domingo, 26 de octubre de 2008

Walter Benjamin a propósito de la fotografía de Atget



Walter Benjamin

Estos fragmentos extraídos de la obra Sobre la fotografía de Walter Benjamin, editorial Pre -Textos, se detienen en la obra del fotógrafo parisino Eugenne Atget y el aura (y su desmantelamiento) en la fotografía.


"Atget fue un actor que, asqueado de su oficio, lavó su máscara y se puso luego a desmaquillar también la realidad. Vivió en París, pobre e ignorado; malvendió sus fotografías a aficionados que apenas podían ser menos excéntricos que él, y hace poco ha muerto, dejando una obra de más de cuatro mil fotos. Berenice Abbot, de Nueva York, las ha recogido, y enseguida aparecerá una selección en un volumen que destaca por su belleza y que ha estado al cuidado de Camille Recht.
Los publicistas contemporáneos "nada sabían de este hombre que iba y venía por los estudios con sus fotografías, que las malvendía por cuatro perras, a menudo no más que al precio de aquellas
tarjetas que, hacia 1900, mostraban imágenes embellecidas dc ciudades sumergidas en una noche azul con una luna retocada. Alcanzó el polo de la suprema maestría; pero en la maestría enconada de un gran hombre que vivió siempre en la sombra, omitió plantar su bandera. Así no pocos creerán haber descubierto el polo que Atget pisó antes que ellos".

De hecho, las fotos de París de Atget son precursoras de la fotografía surrealista, tropas de avanzada de la única columna realmente importante que el surrealismo pudo poner en movimiento. El fue el primero que desinfectó la atmósfera sofocante que había esparcido el convencionalismo de la fotografía de retrato en la época de la decadencia.



Atget Pantheon


Saneó esa atmósfera, la purificó incluso: introdujo la liberación del objeto del aura, mérito éste el más indudable de la escuela de fotógrafos más reciente. Si Bifur o Variété, revistas de vanguardia, no presentan, bajo el título de "Westminster", "Lille", "Amberes" o "Breslau", sino detalles, ya sea un trozo de una balaustrada, o la copa pelada de un árbol, cuyas ramas se entre-cruzan en direcciones varias con las farolas de gas, o un muro de defensa, o un candelabro con un cinturón salva-vidas que lleva el nombre de la ciudad, se trata siempre de matizaciones literarias de temas que ya había descubierto Atget.

Mannequin-Atget


Este buscó lo desaparecido y apartado, y por eso se levantan dichas imágenes contra la resonancia exótica, esplendorosa, romántica de los nombres de las ciudades; aspiran el aura de la realidad como agua de un navío que se va a pique.

¿Pero qué es propiamente el aura? Una trama muy particular de espacio y tiempo: irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que ésta pueda estar. Seguir con toda calma en el horizonte, en un mediodía de verano, la línea de una cordillera o una rama que arroja su sombra sobre quien la contempla hasta que el instante o la hora participan de su aparición, eso es aspirar el aura de esas montañas, de esa rama. Hacer las cosas más próximas a nosotros mismos, acercarlas más bien a las masas, es una inclinación actual tan apasionada como la de superar lo irrepetible en cualquier coyuntura por medio de su reproducción.

Le Cirque-Atget

Y resulta innegable que la copia, tal y como la disponen las revistas ilustradas y los noticiarios, se distingue de la imagen. La singularidad y la duración están tan estrechamente imbricadas en esta como la fugacidad y la posible repetición lo están en aquélla. Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible. Atget casi siempre pasó de largo "ante las grandes vistas y antes las que se llaman señales características"; no así ante una larga fila de hormas de zapatos; ni tampoco ante los patios parisinos en los que desde la noche hasta la mañana se enfilan los carros de mano; ni ante las mesas todavía empantanadas y platos sin ordenar que están allí por cientos a la misma hora; ni ante el borde. de la calle"



Para ver más fotografías de Atget:

http://www.elangelcaido.org/fotografos/atget/atget.html

En las fotografías de Atget, se produce un desmantelamiento del aura de la realidad (como parece querer expresar Walter Benjamin) pero a la vez se crea un aura fotográfica. En alguna medida, consigue crear unos espacios donde la forma y la presencia son melancólicas. Sus composiciones tratan de profundizar en la propia esencia del medio al remitirnos a una nostalgia positiva donde se añora no sólo un tiempo sino unos valores y una figuración poética.
Sin embargo, la poética de Atget no va a perdonar sino muy al contrario es fruto de su propio desgarro personal, de su propia desgracia. Recordemos que durante los últimos años de su vida vivió miserablemente en París mientras deambulaba por las calles con su dolor y su talento, en busca de esas formas y esas presencias añoradas que interactuaran con su propio sufrimiento. Marisol Romo Mellid



4 comentarios:

Arturo Borra dijo...

Para mí W.B. siempre ha sido más que un intelectual valioso. Ha sido una especie de guía ética, porque de alguna manera sus interrogaciones siempre pasaron por detenerse en lo desapercibido. Eso es un ethos de la escritura (poética o teórica).
Gracias Laura por tan hermosa entrada. También la imagen puede ser poética (lo inverso, no cabe duda, también vale: la poesía en sus mejores momentos también es imagen).
Un abrazo fuerte,
Arturo

Saiza dijo...

Todo lo relacionado con la fotografía me apasiona, por lo que me ha gustado mucho tu entrada. Un beso.

Laura Giordani dijo...

Conozco tu devoción por Walter Benjamin, Arturo y acuerdo con vos en que ese detenimiento en lo desapercibido, en lo inapresable (qué valor ético tiene la omisión de la mirada, como una manera de crimen también!!) es una ética.

Gracias por tu detenimiento y valioso comentario.

Un abrazo fuerte,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Me alegra que hayas disfrutado esta entrada y las fotografías de Atget, Saiza.

Siempre bienvenida en este espacio.
Un abrazo grande y gracias.

Laura.