Antonio Méndez Rubio: La palabra en la intemperie





Las hojas transparentes,
las más embelesadas
me hacen daño.
Historia del daño



Nació en Fuente del Arco, Badajoz, en 1967 y reside en Valencia, en cuya Universidad es profesor de Comunicación Audiovisual.


Ha publicado los libros de poesía: El fin del mundo (Madrid, 1995; finalista Premio Hiperión); Un lugar que no existe (Barcelona, 1998); Trasluz (Madrid, 2002); Por más señas (Barcelona, 2005; premio Ojo Crítico de RNE); Razón de más (Tarragona, en prensa). Este mismo año 2007 reúne su obra poética en Todo en el aire: poesía 1995-2005 (Mérida). Además, es autor de libros de ensayos y estudios culturales como Encrucijadas: Elementos de crítica de la cultura (Madrid, 1997), La apuesta invisible: Cultura, globalización y crítica social (Barcelona, 2003); Poesía 68 (Madrid, 2004); Poesía sin mundo: Escritos sobre poética y sociedad 1993-2003, (Mérida, 2004) y Perspectivas sobre comunicación y sociedad (Universitat de València, 2004). Formó parte del colectivo Alicia Bajo Cero, integrado en la Unión de Escritores del País Valenciano.

Frente a la precariedad, la injusticia y el dolor, Méndez Rubio trata de construir con su obra la posibilidad de una poética humana digna, pero siempre en construcción, nunca del todo cerrada. Poesía y pensamiento crítico van inseparablemente unidas en toda su obra, desde El fin del mundo hasta la reciente Historia del Daño o su participación en la antología, coordinada por Enrique Falcón, Once poetas críticos de la poesía española reciente.

Dentro de esta poesía crítica o poesía de la conciencia, algunos críticos, como Josu Montero o Prieto de Paula, clasifican su poética dentro de una corriente vanguardista que considera nuclear el lenguaje y evita describir la realidad como una sucesión de hechos previamente existentes, ya dados y cerrados. El propio autor afirma
La realidad no es aquí sólo ni fundamentalmente una especie de a priori que el lenguaje debe aspirar a fotografiar sino, más bien, un mundo percibido y construido, inseparable de los efectos de sentido que el lenguaje proyecta.


Y al decir de Prieto de Paula:

La poesía de Antonio Méndez se sitúa, al cabo, allí donde los designios colectivos, negadores del ensimismamiento narcisista del sujeto, sólo pueden ser mantenidos mediante un proceso de depuración lingüística y despojamiento de trampantojos sensoriales y bullanguería mundana. Ése es el lugar del tabernáculo de la realidad y del tabernáculo del lenguaje: dos zonas que coinciden en el interior íntimo de un proyecto de vida y escritura, confundidas ambas en un mismo propósito de redención.

Desde esa perspectiva en que la realidad se constituye no por hechos, sino a través de efectos de sentido que el lenguaje proyecta, la obra de Antonio Méndez tiende a deconstruir el discurso para abrir nuevas posibilidades a lo real. La obra de Antonio Méndez se opone pues a determinadas formas de realismo que consideran central la existencia de un mundo material y de las relaciones que en él se dan.

Cuando sea posible entender el pensamiento crítico más allá de la actitud judicial o del prejuicio dogmático, entonces tal vez no sea una quimera encontrar un camino transitable, compartido, entre los defensores del arte por el arte y quienes siguen cerrados a todo lo que no sea hacer del discurso poético una forma más de la contrapropaganda. (...)En la práctica, más que de forma es necesario hablar de formas, y prestar atención y capacidad de escucha a los resortes específicos que constituyen el mecanismo motor de propuestas específicas de escritura. Además, parece razonable afirmar que esas diferencias y peculiaridades, no obstante, están en deuda con grandes matrices operativas que se encaminan a su vez en direcciones diversas pero que admiten ser pensadas como tales matrices. Me refiero por ejemplo a la fragmentación del discurso, cuya función se articula sintomáticamente con una experiencia de lo real en quiebra, en proceso de composición y apertura crítica.

Como ensayista, desde libros como Poesía y Poder, La apuesta Invisible o Perspectivas sobre comunicación y sociedad, describe las artimañas con que la ideología dominante alimenta un arte descomprometido, hedonista y vacuo. Tantea las relaciones entre el mundo real y el mundo cultural, la cohabitación de intereses entre los mass media y los poderes fácticos

Poesía
Llegada a Dublín, Valencia, Universidad de Valencia, 1988.
Fugitivo tesoro, Murcia, Carabelas, 1993.
El fin del mundo, Madrid, Hiperión, 1995.
Un lugar que no existe, Barcelona, Icaria, 1998.
Trasluz, Madrid, Calambur, 2002.
Por más señas, Barcelona, DVD, 2005.
Razón de más, Tarragona, Igitur, 2006, en prensa.

Antologías poéticas
Historia del daño (Selección poética 1986-2005), Valencia, Germanía.

Otros géneros
Encrucijadas: Elementos de crítica de la cultura, Madrid, Cátedra, 1997.
Poesía y utopía, Valencia, Episteme, 1999.
La apuesta invisible: Cultura, globalización y crítica social, Barcelona, Montesinos, 2003.
Perspectivas sobre comunicación y sociedad, Valencia, Universitat de València, 2004.
Poesía 68, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004. (entrevistas)
Poesía sin mundo: Escritos sobre poética y sociedad 1993-2003, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2004.

Enlaces para conocer más del autor y fuentes de esta entrada:


http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/mendez/

http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com/2006/11/antonio-mndez-rubio.html

http://www.rebelion.org/cultura/040120ai.htm


4 comentarios:

Viktor Gómez dijo...

Antonio Méndez provoca una cierta incomodidad porque nos desintala de lo engañosamente fiable y seguro para posibilitar lo que Juarroz llamaba rebautizar el mundo. Es poeta sin fisuras, desde lo discreto y silencioso de su hacerse presencia entre nosotros hasta la consistencia y madurez de su voz al rescate y afirmación de aquello no prescindible:

'De hecho, la revolución continua' A. Negri


Y digo:

Avanzadas huellas
no el caminante
que retorna
aún a riesgo de perderse
la blancura acumula
la incertidumbre
no hay ahora camino
sino una voluntad
pacífica e irreductible
de hallar lo necesario
para cobijar el calor
de un cuerpo
perdido entre la hibernal
niebla.

¿Quién se mueve en la noche sin lámpara?

Se necesita a tientas
buscar ese no camino
y siempre es solitaria
la itinerante aventura.

Lo que esperas y lo impensable lindan en lo blanco del paisaje sin lindes.



Laura:

En la relectura de la poesía de Méndez Rubio tengo la sensación de girar en una espiral que tiene por eje lo inaudito y por fuerza de empuje la sed, la sal de la sed que tu inauguras en mi imaginario lector.

Cuántas involuntarias complicidades, qué afinidad imprevista cuando se entrecruzan poéticas fuera del marco y simulacro, de la normativa seguridad, del apesebrado culturalismo masivo.

¡Qué golpe leeros!

De alguna manera que no se leer a Antonio Méndez me cambia, me desubica y deja en la intemperie, como me pasara anteriormente con Jenaro Talens (en el 2005 redescubrí su poesía) o cuando tenía 15 años me pasara con Rubén Darío, Machado y Lorca.

Siempre hay voces que como los vientos, las brisas, cambian la dirección de las nubes, el color del cielo, la suerte de lo sembrado.



Tu Víktor

Laura Giordani dijo...

Totalmente de acuerdo Víktor respecto a las sensaciones que causa la lectura de los poemas de Antonio. Hay algo que descoloca, a fuerza de claridad sin concesiones, intemperie insobornable.
Gracias por tu poema y tus comentarios; es hermoso constatar cómo a veces dialogan las poéticas.

Un abrazo.

Laura Giordani dijo...

Totalmente de acuerdo Víktor respecto a las sensaciones que causa la lectura de los poemas de Antonio. Hay algo que descoloca, a fuerza de claridad sin concesiones, intemperie insobornable.
Gracias por tu poema y tus comentarios; es hermoso constatar cómo a veces dialogan las poéticas.

Un abrazo.

Matilde Selva dijo...

Hay muchos caminos para llegar al sitio, y en la poesía cada cual tiene el suyo...apropiado, inapropiado, fácil, tortuoso. Pero casi todos al final, más largo el trayecto o más corto, acabaremos en la esencia de la poesía, el corazón humano, ese que tenemos en común, de carne latiendo, una vez se cierren las heridas, se caigan las costras y esas máscaras de piedra que en tantas ocasiones lo envuelven y aíslan.
Porque no hay yo sin tú.