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El viaje, la memoria y el olvido en la maletas de Alejandra Pizarnik, Blanca Varela y Olga Orozco

El viaje y el lastre del viaje, las memorias embaladas balando un tiempo estrangulado, nosotros embalados para volver a ser tiempo en otro espacio. La vida en un atado, vino desatado luego a nuestros pies, las uvas pisadas en la euforia de los umbrales o aplastadas por la ceguera de otros.

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Maletas de prisioneros de Auschwitz en las que escribieron sus nombres con la esperanza de recuperarlas en algún momento

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La mirada de tres poetas sobre la travesía y esos equipajes invisibles que nos siguen como lunas orbitando planetas muertos hace tiempo. Y otras maletas terminales que quedaron encalladas en la nieve, sin llegada posible. Convertidas en humo.





Preparados para viajar



explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome


Caroline de Gundorode

La mano de la enamorada del viento
acaricia la cara del ausente.
La alucinada con su «maleta de piel de pájaro»
huye de sí misma con un cuchillo en la memoria.
La que fue devorada por el espejo
entra en un cofre de cenizas
y apacigua a las bestias del olvido.


La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir
Pero arremete ¡viajera!

Alejandra Pizarnik




Nadie nos dice cómo...

Nadie nos dice cómo
voltear la cara contra la pared
y morirnos sencillamente
así como lo hicieron el gato
o el perro de la casa
o el elefante
que caminó en pos de su agonía
como quien va
a una impostergable ceremonia
batiendo orejas
al compás
del cadencioso resuello
de su trompa
sólo en el reino animal
hay ejemplares de tal
comportamiento
cambiar el paso
acercarse
y oler lo ya vivido
y dar la vuelta
sencillamente
dar la vuelta


Toda la palidez inexplicable es el recuerdo...

Toda la palidez inexplicable es el recuerdo.
travesía de muralla a muralla,
el abismo es el párpado,
allí naufraga el mundo
arrasado por una lágrima.

Blanca Varela



tren cargado con equipaje


No comiste del loto del olvido...

No comiste del loto del olvido
-el homérico privilegio de los dioses-,
porque sabías ya que quien olvida se convierte en
objeto
inanimado
-nada más que en resaca o en resto a la deriva-
al antojo del caprichoso mar de otras memorias.
Y así escarbaste un día en tu depósito de sombras
y volviste a anudar con tiernos ligamentos huesecitos
dispersos,
tejidos enamorados del sabor de la lluvia,
vísceras dulces como colmenas sobrenaturales para la
abeja reina,
dientes que fueron lobos en las estepas de la luna,
garras que fueron tigres en la profunda selva
embalsamada.
Y lo envolviste todo en ese saco de carbón constelado
que arrojaste hacia aquí, como hacia un tren en
marcha,
y que en algún lugar dejó un agujero por el que te
aspiran
y al que debes volver.


De "Cantos a Berenice" 1920- Olga Orozco



"Olvida tu equipaje"


Hallado un mensaje en una botella enterrada en Auschwitz


El texto, escrito en septiembre de 1944, recoge nombres y lugares de nacimiento de siete jóvenes polacos y franceses

Unas obras próximas al campo nazi de exterminio de Auschwitz-Birkenau (Polonia) han posibilitado el hallazgo de un mensaje manuscrito oculto en una botella, según informa la BBC.
El texto está escrito a lápiz y fechado el 9 de septiembre de 1944 y contiene los nombres, números del campo y lugares de nacimiento de siete jóvenes internos de Polonia y Francia, de los que al menos dos, sobrevivieron, señalan fuentes del museo de Auschwitz a la cadena británica.
La botella se hallaba oculta en el muro de hormigón de una escuela que los prisioneros se vieron obligados a reforzar. Los edificios de la escuela, a pocos cientos de metros del campo, fueron utilizados por los nazis como almacenes.
Un portavoz del museo asegura que los autores de la nota eran "jóvenes que intentaron dejar algún rastro de su existencia tras ellos". Sólo en Auschwitz los nazis mataron a 1,1 millones de seres humanos, la mayoría judíos y gitanos.
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Tres poemas de Alejandra Pizarnik dedicados

Alejandra Pizarnik

Comparto tres poemas dedicados de Alejandra: el primero a Julio Cortázar y a su esposa Aurora Bernárdez, a quienes conoció en Paris y con quienes mantuvo una intensa amistad. En París también conoció a Octavio Paz quien prologó su Árbol de Diana (1962) y es a este libro al que pertenece el poema dedicado a Julio y Aurora.


El segundo poema, llamado Tiempo y perteneciente al libro Las aventuras perdidas (1958) está dedicado a su gran amiga, la poeta Olga Orozco, amistad que acompañará a Alejandra hasta su muerte.

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El tercer y conmovedor poema, Anillos de ceniza de Los trabajos y las noches (1965), está dedicado a la poeta italiana Cristina Campo.

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Atmosphere de Joy Division


Sobre negros peñascos se precipita,
embriagada de muerte,
la ardiente enamorada del viento.
Georg Trakl
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Julio Cortázar y Aurora Bernardez en una fotografía tomada en un bazar de la India a mediados de los 60.



A Aurora y Julio Cortázar
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1
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He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
Y he cantado la tristeza de lo que nace.
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2
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Éstas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla...
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3
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sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.
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4
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Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca del tributo para la pequeña
olvidada. El frío pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará. Pagará el trueno.


Julio Cortázar
Tiempo
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A Olga Orozco
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Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.
Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.

Alejandra Pizarnik y Olga Orozco en Buenos Aires
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Anillos de ceniza
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A Cristina Campo
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Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos,
los dueños del silencio.




Cristina Campo