La nueva creación -Hugo Mujica



"La poesía es de todas las aguas claras la que se entretiene menos en los reflejos de sus puentes."

René Char


Desde la playa de la memoria el poeta otea hacia el mar de lo más propio: lo lejano, lo aún no suyo. Horizonte que le entrega la brisa que lo trasiega y le susurra, el viento que lo precede y empuja, el olvido de otras memorias soplando en todos los recuerdos, recordando para los que olvidan.

El poeta recuerda su origen y su recuerdo anuncia todo destino: rememora el paraíso perdido, el primer alba, el verdor prístino y lo naciente en lo ya nacido, la teofanía inaugural y fundante, la desnudez del deseo antes de amortajarse necesidad, la luz apagada en todas las sombras, el verbo anquilosado en cada sustantivo...

La fuente del instante que se hilará río en la linealidad de la escritura: recuerda su propio acto creador en el acto de crear, en ese acto que actualiza en el poema, que actualizándolo pierde, vela, nubla y hasta traiciona: espejo distorsionado de una trasparencia que recuerda al ver lo que la cubre y opaca, que recordándola la ve desfigurada en el espejo que ahora le sirve para reflejar nuevamente su anhelo de trasparencia, para volver a buscarla, para sumergirse allí donde no es lugar sino encuentro, donde nada hay salvo la búsqueda de nada, la búsqueda de nombrar esa nada: de hacerla ser en el ser de la palabra.

Allí donde sólo puede buscar lo que no espera porque no es lo ya encontrado sino lo por encontrar, lo por recibir: la novedad, la palabra nueva, la creación de otro mundo que brota desde ese punto de nada que lo habita y lo traspasa, que traspasándolo lo abre trascendencia: la creación de un mundo abierto y trasparente: el poema.

En lo hondo no hay raíces, hay lo arrancado: vacío que habita para escuchar, para decir, para volver a traicionar sin traicionarse: volviendo, confesando, sufriendo y otra vez volviendo a beber de su propia sed. Aprendiendo que es la copa vacía lo que permanece, no lo que vertimos en ella: la poesía, no el poema.

El poeta sabe de un vacío, de una fuente, de una plenitud de potencia, un rostro sin bordes, una palabra sin sonido... sabe sin conocer, conoce sin repetir, sabiendo que el silencio cobija como misterio lo que promete como donación, lo sabe custodiando el misterio como misterio: escuchándolo no para decirlo él, para custodiar el decirse del misterio, nunca para repetirlo o guardarlo: el poeta no escribe para llenar un vacío, escribe para mantenerlo abierto, lo escribe sin verborrea, como en filigrana: lo dice sin acallarlo.

Lo dice para hacerlo escuchar, para decir su origen: el escuchar como misterio del origen o la escucha como originante del misterio, de aquello que sin nosotros es para nosotros, que desde nosotros es para los demás.

Misterio también de gratuidad, de la insobornable gratuidad de aquello que nos busca con tal que lo esperemos, que nos habla con tal que escuchemos, que lo tenemos con tal que no lo poseamos.

Misterio de una caricia más que de un abrazo, misterio de la mano que no retiene, que apenas roza: del gesto que aprendió la despedida.

Hay palabras que cubren lo que nombran, son las palabras cotidianas, la charla, la habladuría. Otras desnudan lo nombrado, lo desvelan, son las palabras de los que piensan la hondura, o simplemente los que piensan lo que nombran; y hay palabras desde donde lo nombrado nace: es la palabra poética, la poesía.

Entre las orillas del pensamiento, por un lado, y el silencio, por otro, fluye el río de la poesía, abreva y fecunda de ambos. No se coagula en concepto, como aquél, ni calla como éste. Es río, murmullo: voz. Y es vida: fluye. Vida de vida: fecunda, da de beber a cada ser según su sed.

Realidad de la realidad, dice lo que la realidad calla, lo que los conceptos amordazan.

El poema muestra la mirada, no lo mirado; hace sonar la música, no el instrumento. Dice la palabra que no nombra otra cosa, que se dice ella misma como palabra: no la dice, la deja decirse dándole su voz para que en esa voz se diga la poesía: la palabra diciéndose palabra.Poesía: origen, poema: destino y, entre medio, la vida, la mediación y encuentro, cuando la vida no traiciona lo vital: la creación: la vida celebrándose y rebasándose vida.La creación genera creación, el origen destino.

El poeta escribe no lo que está escuchando al escribir sino lo que va dejando de escuchar, mientras, la poesía habla, y calla. La callan las palabras que escribe, porque es propio del origen estar siempre velado por aquello que origina. El origen es el sacrificio: el de la poesía por el poema. El poema es siempre su propia falta, su siempre abierto, su trasparencia hacia aquello que empaña.

El hálito que empaña es la vida que irradia: sacrificio del poema.El poema es el trazo de la búsqueda de la poesía. Casa y caza. Encuentro y exilio... y otra vez el poema.El poema recuerda y anuncia, anuncia y oculta, encuentra y pierde en la pérdida que engendra lo encontrado. Misterio creador, o creación de un misterio al que sólo se le avecina la contradicción: el poema: lo perdido en el acto de encontrarlo. Lo encontrado en el acto de plasmarlo: en el encuentro para otros: el poema y el lector: la nueva creación.




Hugo Mujica nació en Buenos Aires, 1942.
Sus estudios abarcan Bellas Artes, en Buenos Aires y U.S.A. Filosofía, en U.S.A. Antropología filosófica, en Buenos Aires y Teología, en Buenos Aires y Francia. Desde 1962 a 1970 residió en U.S.A. Desde 1974 a 1975 lo hizo en Francia y otros países europeos.
Su andadura durante unos años como artista plástico, su permanencia durante siete años en un monasterio trapense entregado al silencio, y su entrega a la creación poética, no hacen sino enriquecer la obra de este autor complejo en su simplicidad.

2 comentarios:

Saiza dijo...

Querida Laura, gracias por este descubrimiento para mí, que al empezar a leer, me ha envuelto en sus palabras y me ha cautivado...sera como dice... porque es la palabra poética, la poesía.
Me ha encantado, un abrazo.

Laura Giordani dijo...

Querida Saiza:

Mis ritmos últimamente en el blog son algo lentos. Me encanta que hayas podido difrutar el texto de Hugo y sábete siempre bienvenida a este espacio.

Un cálido abrazo,

Laura.