miércoles, 26 de agosto de 2009

La poética del espacio de Gastón Bachelard- El nido



Algunos fragmentos del libro La poética del espacio de Gastón Bachelard, dedicados al nido como imagen y lugar de ensueño poético. Tiene otros apartados dedicados al árbol, los cajones, la casa, los rincones... que iré compartiendo de vez en cuando.



Gastón Bachelard

J'ai revé d'un nid oü les arbres repoussaient la mort.
[Soñé con un nido donde los árboles rechazaban la muerte.]

M Adolphc Shedrow, Berceau sansprumesses


Recogí un nido en el esqueleto de la hiedra.
Un nido suave de musgo campestre y hierba de ensueño.


Yvan Goll, "Tombeau du pere",


Si pudiéramos encontrar de nuevo nuestro deslumbramiento candoroso cuando antaño descubríamos un nido. Este deslumbramiento no se desgasta, el descubrimiento de un nido nos lleva otra vez a nuestra infancia, a una infancia. A las infancias que deberíamos haber tenido.



Cuántas veces he conocido en mi jardín la decepción de descubrir un nido demasiado tarde. Ha llegado el otoño, el follaje se desnuda ya. En el ángulo formado por dos ramas, he aquí un nido abandonado.
Descubierto tardíamente en el bosque invernal, el nido vacío reta al buscador.
El nido es un escondite de la vida alada ¿Cómo ha podido ser invisible?
¿Invisible frente al cielo, lejos de los sólidos escondites de la tierra?


Pero los sueños de nuestro tiempo no van tan lejos y el nido abandonado ya no contiene la hierba de la invisibilidad. Recogido en el seto como una flor marchita, el nido no es más que una "cosa". Tengo derecho de cogerlo en la mano, de deshojarlo. Me vuelvo melancólicamente hombre de
los campos y de los matorrales, presumiendo un poco del saber que transmito a un niño diciendo: "es un nido de paro".
Así el viejo nido entra en una categoría de objetos. Cuanto más diversos sean los objetos más sencillo se hará el concepto. A fuerza de coleccionar nidos se deja a la imaginación en paz. Se pierde contacto con el nido vivo.
Sin embargo, es el nido vivo el que podría introducir una fenomenología del nido real, del nido encontrado en la naturaleza y que se convierte por un instante —la palabra no es demasiado grande— en el centro de un universo.



Woven together

Levanto suavemente una rama, el pájaro está allí incubando los huevos. Es pájaro que no echa a volar. Se estremece solamente un poco.Tiemblo ante la idea de hacerlo temblar. Temo que el pájaro que incuba sepa que soy un hombre, el ser que ha perdido la confianza de los pájaros.


La casa-nido no es nunca joven. Podría decirse que es el lugar natural de la función de habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver a ella. Este signo del retorno señala infinitos ensueños, porque los retornos humanos se realizan sobre el gran ritmo de la vida humana, ritmo que franquea años, que lucha por el sueño contra todas las ausencias.

Life

El pájaro, dice Michelet, es un obrero sin herramientas. La herramienta es realmente, el cuerpo del propio pájaro, su pecho, con el que prensa y oprime los materiales hasta hacerlos absolutamente dóciles, mezclarlos, sujetarlos a la obra general."
Y Michelet nos sugiere la casa construida por el cuerpo, por el cuerpo tomando su forma desde el interior como una concha, en una intimidad que trabaja físicamente. Es el interior del nido lo que impone su forma. "Por dentro, el instrumento que impone al nido la forma circular no es otra cosa que el cuerpo del pájaro. Girando constantemente y abombando el muro por todos lados logra formar ese círculo." La hembra, torno vivo, ahueca su casa. El macho trae de fuera materiales diversos, briznas sólidas. Con todo eso, mediante una activa presión, la hembra confecciona un fieltro.
La casa es la persona misma, su forma y su esfuerzo más inmediato; yo diría su padecimiento. El resultado sólo se obtiene por la presión continuamente reiterada del pecho. No hay una de esas
briznas de hierba que para adoptar y conservar la curva no haya sido empujada mil y mil veces por el seno, por el corazón, con trastorno evidente de la respiración, tal vez con palpitaciones".

Todo es empuje interno, intimidad físicamente dominadora. El nido es un fruto que se hincha, que presiona sobre sus propios límites.
¿Del fondo de qué ensueños brotan tales imágenes? ¿No vienen del sueño de la protección más próxima, de la protección ajustada a nuestro cuerpo


Building the foundation, de Bridgett Guerzon Mills


El nido - lo comprendemos- es precario y, sin embargo, pone en libertad dentro de nosotros un ensueño de la seguridad. ¿Cómo es posible que su fragilidad evidente no detenga semejante, ensueño? Revivimos, en una especie de ingenuidad, el instinto del pájaro. Nos complacemos en acentuar el mimetismo del nido todo verde entre el verde follaje. Lo hemos visto decididamente, pero decimos que estaba bien escondido. Ese centro de vida animal está disimulado en el inmenso volumen de la vida vegetal. El nido es un ramillete de hojas que canta. Participa de la paz vegetal. Es un punto en el ambiente de dicha de los grandes árboles.


Si hacemos de este frágil albergue que es el nido -paradójicamente sin duda, pero en el impulso mismo de la imaginación- un refugio absoluto, volvemos a las fuentes de la casa onírica. Nuestra casa, captada en su potencia de onirismo, es un nido en el mundo. Vivimos allí con una confianza innata si participamos realmente, en nuestros ensueños, de la seguridad de la primera morada. Para vivir dicha confianza, tan profundamente inscrita en nuestros sueños, no necesitamos enumerar razones materiales de confianza. El nido tanto como la casa onírica y la casa onírica tanto como el nido -si estamos realmente en el origen de nuestros sueños- no conocen la hostilidad del mundo.



Nido

Se adivina la historia de una caída
en ese temblor de torre de paja
y esta urdimbre de astro reseco
sin estela que atestigüe su sazón de cielos.

Cobijo exacto, íntimo,
florecido desde el centro
en el fragor de la danza de una hembra
que valla recintos con el pico
y domestica la materia con sus alas.

Hangar de todos los ascensos,
matriz del canto,
cáliz de las acrobacias,
en una choza de falanges abiertas
sin más techo que la intemperie,
sin más columna que el viento.

Puño abierto del árbol,
fruto de la altura más alta
donde la levedad colgó sus partituras
y ahora las manos ensayan torpes
la autopsia de un vuelo.
--
--
Laura Giordani de Noche sin clausura.

29 comentarios:

Portinari dijo...

Es realmente hermoso Laura. Me gustaría hacerme con este libro de Bachelard.
Cito y comento a continuación algunas cosas especiales para mí de este fragmento que has puesto. Las fotos que has escogido acompañan de maravilla el ritmo interno de las palabras.

"Este deslumbramiento no se desgasta, el descubrimiento de un nido nos lleva otra vez a nuestra infancia, a una infancia. A las infancias que deberíamos haber tenido."

(Qué bonito nido, que puede transportarnos a lugares imposibles. Deberíamos haber nacido pájaros, constructores del tiempo.)

"Pero los sueños de nuestro tiempo no van tan lejos y el nido abandonado ya no contiene la hierba de la invisibilidad. Recogido en el seto como una flor marchita, el nido no es más que una "cosa". Tengo derecho de cogerlo en la mano, de deshojarlo. Me vuelvo melancólicamente hombre de
los campos y de los matorrales, presumiendo...[...] Así el viejo nido entra en una categoría de objetos. Cuanto más diversos sean los objetos más sencillo se hará el concepto. A fuerza de coleccionar nidos se deja a la imaginación en paz. Se pierde contacto con el nido vivo.
Sin embargo, es el nido vivo el que podría introducir una fenomenología del nido real, del nido encontrado en la naturaleza y que se convierte por un instante —la palabra no es demasiado grande— en el centro de un universo."

(La desdicha de la naturaleza del hombre. Todo lo que toca, parece que acaba por pudrirse.
La idea del nido vivo VS. el nido real...)

"Temo que el pájaro que incuba sepa que soy un hombre, el ser que ha perdido la confianza de los pájaros."

"La casa-nido no es nunca joven. Podría decirse que es el lugar natural de la función de habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver a ella. Este signo del retorno señala infinitos ensueños, porque los retornos humanos se realizan sobre el gran ritmo de la vida humana, ritmo que franquea años, que lucha por el sueño contra todas las ausencias."

(El hogar)

"Es el interior del nido lo que impone su forma."

"La casa es la persona misma, su forma y su esfuerzo más inmediato; yo diría su padecimiento. El resultado sólo se obtiene por la presión continuamente reiterada del pecho."

"Todo es empuje interno, intimidad físicamente dominadora. El nido es un fruto que se hincha, que presiona sobre sus propios límites."

(La dualidad: como si en nuestro interior cabalgara un monstruo-a nuestros ojos,pues intentamos ocultarlo, como se dice en el siguiente párrafo-que trata de romper nuestra piel, aunque ne realidad la estira hasta el límite del dolor)

"Nos complacemos en acentuar el mimetismo del nido todo verde entre el verde follaje. Lo hemos visto decididamente, pero decimos que estaba bien escondido."

"Si hacemos de este frágil albergue que es el nido [...] un refugio absoluto, volvemos a las fuentes de la casa onírica. Nuestra casa, [...] es un nido en el mundo. Vivimos allí con una confianza innata si participamos realmente, en nuestros ensueños, de la seguridad de la primera morada. Para vivir dicha confianza[...]no necesitamos enumerar razones materiales de confianza. El nido tanto como la casa onírica y la casa onírica tanto como el nido -si estamos realmente en el origen de nuestros sueños- no conocen la hostilidad del mundo."

Da en la herida con lo más delicado: un nido. Un hogar. La falta. El retorno original. Siempre buscando, y en esta busqueda, arrasando con nosotros mismos, en la impotencia que supone este camino. A cuantos más pasos, más cerca se está de alejarse.

Preciosa actalización Laura. Gracias, recolectora de nidos.

Viktor Gómez dijo...

hermoso ese poetizar del nido-casa y dignísima la posibilidad de ser pájaro-obrero, pájaro-artesano, en la lid de crear o criar, en el laborar sueños que se realizan como un nido hecho con el pico, cómo una despensa de esperanzas y vívires.

Reeleré tu poema, fruto a la sazón, delicia del sentido.

Un beset,

Víktor

Arturo Borra dijo...

Conocí a Bachelard por sus aportes epistemológicos, por su psicoanálisis del espíritu científico, por sus intuiciones del tiempo… y luego llegó el otro: el que estudiaba los elementos, el que se metía en la luz nocturna, en la dualidad del día y la noche… (algo habría que decir de esa dualidad suya, de esa no-integración entre lo racional y lo pasional, lo científico y lo artístico, que permaneció en su producción teórica, pero eso ya sería un estudio… como el Narciso y Goldmundo de H. Hesse).
En cualquier caso, sus trabajos también me han maravillado; hay una meticulosidad, una profundidad de enfoque y un adentrarse en lo poético-literario que se detiene en el detalle… lo más perturbador/revelador que puede haber de cualquier ser. Así el descubrimiento tardío de un nido, el otoño que llega, el nido abandonado, todas son imágenes tan melancólicas como bellas, tan tristes como capaces de dar con su sentido, aunque más no sea el “escondite de la vida alada”, el pasar inadvertido, quizás porque el pájaro no puede confiar en su entorno, demasiado voraz, o quizás porque necesite a secas amparo ante el cielo.
Y el pájaro, ese obrero, labra cobijos, forja un hábitat, aunque más no sea con el pecho, con el pico, con esos frágiles instrumentos de sí mismo. No falta quien desdeña a los pájaros, quien se ríe de esos seres livianos, como dirías, tachándolos de extemporáneos, de pasados de moda, de anticuados… en fin… Es una de las tonterías que he escuchado recientemente, como si los pájaros no dijeran algo también de nosotros, como si no pudiéramos volver a decir los pájaros, y hacerlos volar en un poema, de otra manera, con su vuelo que nos exige siempre lo singular. No el concepto de pájaro; su trazado singular… y ¿desde cuándo el vuelo pasa de moda? ¿Desde cuándo lo poemático debe ceñirse a las modas?
Con el nido ocurre lo mismo: “pone en libertad dentro de nosotros un ensueño de la seguridad”, aunque sea una seguridad ilusoria, capaz de derrumbarse en la tormenta.
Y allí llega tu poema que cada vez que lo leo me deja los ojos llenos de ternura y de extrañeza. Llega un nido que nunca está ya-dicho, a pesar del vaciamiento que sufren los símbolos en su historia, a pesar de la dificultad para hablar.
Pero lo esencial es la mirada nueva, y ahí sos capaz de leer una historia de caída, con la precisión poética de siempre, con el detenimiento ese que da relieve a objetos desapercibidos. Sólo una mirada así puede leer en un nido tantos mundos entrecruzados: incluso aquel de nido abandonado, que en tus manos ensayan “la autopsia de un vuelo”. Cuánta inmensidad en lo diminuto. Gracias por observarlo con tanta belleza.
Un beso,
Arturo

Lola Torres Bañuls dijo...

Hola Laura:

Esta entrada es preciosa. Y me alegro de verte de nuevo en tu nido virtual.

Un abrazo.

Stalker dijo...

Querida Laura.

qué alegría internarse de nuevo en tu blog. Bachelard habla maravillosamente, nos expone una teoría: pero tu blog es su praxis inmediata y perfecta: éste es el nido y nosotros encontramos cobijo en él, en tus versos y tu atención capaz de despertar, cauterizar, acariciar. Tu blog-nido como desdoblamiento especular de una realidad soñada que condesciende a una casi milagrosa encarnación; no me extraña que tengas los huesos livianos de los pájaros.

abrazos

Laura Giordani dijo...

Hola Portinari:

Una alegría encontrar tu caudaloso comentario a esta entrada. Hace más dulce el regreso al blog. Trata de conseguir ese libro de Bachelard; te aseguro que vas a encontrar relieves muy interesantes, una revitalización de imágenes que tienen que ver con los distintos espacios que habitamos, no sólo físicamente: la casa, las escaleras, los sótanos, los cajones y sus secretos, la morada primigenia en la imagen de la caracola y su invitación al acurrucamiento y la ensoñación. En ese sentido, el nido también sería para nosotros una morada soñada, depositaria de nuestros más intimos deseos de cobijo y a la vez, de levedad y altura. Ese despegue respecto a la tierra le daría ese vaivén de fruto suspendido en el vacío, expuesto al viento, al rayo, a la lluvia. Su precariedad también.

Dices: “Deberíamos haber nacido pájaros, constructores del tiempo”... Si, Portinari, pájaros constructores de alojos para el vuelo. Pero como apuntas más adelante casi todo lo que tocamos se pierde, se pudre. Nunca olvidaré cómo algunos niños, en mi infancia, se divertían haciendo puntería a los nidos con gomeras (en España se llaman tirachinas, creo), el sonido terrible de la trayectoria de la piedra hasta algún nido haciéndolo estallar en ramitas y plumas lacerando la siesta. Las carcajadas de esos niños. La indignación, la rabia, la pena.
Podríamos al menos, aunque no seamos pájaros, aprender de ellos y su funambulismo, su levedad, su canto.

Gracias por tu parada en este nido, siéntete bienvenida nuevamente.

Un abrazo grande,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querido Víktor:

Crear, criar, custodiar, arropar, cobijar, acurrucar...Cuántos verbos para describir el alma del nido... cuánto de esos infinitivos están apuntalando también la creaión poética.
El espacio que se crea, se despliega. La poesía a diferencia de lo narrativo está más anclada en la dimensión espacial que en la temporal, eso creo.
Aquí estamos, aquí estás también abriendo esos huecos a los días, al tiempo de la muerte.

Un abrazo fuerte y agradecido,

Laura.

Portinari dijo...

Laura, gracias a ti por recibirme tan amablemente cada vez que retorno a tu nido. Te agradezco mucho tu calidez.

Buscaré el libro, como me recomiendas que haga. Además me dices que Bachelard hace también otras exploraciones de esos lugares que acabamos marcando con nuestra saliva, asunto que me gusta mucho, pues pensaba y pienso a menudo acerca de qué eran las cosas por las que pasamos, dónde está nuestro rastro en ellas, por qué acaban generándonos una falta.

Soñamos con la belleza, con las cosas o ideas sobre las que proyectamos nuestra necesidad, pero luego es como con los niños que dices; de la inconsciencia surge el derribar la belleza; y después, una y otra vez, la falta. La necesidad genera sueños con el nido.

Quizás sea esto parte del núcleo de la incongruencia humana.

Un abrazo fuerte.

Laura Giordani dijo...

Querido Arturo:

Hermoso comentario.

Descubrí a Bachelard por recomendación de un poeta cubano conocido por vos también y recuerdo su invitación entusiasta a la lectura de este libro. En esta línea de indagación de las imágenes poéticas están sus otros libros sobre la imaginación y los elementos: La tierra y los ensueños de la voluntad, El aire y los sueños, El agua y los sueños... Como señalas, uno de los aportes más valiosos de Bachelard es esa capacidad de llevar la mirada a lo ínfimo, a la urdimbre misma de la materia de los sueños. Y hay en esa mirada una revitalización de imágenes poéticas que algunos pueden considerar obsoletas o rancias: las aves, un nido, el agua y la roca con todas sus proyecciones de blandura y dureza...
“Y el pájaro, ese obrero, labra cobijos, forja un hábitat, aunque más no sea con el pecho, con el pico, con esos frágiles instrumentos de sí mismo”
Esto que comentás es quizás lo que más me impactó de la lectura de este capítulo del nido, aunque este dato pudiera encontrarse en cualquier tratado de ornitología respecto a la arquitectura de los pájaros... ese labrarse un cobijo desde el interior donde el pájaro es una especie de derviche enloquecido, dando vueltas como torno vivo para ahuecar el barro, con todo su cuerpo en juego, incluso con sufrimiento y palpitaciones. Casi pariendo su espacio en la altura. Ganándose su distancia del suelo, su protección tanto frente a la predación de nuestras manos torpes como a la predación de lo alto. Como decís, el pájaro no puede confiar en un entorno voraz.

Quizás quienes consideran que el vuelo pasó de moda, como la hierba, el temblor o los caracoles, estén orbitando en torno a otras imágenes que se revuelcan en experiencias urbanas de bar y resaca, a lo bukowskiano tardío. Eso es sólo abandonar una imaginería para enarbolar otra más desencantada pero igualmente pasada de moda en todo caso.

Gracias por tu comentario sobre el poema y por esa lectura detenida y generosa.
Un beso,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Hola Lola:

Ya sabes que eres bienvenida a este nido, siempre que gustes reposar un ratito.

Ya haré una visita a tu rama.

Y un abrazo fuerte,

Laura.

Nuria dijo...

Tú, los nidos, los pájaros, el viento, los huecos, los sueños, las palmas de las manos, sus huecos, las alturas de lo cóncavo, lo convexo, lo humano, lo no humano pero hermosamente humanizado y todos los escondites de uno, son eso, cobijo de uno, asilo de una misma cosa… Sois unidad. Y son también tantas las veces que me traes a la memoria a Pizarnik que me alegra ver todo tu universo-nido. Toda tu naturaleza. Tu rama, que no es más que nuestra vela de foque.

Ya lo estampaste hace tiempo fielmente: no bastará con la poesía; habrá que tener además los huesos livianos de los pájaros.

Laura Giordani dijo...

Querido stalker:

En ese juego estamos, en construir moradas -precarias las más de las veces- para que la vide respire mejor y nosotros también con ella. Ojalá este espacio sea un reflejo de ese deseo, una praxis siempre en ejercicio del nido vivo del que habla Bachelard.
Me alegra recibirte nuevamente aquí, tú sí que sabes forjar cuevas para topos y pájaros extraviados.
Te dejo un abrazo de plumas mojadas por la lluvia.
Laura.

Laura Giordani dijo...

"pienso a menudo acerca de qué eran las cosas por las que pasamos, dónde está nuestro rastro en ellas, por qué acaban generándonos una falta"

Menuda indagación dejas Portinari sobre la materia de las cosas por las que pasamos, materia que en la memoria acaba tornándose casi irreal, espectral. Y ese hueco, esa falta que sentimos pero a la vez cargada de "presencias", como el paso de un espíritu a nuestro lado y que sólo podemos constatar como un cambio de temperatura en el pulso, una ráfaga que nos recuerda la suma del desastre sobre la que nos vamos edificando.

Construir-destruir... están también los dioses de la destrucción (en India es una diosa: Kali) pero que no ponen término por crueldad, sino para que se cumplan los ciclos y sobre los escombros surja lo nuevo. Otra cosa es la crueldad humana, la ceguera de sentirse más vivo, haciendo estallar un nido, por ejemplo. La gratuidad de esa destrucción.

Gracias otra vez por dejar aquí tus inquietudes. Aquí quedan alojadas.

Un abrazo,

Laura.

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Es conmovedor, a la vez que reconfortante, saberse nido, soñarse nido. Son nidos nuestras manos, nuestro corazón que arrulla la vida, es nido nuestra cama, nuestra casa, nuestra cabeza. Es nido un libro, un poema. Tu poema es un nido. Son unos muslos.

Laura Giordani dijo...

Querida Nuria; ojalá, ojalá yo fuera un pequeño reflejo de todos esos lugares tibios que invocas. Pero agradezco igualmente tu cariño y lo valoro mucho.
Las manos, cómo no las manos cuenco bajo la intemperie, las manos que se agrietan al recibir el agua dolida o el pájaro vulnerado. Esas son las manos que uno desearía tener. Hacen falta en este mundo. Mucha.
Te dejo un abrazo muy fuerte,
Gracias, de corazón.

Laura.

Laura Giordani dijo...

Tienes razón Esther: es reconfortante saberse nido, buen alojo para otros. Un nido pueden ser tantas superficies amables: un poema, como dices,también unas manos o unas retinas que reciben nuestro reflejo sin aristas, sin el filo del juicio. Una mirada blanda.
Gracias por tu paso y un saludo,

Laura.

rubén m. dijo...

Bellísima entrada, el texto, las imágenes y tú formando el nido.

Gracias!

Leo Zelada Grajeda dijo...

Interesante post. Bachelard en el fondo era un poeta. Su estilo es muy especial.

Leonardo dijo...

Con alegría disfruto de tu regreso a la red con esta presencia del gran Bachelard cuyo pensamiento no se aleja nunca de la poesía. Además muy interesante descubrir el fruto tuyo de la lectura de Bachelard, la reflexión y la creación se responden, cada uno desde su nido o su "choza de falanges abiertas". Hay cosas aquí que todos hemos sentido, la decepción del nido vacío por ejemplo (algo que muchos niños de hoy no pueden conocer), o esa maldad infantil contra los nidos que tú evocas. No sé porqué pensé también en un verso de Brecht que dice "Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo como era su casa". Quizás por todo lo que dice acerca de la construcción del nido. ¿Tendremos sólo un nido en la vida? El nido nuestro es el que construímos o el que construyeron nuestros padres? ¿En el vuelo de un pájaro siempre se puede ver el rastro o la promesa de un nido? Lo maravilloso de confrontarse a textos así y a sus lectores está en las preguntas que suscitan en nosotros.
Un saludo

Laura Giordani dijo...

Gracias a tí Rubén por tu visita y comentario.

Te dejo un abrazo,

Laura.

Perdona la tardanza en la respuesta, ando con poquito tiempo, retomando ritmos.

Laura Giordani dijo...

Estoy de acuerdo, Leo: Gastón Bachelard era poeta o poseedor de una sensibilidad poética pofunda.¿Cómo si no su mirada sobre esos recodos y refugios?

Gracias por tu visita,


Un abrazo.

Laura.

Laura Giordani dijo...

También me alegra este regreso lento, entecortado en el que puedo leer comentarios como el tuyo, Leonardo. Y las preguntas que lanzas y recojo como nidos caídos. Pocos niños tienen hoy la posibilidad de observar nidos... salvo en algunos lugares. Tuve el privilegio de crecer junto a muchos árboles: algarrobos, talas, eucaliptus, sauces... cada uno portando sus habitantes, no solo nidos sino también cigarras que dejaban su envoltura seca en el tronco al cambiarla por otra. Alucinante.
No sé si ese nido del que habla Bachelard encuentra anclaje en algún espacio físico.. el nido interior, ese refugio casi imposible de la intemperie no creo se encuentre en casa de los padres, al menos en mi experiencia en la que no hubo una casa permanente.
Gracias por dejar estas huellas y bienvenido nuevamente aquí-

Un abrazo,

Laura.

Arruillo dijo...

Navegar por este post es como encontrarse flotando en el aire, al ritmo de los pájaros y contemplar como los humanos reflexionan sobre una vida sencilla, llena de placeres -aunque corta-. El mundo de las aves es algo tan apasionante, que puede proporcionarnos una imagen para cada uno de los versos que quisiéramos construir en torno a nuestros propios pensamientos.
Una maravilla la página, el cuidado, el esmero...y por si fuera poco, el tema de hoy es mi tema favorito.
Un beso

Abelardo Manuel Martinez dijo...

Querida amiga Laura, es un placer alojarme y cobijarme en la casa-nido que tambien es tu blog y disfrutar de la cultura en estado puro y salvaje.
Salud y un fuerte abrazo.

Laura Giordani dijo...

Hola Aruillo.

Siéntete bienvenido en este espacio. Me alegra que hayas disfrutado la lectura de esta entrada, imagino por lo que dices, que compartimos pasión por los pájaros. He pasado por tu blog y encuentro mucho verde, mucho pétalo.
Regresa cuando gustes y muchas gracias por tu calidez.

Un abrazo,

Laura.

Laura Giordani dijo...

Querido Abelardo:

Este es tu nido también para detenerte un rato y descansar o para que sequen tus plumas después de la lluvia y poder seguir el vuelo.
Te debo visitas atu blog y espero coincidamos en algún evento este año.

Un abrazo y gracias,

Laura.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Mi querida Laura:

Coincido con Stalker. Algunos escriben sobre el nido. Otros lo encarnan, lo son. Vos sos un nido y tus palabras, tus poemas, son los de una mujer-nido que pone el cuerpo y se sumerge en lo escrito, sin cálculo ni red, con una pureza y una potencia que te deja absorto y estremecido.

Ayer consegui el libro de Bachelard. Te debo su descubrimiento, Laura. Me acompañó durante el día y me espera en la mesa de luz. Abandonar las ciencias duras por la ciencia blanda e inasible de la imagen poética ...

Voy poniéndome al día con tus entradas. Todas tienen una coherencia visceral.

Un abrazo muy apretado.

P.S.: Sonrío cuando te escucho hablar del bar y la resaca bukowskiana; yo siento lo mismo ...

Anónimo dijo...

hola a todos necesito hacer un ensayo sobre este capitulo pero realmento no entiendo mucho y por lo que veo no interpreto correctamente las lineas de este capitulo alguien podria ayudarme a una buena interpretacion... gracias

Libros Gratis dijo...

En manos de Gaston Bachelard el ensayo literario adquirió una fluidez y una libertad un moustro!! increible!!! lo recomiendo para todos los estudiantes de literatura... pueden descargar el libro gratis en tuslibrosgratis.net