miércoles, 27 de agosto de 2008

Solo eso



Una manos en la tarde recibiendo la lluvia.

Qué más da si mano de hombre, mujer, niño o muerto:
el mismo gesto ancestral de recibir el agua de lo alto.

Quizá seamos solo eso:
cuenco sin fondo para un agua indigente
que sueña su barro,
mano tendida en la intemperie.



Laura Giordani

domingo, 24 de agosto de 2008

Anillos de Ceniza- un poema de Alejandra Pizarnik



A Cristina Campo


Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.


Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Antonio Martínez i Ferrer, el haiku y la seguidilla

Suspension-Robert ParkeHarrison



Por José Gares Crespo



Antonio Martínez es un poeta de poemas breves, y tiene en su haber decenas de poemarios. Obviamente nada desmerece un poema breve respecto de uno largo, ni viceversa. Se trata, no de que tenga poco que decir, sino que, en este caso, todo lo contrario. Y claro, muchas cosas podemos administrar, menos el tiempo. Sin duda la más valiosa de nuestras pertenencias, cuantificada a nuestro pesar y sin ninguna posibilidad de alargar o guardar.


Quizá por eso, Martinez intenta ganarle la batalla al tiempo condensando los mensajes, sus ideas, en poemas cortos, buscando el impacto con imágenes fuertes, instantáneas, deslumbrantes y fugaces como chispas y un poco despiadadamente quizá, invita al lector a realizar un esfuerzo extra para entrar al complejo y rico mundo en el que vive y desde el que escribe. Alguna nota de ironía es el único respiro que nos concede. Pero compensa con creces hacer el esfuerzo intelectual y emocional para entrar en su mundo. Es como cuando se escala, con esfuerzo, la cima de una montaña y contemplamos los múltiples paisajes que se divisan hasta el horizonte.


Leyendo algunos de sus poemas, me vienen a la memoria, poemas breves de Borges, Benedetti, Octavio Paz y tantos otros, y aterricé releyendo algunas antologías de Haikus hasta llegar al maestro de esta modalidad poemática, Matsuo Basho y de rondón terminé releyendo algunas seguidillas populares y cultas de los maestros castellanos del renacimiento y del barroco, aterrizando en cancioneros de los mejores cantaores del XX.

Supongo que será pura coincidencia temporal que ambas formas poéticas nacieran casi al unísono, el haiku en el Japón del XVI/XVII y la seguidilla en la España del XVI. En cualquier caso, sin ser exactamente ninguna de las dos, los poemas de Martínez tienen alguna conexión. La brevedad solo sería una similitud formal, ya que en muchos casos van más allá de los 3 versos del haiku o los 4 de la seguidilla y supongo que es casual la coincidencia silábica o fonemática. De hecho Martínez, en muchos casos, suma en un mismo poema, diversas estrofas que aunque tienen vida propia cada una por separado, tienen un tema denominador del conjunto que le da coherencia, quizá por huir del estrecho corsé de las formas comentadas.


El clima que consigue con sus poemas con casi esqueletos de imágenes buscando el impacto, verbos de acción rápida, la casi nula utilización del adjetivo o epíteto que dejan la idea madre desnuda, sin apenas ornamentación, sitúan el poema en una atmósfera densa y semiaforística. Particularmente cuando escribe sobre temas sociales y muestra la rabia contenida frente a injusticias y situaciones hirientes, huyendo así de la soflama en la que tantos poetas suelen caer.


Únicamente cuando se adentra en tocar las fibras más íntimas, donde se confunde el sujeto y el objeto, aunque mantiene el estilo de brevedad, se le escapa la emoción personal y deja entrever a la persona tal cual, dándonos opción así a conocer los aspectos diferenciadores de su personalidad, aquellos por los que un día, sabrán diferenciar sus versos frente a la multitud de poetas que pasan y decaen al unísono que el hecho denunciado. Sin más valor que el de la opinión personal, el poeta íntimo es el poeta que más me gusta .


En cualquier caso, Martínez es un poeta que merece atención porque es una delicia entrar en su mundo, aunque en algunos casos hay que acceder a través de senderos. No hay autopistas para entrar.



He aquí algunos ejemplos de lo dicho.

-I-

Hoy,
ha huido el árbol de la rodilla,
¡se ha escapado
en silencio!
Me grita con la mirada
y cojeando vértigo
voy a su encuentro, derrotado.



-II-

Es seguro
que no necesitaré
al amigo,
que me ha negado, cuanto menos,
cien veces.



-III-

¿Qué aspecto tendré
pasando cojo,
entre golpes,
al último encuentro?



-IV-

Sabio, el grito de la impaciencia
navegando en el pantano
donde duermen
las dunas.



-V-

Raíces con luces de abismo,
no me sirven
para contar los muertos.

Artículo extraído del blog de José Gares Crespo:


sábado, 2 de agosto de 2008

Dos poemas de Arnaldo Calveyra





La infancia es el solo país, como una lluvia primera/ de la que nunca,
enteramente, nos secamos.
Juan José Saer

Cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora.
Arnaldo Calveyra


Caminaba el hombre

Caminaba el hombre
llevado por su estrella,
no diferente al yuyo
que al agacharse
toca con la mano

hombre
atendido por su estrella,
forma dulce de tierra
por cuestas de retama

de loma en loma
hablado por los pájaros

herido por cinco pies de
tierra

como las nubes errantes
busca arroyos
donde aliviarse,
reflejarse

y la vara de nardo
de la luz
que lo conversa

brillante de verde
de hondonada

olías a
lentamente tierra,
la tierra curva
de Entre Ríos

llegada de su noche
una lumbre siempre pronta
que lo entibia

el hombre, el doble de su estrella
atraído por su sol

¿dónde los cinco pies
de tierra
que lo exaltan
en la voz de la calandria?

creencia dulce de senderos

Sauces del Paraná


Instantes de un castillo de arena

Lo teníamos con una mano. Sin caer superficie apagada por las
orillas tornasoleadas de la lengua. Por hablarnos casi, murallita
entretenida en el sol demasiado. Te abriré una puerta, una ventana,
una bajamar de aldea.

El mar, la carretera nacional. Ni parada ni tiesa. A tocar con
estos ojos.

En vano unos niños se lo han pedido al mar. Entra, se instala.
Napoleón paralítico que destroza. Canta. La sal, el torreón, la
bandera.

Escúchalo.
Nosotros.

Una niñita basta, consigue atravesarlo, encuentra las cocinas.

Cantamos una marsellesa en el desastre. No lo para. Se cae en
pedazos el puente levadizo.

Difícil tiempo.

Encuentro aquel esqueleto del sol extraviado en los años.

No, no volveremos.

El agua vertical de la ola color viento. Lejos, ¿por qué no todo
el mar?

Una escoba siete mares, el mar.

La bandera era lo que más queríamos, lo que más nos gustaba,
la bandera incolor en la luz.


Mañana por la mañana



Arnaldo Calveyra




Arnaldo Calveyra ilumina con esa serenidad que transmite a sus interlocutores. Su humildad y sencillez, en medio de la competencia de egos en la literatura argentina, resultan sorprendentes y apabullantes. Algo de la estampa de este hombre alto y desgarbado, de ojos celestes claros y con los cabellos enmarañados y blanqueados por cincuenta años de oficio poético, lo asemeja a un monje de hablar susurrante que no quiere romper el silencio que reina en su abadía.


“Escribí mucha hojarasca al comienzo, es muy difícil, es como luchar contra los molinos de viento”, dice el poeta y narrador Arnaldo Calveyra, que desde 1960 reside en París, ciudad a la que viajó para escribir su tesis sobre los trovadores provenzales y en la que se fue quedando a su manera, porque el “acá” de su poesía está configurado por su lengua natal, la que adquirió en la provincia de Entre Ríos, espacio geográfico que opera como fuente de inspiración para su escritura.


-Su parquedad ante el uso de los adjetivos se asemeja a una frase de Huidobro: “El adjetivo cuando no da vida mata”.


Mejor dicho imposible. Desconfío de los adjetivos porque envejecen rápido; el problema esencial de la poesía es el adjetivo, no el sustantivo. Qué bueno eso de Huidobro, lo voy a anotar (escribe la frase en su libreta). Y lo ha dicho poéticamente. Esa desconfianza fue surgiendo con la madurez. Al comienzo no fui tan clarividente, estaba muy lejos de eso, basta con ver los malos poemas que he conservado sólo porque hay indicaciones de Mastronardi.


Para leer la entrevista completa al poeta:


http://www.avizora.com/publicaciones/reportajes_y_entrevistas/textos_0002/0042_arnaldo_calveyra.htm



Arnaldo Calveyra nació en Mansilla, Entre Ríos, Argentina, en 1929.
Poeta, dramaturgo, novelista y licenciado en Letras en la Universidad de La Plata, reside en Paris desde 1961.
En 1956 publica poemas en Sur ; durante 1959, luego de su primera estancia en París se publica El diputado está triste, ópera prima en teatro (Ed. Leonardo) y su primer libro de poemas Cartas para que la alegría (Cooperativa impresora y Distribuidora). En 1969 Gallimard publica la obra de teatro Moctezuma. Durante 1971 viaja a Inglaterra y estudia Shakespeare junto a Peter Brook. Durante 1989 Actes Sud traduce y publica su novela La Cama de Aurelia, editada en castellano por Plaza y Janés de Barcelona. El hombre de Luxemburgo inaugura la colección de poesía de Editorial Tusquets Nuevos textos sagrados (Barcelona).
En Argentina publica Cartas para que la alegría (1988) e Iguana iguana en Libros de Tierra Firme; Morse (Mate, 1999); Libro de las mariposas (Alción, 2001); Diario del fumigador de guardia (Vox, 2002); El origen de la Luz (Sudamericana, 2004) y Poemas (Eloisa Cartonera, 2004). La Editorial Adriana Hidalgo publicará en breve Maizal del gregoriano (publicado en Actes Sud en 2003).Su ensayo Si la Argentina fuera una novela fue publicado por editorial Simurg en el año 2000.