jueves, 24 de junio de 2010

El cuerpo y la muerte en Alejandra Pizarnik- Javier Gil Martín




Como bien señaló su amiga Marta Isabel Moia en una entrevista, en la poesía de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972) hay una serie de palabras recurrentes, ella las llama signos y emblemas, sobre las que la poeta volvía obsesivamente como noche, errancia o jardín, pero dentro de éstas hay dos que no señaló y que la propia Pizarnik le recuerda en la entrevista. Ambas son claves para acercarse a la forma de entender el hecho poético de la autora argentina; cuerpo y muerte: “Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos”.

Y es que esa búsqueda del cuerpo del poema, esa escritura del cuerpo como la de su amigo Severo Sarduy, recorre toda su obra: “Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir”, escribió Alejandra Pizarnik en “El deseo de la palabra”, un poema perteneciente a su último libro, El infierno musical. Y su obra y su vida son un ejemplo de esa voluntad de romper la distancia entre la vida y la poesía que la acerca a otros grandes poetas muy admirados por ella: “...el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el precoz silencio de Rimbaud, o la vida y obra de Artaud... Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado —o querido anular—, la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida”, dice en un artículo dedicado a su admirado Antonin Artaud. Y en una anotación de su diario de 1962 escribe: “Deseos de escriturarme, de hacer letra impresa de mi vida. Instantes en que tengo tantas ganas de escribir que me vuelvo impotente. Digo escribir por no decir cantar o bailar, si se pudieran hacer estas dos cosas por escrito. El lenguaje me desespera en lo que tiene de abstracto.”.

La tentativa de hacer el cuerpo del poema con mi cuerpo llega a verse reflejada incluso a la hora de componer el poema: “...lo hago de una manera que recuerda, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo; cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo es como un llamado ritual”. En este texto también se trasluce otra de sus grandes pasiones; la pintura.



La chanca de Carlos Pérez Siquier

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Dada la obsesión de la argentina con la mortalidad, y entendiendo así la poesía, la muerte, necesariamente ha de ser una presencia casi corpórea. Dice la muerte hablando con la niña sobre la reina loca en el cuento A tiempo y no, donde la muerte es un personaje más: “No le hagas caso —dijo la muerte—, está loca. ¿Y cómo no va a estarlo si es la reina loca? —dijo la niña. Siempre divaga sobre lo que no tuvo. Lo que no tuvo la atragantaba como un hueso —dijo la muerte.”. Podríamos pensar además que la reina loca es un trasunto de la propia Alejandra (como la pequeña muerta, la enamorada del viento, la pequeña viajera, la ausente, la silenciosa en el desierto...).

Una obsesión con la muerte vinculada a un anhelo de infinitud insaciable que reaparece obsesivamente en sus diarios: “No hay duda. Estamos heridos. El signo de la carencia. Soy —somos— carencia.”, y que se manifiesta también en una búsqueda continua (o espera) de un amor imposible que ella misma sabe irrealizable: “Pero lo principal, el núcleo de mi proyecto, es así: esperar con esperanza algunos años en los que nada importará salvo ese encuentro desde ya declarado imposible”.

Si bien es verdad que es fácil caer en la tentación de asociar las muchas muertes de los libros de la poeta con su muerte real (Alejandra Pizarnik murió en Buenos Aires en 1972 a causa de una sobredosis de barbitúricos), no debemos olvidar que, como dice Frank Graziano, sólo nombra la muerte que sufrió Pizarnik como autora, como personaje de su propia ficción, cualesquiera que fuesen las intenciones específicas de Pizarnik como persona. El problema son quizá sus diarios, donde la muerte es nombrada infinidad de veces y el componente biográfico es incuestionablemente mayor.


Artículo y selección de poemas de Javier Gil Martín para la revista Adiós

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La petite fille aux feuilles mortes, Edouard Boubat, 1947

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SILENCIOS

La muerte siempre al lado.
Escucho su decir.
Sólo me oigo.

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Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Los trabajos y las noches (Sudamericana, Buenos Aires, 1965)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)

VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA

Esta lila se deshoja.
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.

Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Extracción de la piedra de la locura (Sudamericana, Buenos Aires, 1968)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)
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INFANCIA

Hora en que la yerba crece
en la memoria del caballo.
El viento pronuncia discursos ingenuos
en honor de las lilas,
y alguien entra en la muerte
con los ojos abiertos
como Alicia en el país de lo ya visto.


Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De Los trabajos y las noches (Sudamericana, Buenos Aires, 1965)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)


la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

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Alejandra Pizanik (Buenos Aires, 1936)
De El árbol de Diana (Sur, Buenos Aires, 1962)
En Poesía completa (Lumen, Barcelona, 2000)


sábado, 5 de junio de 2010

Tres poemas de Alejandra Pizarnik

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La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.



Cold in hand blues

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo



Dibujo de Alejandra


COMO YO LA QUERÍA
Morir como muere un animal pequeño
en los cuentos para niños.

Eso tan terrible.
Lleno de hermosura.

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Alejandra Pizarnik

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