciones y otras iniciativas de arte contemporáneo.
Interviene desde 1996 en diversos proyectos escénicos que relacionan poesía, acción y música, y ha sido invitado a recitar su obra en multitud de auditorios y festivales artísticos, poéticos, teatrales y musicales, nacionales e internacionales. Sus trabajos actuales en este ámbito se llaman “Todo se entiende sólo a medias” (http://www.soloamedias.net/) y “Su mal espanta” (sumalespanta.blogspot.com).
Imparte talleres de creación literaria especializados, campo pedagógico en el que trabaja e investiga desde 1997.
Es licenciado en Comunicación Audiovisual y uno de los responsables de la editorial Libros de la Herida http://www.librosdelaherida.blogspot.com/


Bio extraída del blog:

 En la wikipedia

Enlace de la Editorial con el prólogo completo del libro y videos:
http://lecturaextremadura.gobex.es/?s=337


3 comentarios:

c c Rider dijo...

Tal vez sea hora de enfrentar la representación, no necesariamente al hilo, no al uso , no al curso donde mejor se encauza la finalidad. Expuestos, como estamos, a la finalidad, a las semblanzas. Estos poemas de David Eloy también advierten desde esa huella que habla, ese silencio que en corteza se desprende, de lo bello que es retraducir para aunque sin palabras sentir la simiente, no una historia global que contabiliza aquello de “maderable” expuesto para el rostro de una época, no una forma. Por ejemplo, no hay nada más literario cuando un niño habla, sus imágenes son puras no han llegado a la estampa, no han sido escolarizadas del todo. No sé por qué estoy diciendo todo esto, tal vez sea por el deseo de impregnarme de escarcha y preservar la infancia/árbol que anidan en mí.

deliciosa publicación

abrazos

Laura Giordani dijo...

Pues yo tampoco sé porqué estabas escribiendo/diciendo todo eso, querido cc Rider, pero es hermoso. Preservemos pues esa infancia/árbol de nuestras infancias, resistamos en sus cortezas adheridas todavía, como una piel ancestral...
Un abrazo y gracias por poblar este espacio.

Laura

Arturo Borra dijo...

Recuerdo todavía la primera vez que escuché recitar un poema de David: fue en la Librería Primado. Cada uno leía desde sus papeles, en medio de un silencio fecundo. Y cuando le llegó el turno a él, se levantó de su silla y mirando a los presentes, recitó de memoria "Marat-Sade, 1998". Me pareció especialmente hermoso, porque en esa sencillez se condensaba una reflexión profunda, un querer-vivir de otro modo, un llamado a un movimiento fuera de las jaulas que llevamos dentro.

Cuento esto no tanto como anécdota sino porque pienso que así como hay poéticas fundamentalmente basadas en la escritura, hay otras que se mueven mejor en la oralidad, en el ser-dichas ante los demás, como una palabra comunitaria que no quiere refugiarse en el libro o, al menos, hacer de él la experiencia primera con el poema. No por azar muchos de los poemas de "Miedo a ser escarcha" fueron musicalizados.

Tal vez la poesía de David Eloy Rodríguez sea para ser cantada, ante todo. La oralidad es ahí la magia de una comunicación que erosiona, ante todo, esa distancia entre poetas y públicos tan típica. Ni siquiera queda la mediación del libro: no necesita leer sus poemas y así podía mirar mejor a los demás.

Desde entonces, cuando leo sus poemas me lo imagino junto a otros amigos de "La palabra itinerante" haciendo del poema una experiencia colectiva, una forma de derretir la escarcha en la que vivimos.

Esa entrega -que tu reseña destaca-y esa congruencia vital es la que sentimos ese día muchos. Desde entonces, es difícil no leer su poesía como parte de un modo de caminar: partiendo de las lenguas asfixiadas, para entregarse a la "música errante" del deseo.

Mucho habría que decir sobre esa asfixia y esa música a pesar de todo. En esa persistencia se teje el poema como desafío -no sólo verbal-. No es fácil sostener un poema con la vida ni la vida con un poema. Pero están ahí, enhebrados, a pesar de lo improbable. Eso es lo más valioso quizás: una obra que rebasa la obra, un poema que se derrama de humanidad -la que quiere agitar "las horas del mundo", romper los cercados, aproximarse al otro en un gesto impagable de hospitalidad.

Toda la entrada es preciosa. Desborda generosidad por todas partes. Como si esa escarcha se disolviera en la mirada de los que recorren esas imágenes y estos poemas. Queda entonces la respiración cálida de la poesía de David y ese árbol místico tuyo que acoge los nidos que quieren seguir abrigando del frío.

Gracias, entonces, por el fuego.

Un abrazo fuerte,

Arturo