lunes, 20 de mayo de 2013

Aquella cabaña de la niñez...


"... Pero existen seres privilegiados, que son capaces todavía de montar a cualquier edad aquella cabaña de la niñez en el interior de su espíritu para hacerse imbatibles dentro de ella frente a la adversidad. Si uno la mantiene limpia es como si estuviera limpio todo el universo; si en su interior suena Bach la música invadirá también todas las esferas celestes. Este reducto está al alcance de cualquiera. Basta imaginar que es aquella cabaña en la que de niños nos sentíamos tan fuertes.” Manuel Vicent. La cabaña






En la foto, George Bernard Shaw, captado por el lente de Ralph Morse en el cumpleaños número 90 del artista.
La pequeña cabaña que el escritor usaba para trabajar; lo más curioso es que la casa podía rotar, de tal forma que tuviese siempre una buena orientación respecto al sol.


" Tal vez consideró resguardar esa infancia propia que no es propiedad de nadie como la territorialidad por inventar. Huelga decir que las acepciones de la infancia en el mercado de diseño y consumo eliminan cualquier límite entre vida artificial y vida natural pero… esos enunciados pasivos, adaptados al mecenazgo designan la propiedad, como un dedo que se señala a sí mismo y el ermitaño,queda a la intemperie, refugiado en un estrecho hilo de luz, capaz de dar vida a una cabaña, o a una concha de caracol… sin huella. Es curioso pues esa foto de B.Shaw también me retrotrae a lugares de la anatomía de la niñez. Un cuerpo siempre dispuesto al sol y también a los infinitos matices de las nubes. Los diminutos recodos de la casa y aquello que la rodea, como la habilidad de un hábil refugio, construido desde un interior, alzándose desde un interior. Decía Paul Eluard “ Cuando las cimas de nuestro cielo 
                                           Se reúnan
                                           Mi casa tendrá techo.”  

Fragmento de Daniel Conde, completo en comentarios.

11 comentarios:

Darío dijo...

Una casa girasol para no cesar en la infancia... Un abrazo.

çç dijo...

es curioso como de entre todos los hábitos que adherimos a nuestra experiencia, la expresión del sol en nuestra percepción dibuja un sonrisa plena, de eternidad. No me imagino de otro modo la puerta de la vejez, de cada país, de cada ciudad, de cada calle, como el solidago en flor en las sendas. No he leído nada del viejo Bernard (y eso que adoro el teatro) pero sucede, que su vida ha traspasado la literatura, tal vez, de tal modo que podamos conocer su vida y su filosofía. Tal vez consideró resguardar esa infancia propia que no es propiedad de nadie como la territorialidad por inventar. Huelga decir que las acepciones de la infancia en el mercado de diseño y consumo eliminan cualquier límite entre vida artificial y vida natural pero… esos enunciados pasivos, adaptados al mecenazgo designan la propiedad, como un dedo que se señala a sí mismo y el ermitaño, queda a la intemperie, refugiado en un estrecho hilo de luz, capaz de dar vida a una cabaña, o a una concha de caracol… sin huella. Es curioso Laura pues esa foto de B.Shaw también me retrotrae a lugares de la anatomía de la niñez. Un cuerpo siempre dispuesto al sol, y también a los infinitos matices de las nubes. Los diminutos recodos de la casa y aquello que la rodea, como la habilidad de un hábil refugio, construido desde un interior, alzándose desde un interior. Decía Paul Eluard “ Cuando las cimas de nuestro cielo
Se reúnan
Mi casa tendrá techo.”

Un cronopio pinta un pájaro en el caparazón de la tortuga, entonces las ciudades-dormitorio escuchan la nana, la casa-del-mañana y la ciudad-sin-noche deja murmurar a las esquinas, perspectiva crónica y lugar recurrente de fantasmas. Los perros descienden de los arrabales en llamas hasta los paseos ajardinados de estatuas sufrientes. Un adicto a la planificación entra en una cabina de foto-carnet. Una sirena, una moto, unos pasos en la otra calle, un cenicero roto en la habitación, en los lechos ríos helados corren la vida salvaje en fractales copos salados. Que siempre bien orientados al sol… con el desierto, comunicados, capaces de la fragilidad, del revestimiento de una simétrica fragilidad. La ciudad no posee torno, su contorno es golpeado por aquellos que llevan consigo su propio desierto. Supongo esta vida sin infancia que “muere” por imponerse es esta falta de luz, esta falta de reforma de territorios, esta imposibilidad de volverse hacia uno, hacia lo propio. Decía Marco Aurelio “los objetos sensoriales están fuera de nosotros, encontrándose, por así decirlo, solos ante nuestra puerta” pero esa vana objetividad o nula sensibilidad enmarcan el yo, entre los objetos y nosotros mismos. La puerta, ese espacio tapiado por el propio decorado. El enunciado catequístico que seguramente supo romper Bernard Shaw.

abrazos-sin techo Laura.

..que no se borren ni la pena, ni el miedo

Laura Giordani dijo...

Así es Darío, una casa heliótropa para no dejar de estar orientados hacia lo que nos sostiene, lo que nos ilumina. Un abrazo!

Laura Giordani dijo...

Qué comentario tan hermoso, cc_rider, es un despliegue poético, un torrente que nos vuelve a dejar descalzos en plena orilla, sin techo todavía..."Los perros descienden de los arrabales en llamas hasta los paseos ajardinados de estatuas sufrientes"
Lo releeré, desde luego.
Un abrazo destechado.

Sandra Garrido dijo...

Hay quienes se refugian en ese lugar de la infancia hay quienes huyen de ella, y entonces dónde hallar refugio. Me vino a la cabeza a quienes les robaron la infacia, infancias fallecidas por ensordecedores bombardeos, infancias truncadas por golpes de desafecto... tantos niños sin refugio sin ese rincónal que asirse.
La idea de ea casa giratoria, ese vientre donde sólo traspasa la luz que nosotros queremos que pase , es única.

Abrazo el comentario de cc. Sí toda una poesía.

Un abrazo Laura

Laura Giordani dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Laura Giordani dijo...

Muchas gracias por tu comentario Sandra, con otro abrazo desde este lado... de momento nos quedamos en esa casa imaginaria y giratoria, tan entrañable.

Laura

Stalker dijo...

maravilla de entrada y comentarios...

necesitamos esa casa interior como antídoto para las intemperies fabricadas en serie, y para dar a la vida el espesor, la densidad y el calor que algunos intereses opresores quieren arrebatarle...

un descanso y una morada pasar por aquí

un abrazo1

Laura Giordani dijo...

qué bueno es recibirte por aquí querido stalker, siempre bienvenido: ayudas a la construcción de esa casita común en Marienbad y dejando tu huella en otros lugares. Te dejo un abrazo grande. Laura

Laura Giordani dijo...

qué bueno es recibirte por aquí querido stalker, siempre bienvenido: ayudas a la construcción de esa casita común en Marienbad y dejando tu huella en otros lugares. Te dejo un abrazo grande. Laura

Stalker dijo...

gracias por tus palabras, Laura! por cierto, fuimos a una lectura de Zurita en Barcelona y nos impresionó muchísimo!

abrazos!