miércoles, 24 de junio de 2015

Un nido donde los árboles rechazaban la muerte

J'ai revé d'un nid oü les arbres repoussaient la mort.
[Soñé con un nido donde los árboles rechazaban la muerte.]

M Adolphc Shedrow, Berceau sansprumesses


Recogí un nido en el esqueleto de la hiedra.
Un nido suave de musgo campestre y hierba de ensueño.

Yvan Goll, "Tombeau du pere",






Adivino la historia de una caída en su temblor de torre de
paja, esta urdimbre de astro reseco sin estela que atestigüe
tanta vocación de cielo. Hangar de todos los ascensos,
matriz del canto y las acrobacias en una choza de falanges
abiertas sin más techo que la intemperie, sin más columna
que el viento. Puño abierto del árbol, fruto de la altura
más alta, donde la levedad colgó sus partituras y donde
ahora mis manos ensayan torpes la autopsia de un vuelo.

[Nido derribado]
Laura Giordani, Noche sin Clausura.




Si pudiéramos encontrar de nuevo nuestro deslumbramiento candoroso cuando antaño descubríamos un nido. Este deslumbramiento no se desgasta, el descubrimiento de un nido nos lleva otra vez a nuestra infancia, a una infancia. A las infancias que deberíamos haber tenido.

Cuántas veces he conocido en mi jardín la decepción de descubrir un nido demasiado tarde. Ha llegado el otoño, el follaje se desnuda ya. En el ángulo formado por dos ramas, he aquí un nido abandonado.
Descubierto tardíamente en el bosque invernal, el nido vacío reta al buscador.
El nido es un escondite de la vida alada ¿Cómo ha podido ser invisible?
¿Invisible frente al cielo, lejos de los sólidos escondites de la tierra?


Pero los sueños de nuestro tiempo no van tan lejos y el nido abandonado ya no contiene la hierba de la invisibilidad. Recogido en el seto como una flor marchita, el nido no es más que una "cosa". Tengo derecho de cogerlo en la mano, de deshojarlo. Me vuelvo melancólicamente hombre de
los campos y de los matorrales, presumiendo un poco del saber que transmito a un niño diciendo: "es un nido de paro".
Así el viejo nido entra en una categoría de objetos. Cuanto más diversos sean los objetos más sencillo se hará el concepto. A fuerza de coleccionar nidos se deja a la imaginación en paz. Se pierde contacto con el nido vivo.
Sin embargo, es el nido vivo el que podría introducir una fenomenología del nido real, del nido encontrado en la naturaleza y que se convierte por un instante —la palabra no es demasiado grande— en el centro de un universo.




Levanto suavemente una rama, el pájaro está allí incubando los huevos. Es pájaro que no echa a volar. Se estremece solamente un poco.Tiemblo ante la idea de hacerlo temblar. Temo que el pájaro que incuba sepa que soy un hombre, el ser que ha perdido la confianza de los pájaros.


La casa-nido no es nunca joven. Podría decirse que es el lugar natural de la función de habitar. Se vuelve a ella, se sueña en volver a ella. Este signo del retorno señala infinitos ensueños, porque los retornos humanos se realizan sobre el gran ritmo de la vida humana, ritmo que franquea años, que lucha por el sueño contra todas las ausencias.

El nido - lo comprendemos- es precario y, sin embargo, pone en libertad dentro de nosotros un ensueño de la seguridad. ¿Cómo es posible que su fragilidad evidente no detenga semejante, ensueño? Revivimos, en una especie de ingenuidad, el instinto del pájaro. Nos complacemos en acentuar el mimetismo del nido todo verde entre el verde follaje. Lo hemos visto decididamente, pero decimos que estaba bien escondido. Ese centro de vida animal está disimulado en el inmenso volumen de la vida vegetal. El nido es un ramillete de hojas que canta. Participa de la paz vegetal. Es un punto en el ambiente de dicha de los grandes árboles.


Fragmentos del libro" La poética del espacio" de Gastón Bachelard, dedicados al nido como imagen y lugar de ensueño poético.




Silentium. Arvo Part



sábado, 6 de junio de 2015

Educación creadora: entrevista a Arno Stern

El adulto tiene el poder para destruir el juego espontáneo del niño. Y abusa de él, voluntaria o inconscientemente, con la idea de hacerlo por su propio bien. Y en cambio le causa un perjuicio, la mayoría de las veces irreparable.” Arno Stern





"Es una costumbre preguntar al niño: cuéntame tu dibujo, o qué has querido representar o qué has querido hacer aquí. ¿Es un árbol o una flor? Y la excusa de los adultos es demostrar interés por lo que hacen los niños. Esa es una razón hipócrita. La verdadera razón es que el adulto se cree superior al niño".  Arno Stern





El autor de la teoría de la Formulación visitó en Marzo de 2013  La Casa Encendida para desarrollar algunos de los puntos más importantes de sus investigaciones en materia artística, educativa y antropológica. 




La historia de Arno Stern comienza al final de la Segunda Guerra Mundial cuando, con veinte años, le ponen al cuidado de un grupo de niños, huérfanos de guerra, en un orfanato suízo. Afortunadamente, debido,a su inexperiencia y a su falta de formación sobre educación infantil, se le ocurre ponerlos a dibujar de forma libre para mantenerlos entretenidos, resultando tal actividad con un éxito inesperado, que le anima a continuar con la experiencia abriendo un taller de pintura en París.

Los descubrimientos iniciales que Arno va haciendo en torno al dibujo infantil y los niños, le llevan a iniciar un periplo por todo el planeta, en busca de tribus no hayan tenido todavía contacto con la civilización occidental. Arno está buscando, con estas investigaciones, la confirmación de lo que él ha creído descubrir con sus experiencias iniciales en el orfanato suízo y en su taller de París, y que dará lugar a lo que él ha llamado la Formulación.

La idea que está detrás de la Formulación es que todos los seres humanos tenemos una “memoria orgánica” que es universal y que se expresa a través del dibujo libre y espontaneo. La constatación vino dada por la comprobación realizada por Arno en estos viajes por todo el mundo, de que niños y adultos realizaban las mismas figuras y dibujos en todas partes.

 

Arno Stern. Del dibujo Infantil a la Semilogía de la Expresión.